¿DÓNDE ESTA EL URIBE ARGENTINO?

 

Por : Edgardo Arrivillaga


Probablemente pronto tendremos que aceptar lo obvio, adoptar el rifle sanitario para los violadores y establecer gradualmente la pena de muerte para los delitos de secuestros, violación y asesinato o desaparición. La muerte del sicótico Lencinas, en un episodio confuso, anuncia no solo la defección del Estado en beneficio de la impune privatización del delito sino algo mas grave, un sentimiento popular que comenzara a reclamar el resurgimiento de los maverick, de la triple A y finalmente, de los someros escuadrones de la muerte.


Probablemente tengamos que aceptar que matar es legitimo cuando se puede morir y que la vida humana no es solo un sistema respiratorio, glandular y consumidor de entropías generado por una simple conjunción de materias rodeado del bálsamo justificatorio de los Derechos Humanos.


El ser humano es más complejo y la gente como Lencinas, un asesino pensionado por el estado o los secuestradores homicidas no tienen mucho que hacer entre nosotros. Se trata simplemente de matar o morir.


Sabemos que este no es el criterio del presidente frívolo ni de su manipulador jefe de gabinete, dos muchachitos que se divierten en el juego de abalorios de aprobar o desautorizar simultáneamente a la cumbia villera.


El problema es que ellos no mueren -al menos por ahora -y la gente, la simple gente sigue su travesía del desierto mientras ellos hacen exactamente lo contrario de la mujer de LOT. Jamás mirar hacia atrás, jamás una autocrítica
- simplemente dejar al país consumiéndose en una tranquila anarquía pasiva.


Entre tanto, el canibalismo partidocratico
- ahora nos enteramos que se reduciría a una fotocopia de la Hora del pueblo pero sin Perón y sin Balbín-esta arrasando con los restos de Estado que con dificultad perduran.


Los personajes de Truman Capote en A Sangre Fría son buenos para ser leídos pero no para que vivan entre nosotros.

 

Sí, decididamente la pena de muerte es una opción que para ciertos delitos debe ser contemplada con cierta razonable determinación. Además, la convocatoria a la muerte planificada, estado mediante, nos ahorraría las autoconvocatorias a las inevitables masacres populares y de motines que con la sequedad de un redoble de tambores comenzaran a sucederse en las provincias y poblados, exigiendo justicia por mano propia.


La Argentina necesita la asepsia rigurosa antes de que un gran nuevo desacuerdo nacional nos precipite en el Leviatán anárquico.


Esperemos que la Presidencia lo advierta a tiempo.


Porque ya el hombre salvaje del cuchillo entre los dientes habita entre nosotros y Blumberg, hombre de cincelada ley religiosa, opera desde el raciocinio de la normalidad y los políticos argentinos, irónicamente autotitulados como clase - todavía - no logran conformar el identikit del indispensable Uribe colombiano.


Claro, no hay bajas aún entre sus filas.


Son mas o menos mediáticos, rotundamente ficcionales.
 

 

Háganos llegar su opinión sobre este artículo

Si utiliza nuestro material, por favor cite la fuente 

© Copyright 2000-2005 Harrymagazine (www.harrymagazine.com)

Mantenimiento: C & E asociados (www.ceasociados.com)     

 Portada