MASACRE DE BESLAN
LA LARGA PARTIDA DE AJEDREZ DE VLADIMIR PUTIN

 

Escribe Sergio Cerón.
Septiembre de 2004



Antiguas confrontaciones históricas y la lucha por las fuentes de energía alertan sobre un nuevo peligro para la paz. El Cáucaso convertido en un foco de conflictos de ominosas proyecciones. Putin se muestra como un heredero de la geopolítica rusa de Ivan el Terrible y Pedro el Grande y del nacionalismo eslavófilo: no aceptará presión alguna sobre el “vientre blando” de Rusia. Osetios, armenios e iraníes en busca de una alianza contra la presencia de turcomanos y petroleras internacionales. El papel de las armas nucleares como elemento de disuasión. Europa y China observan para decidir su posición en el tablero estratégico. ¿Quién mueve los hilos de terrorismo atribuido al Islam?

El lunes 13 de setiembre el presidente ruso Vladimir Putin anunció una profunda reforma política destinada a reforzar su autoridad y a concentrar en el Kremlin un poder equiparable al que existía durante la era soviética. Uno de los puntos focales era la creación de una poderosa agencia de acción antiterrorista. Las afirmaciones de Putin merecen una especial consideración:


- "Los autores intelectuales y los que ejecutan ataques terroristas tienen como objetivo la desintegración del Estado y la división de Rusia”
 - “Necesitamos un organismo central capaz no sólo de enfrentar ataques terroristas, sino también de impedirlos, destruir a los criminales en sus escondites, y si fuese necesario, en el extranjero”

Estas declaraciones se formularon después de una dramática serie de atentados atribuidos al terrorismo chechenio, el peor de los cuales fue la inicua masacre de niños y adultos en una escuela de Osetia del Norte.

Analistas internacionales de los Estados Unidos y de Europa dedujeron que Putin tiene la percepción de que su país es objeto de ataques insertos en una estrategia destinada a presionar sobre su flanco sur para enfrentarlo con las ex repúblicas islámicas soviéticas, algunas de las cuales flotan virtualmente en un mar de petróleo. Más aún, creen advertir que son sus protagonistas perceptibles algunos gobiernos del Cáucaso, en particular el de Georgia, vinculado de modo estrecho con los intereses de los Estados Unidos, con la participación de elementos encubiertos que operan tras bastidores en esas regiones.
Contribuye a esa apreciación la política editorial de la prensa occidental afecta a la política de globalización, que insiste en que Rusia debe respetar la autodeterminación de los pueblos y retirar sus tropas de la región. La misma prensa que justifica la presencia de efectivos de los Estados Unidos y de las naciones coaligadas a Washington en Afganistán e Irak.

Históricamente el Cáucaso ha sido el “vientre blando” del poder ruso. Encerrada entre las naciones de Europa Occidental, la frontera con la India y China hacia el Oriente y los hielos del Norte, Moscú siempre tuvo como meta obsesiva de su geopolítica alcanzar el acceso a los mares cálidos por su línea austral. A la importancia de quebrar la paranoia del aislamiento, se unió a partir del siglo pasado la existencia de enormes yacimientos de petróleo y gas, palanca de poder político y económico a la que evidentemente no habrá de renunciar.

NO RETORCER LA COLA AL TIGRE

El botín es ambicioso, pero las palabras de Putin al alertar sobre la entidad del ataque geopolítico que denuncia sin hacer el “identikit” de sus responsables, parecen sugerir que es un juego cargado de riesgo retorcer la cola de un tigre nuclear. Rusia, a pesar del desmantelamiento sufrido por la URSS a partir de la era Gorbachov, es el único país con capacidad para esgrimir el terrorífico espectro del exterminio atómico ante la superpotencia americana.

La historia moderna de Rusia se remonta al zar Pedro el Grande, artífice de San Petersburgo como capital asomada al mar y de la primera gran flota con que contó el país. Para lo cual Pedro se trasladó a Holanda para hacer el aprendizaje de carpintero naval, como ejemplo de su voluntad de abrirse paso a los mares del planeta.
En el contexto de su estrategia marchó contra los turcos para conquistar la orilla norte del Mar Negro y colonizar esa zona con sus súbditos eslavos.
Alejandro I fue el factor principal de la caída del imperio napoleónico en 1812 y José Stalin apeló al sentimiento patriótico del pueblo, más que a la ideología marxista, para destruir a los ejércitos alemanes de Adolfo Hitler.

Nadie duda de que Vladimir Putin apelará a las mismas armas para asegurarse el respaldo de sus gobernados contra toda intromisión foránea.

Se ha expresado con cautela, pero no se duda de que está formulando una advertencia que apunta a la política expansiva del Imperio Anglosajón y sus aliados en el Medio Oriente. Sería un error malentenderlo o subestimarlo. Por otra parte, el presidente de la Federación Rusa no es un fenómeno aislado, fruto de una voluntad individual o de un particular carisma; representa el renacimiento del nacionalismo eslavófilo, heredero de la mística de los intelectuales que a fines del siglo XIX y principios del XX, sostenían que la Santa Madre Rusia tenía una misión providencial que cumplir en el orden universal. La condensaban en la convicción de que el destino de Moscú era convertirse en heredera de Bizancio y en la nueva y, acaso, definitiva, Roma. Múltiples factores convergen en este enigmático, cerebral y frío político surgido desde los restos de la KGB: el complejo militar industrial, donde se ha desarrollado el más alto nivel tecnológico ruso, la Iglesia Ortodoxa, surcada por una fuerte vena fundamentalista, la intelectualidad que reivindica el papel de su país en el mundo y la naciente oligarquía industrial y financiera que apoya el rescate de los bienes cedidos graciosamente a los especuladores occidentales por Gorbachov y sus sucesores. En resumen, un hombre de cuidado que no es un producto puntual: forma parte de un equipo que está consolidando bases de poder y en el que, seguramente, existen los reemplazos necesarios ante cualquier eventualidad.

UNA NUEVA GUERRA FRIA

Bordando con hilos finos, se puede dibujar un bosquejo de confrontación en ciernes que puede llevar a la humanidad a una nueva Guerra Fría o, si se prefiere, a una cuarta contienda mundial si consideramos como tercera a la protagonizada por los Estados Unidos y la Unión Soviética desde l945 a l989, cuando se desplomó el muro de Berlín.
Y como entonces, ante la amenaza de la mutua destrucción, ambas partes apelarán a la utilización de terceros para dirimir sus pleitos.

En Europa el afianzamiento de los vínculos de España con Francia y Alemania, países que encabezaron la oposición al ataque de Estados Unidos a Irak, consolida el proyecto de crear en el Viejo Continente una alternativa a la coalición anglosajona. José Luis Rodríguez Zapatero alegó el lunes 13 de septiembre haber “regresado al corazón de Europa”, en manifiesta oposición a la política del Partido Popular y hasta se permitió una ironía: “Si tuviera que describir en pocas palabras el ambiente de este encuentro diría que la vieja Europa está como nueva”. Fue una suerte de réplica al exabrupto de Donald Rumsfeld, secretario de Defensa norteamericano, que había despectivamente tildado a los países opuestos a la intervención militar en Medio Oriente como la “Vieja Europa”. Sus declaraciones cayeron como una melodía en los oídos de sus colegas Jacques Chirac y Gerhard Schröder, quienes se sienten reforzados en su decisión de requerir un protagonismo propio para la Unión Europea. Se planteó “la posibilidad de una plena participación de España en las fuerzas franco-alemanas”, para reforzar la capacidad europea de respuesta en las crisis internacionales. La semana anterior el político español había exhortado a los países que tienen soldados en Irak a retirar sus efectivos para reducir la violencia. Chirac, a su vez, manifestó en el encuentro, al referirse a Irak, que “allí se abrió una caja de Pandora que ahora somos incapaces de cerrar”.

¿Hasta cuando Italia, con una opinión pública manifiestamente en contra de la intervención en aquel país mantendrá allí sus efectivos, lejos al parecer de ejercer el protagonismo de una misión de paz?

Europa ha sido excluida por los anglosajones del negocio petrolero en el Medio Oriente, por lo que no es de extrañar que a la UE le resulte imprescindible establecer bases de acuerdo y acaso de alianza con Rusia. Esta nación es líder mundial en la producción de gas; la empresa Gazprom, cuyo presidente ejecutivo Alexei Miller es aliado cercano de Putin, provee a sus vecinos occidentales el 25% del gas que reciben y despliega proyectos para desarrollar nuevos gasoductos para exportarlo a todo el mundo. Este gigante del gas controla la quinta parte de las reservas mundiales y bombea el 16% de la producción mundial.

En los planes de Putin figura fusionar la empresa estatal OAO Rosnet con Gaazprom, mantener su control mayoritario por el Estado y abrir la participación minoritaria a inversores foráneos. Se estima que la nueva empresa tendría reservas de crudo y gas equivalente a 117.000 millones de barriles, cifra que hace palidecer los 21.600 millones de barriles que posee Exxon Mobil Corporation. En una palabra, Rusia cuenta con armar una gran compañía integrada verticalmente que sea líder del mercado de energía mundial.

Es razonable pensar que una Europa hambrienta de energía tiene un muy especial interés en participar de este enorme negocio, con connotaciones geopolíticas y geoeconómicas. Del éxito o del fracaso de este eventual acuerdo depende en gran medida el futuro del Viejo Continente como centro de poder independiente del exclusivo protagonismo del imperio globalizador con rostro visible en Estados Unidos y Gran Bretaña.

EL VIEJO SIR ALFORD MACKINDER


Al contemplar esta aproximación al cuadro estratégico mundial es imprescindible regresar el eterno Alford Mackinder, quien al filo del siglo XX diseñó un marco geopolítico que revigoriza su potencialidad: el de la permanente confrontación entre los “pueblos marítimos” (Estados Unidos, Gran Bretaña, Japón, Oceanía, entre otros) y los pueblos del “corazón de la Tierra” (Eurasia). De su resultado dependerá el dominio del poder mundial.

Si nos atenemos a ese esquema, sería casi fatal que Europa continental busque una alianza con Rusia y con la superpotencia emergente, China, tan dependiente como aquella de las fuentes de energía.

Una de las metas imprescindibles de alcanzar por el eje anglosajón, para mantener su actual posición de predominio, es controlar las vías de transporte de esa energía. De aquí surge una explicación a la presencia de la coalición que depuso a Sadam Hussein y a los talibanes afganos en el Medio Oriente y las sospechas de que en cualquier momento Irán, denunciado como integrante del “Eje del Mal” en el discurso de George W. Bush, puede sufrir la misma suerte.

El control de los yacimientos y las vías de transporte marítimo de hidrocarburos no sólo es necesario para mantener el nivel de poder alcanzado por Estados Unidos y sus aliados directos, sino para trabar el desarrollo de las potencias que apuntan, cuanto menos, a establecer un equilibrio de poder, en primer término China, cuyos intereses marchan por conductos paralelos con los de Rusia y, de alguna manera, se aproximan en este campo, a los de la Unión Europea. A ninguno de estos protagonistas del ajedrez mundial les resulta cómodo estar expuesto a un jaque, en pocas jugadas, de los factores de poder que se mueven tras la fachada de Washington. De ahí la perceptible coincidencia en frenar la política desplegada por George W. Bush en Medio Oriente.

Mientras Rodríguez Zapatero clama por el retiro de las fuerzas europeas que acompañan con su presencia no beligerante la ocupación anglosajona de Irak y Afganistán, los analistas perciben que la estrategia de enfrentamiento de la ocupación supera los recursos limitados por la derrota inicial de los partidarios de Hussein y de los talibanes. Tácticas, armas y adiestramiento hacen entrever que existe una corriente de alimentación que trasciende las fronteras de ambos países. Y que incluso va más allá de la inasible Al-Qaeda y su rostro virtual, el espectral Osama Bin Laden.
Por lo pronto sería razonable presumir que por la volátil frontera las milicias chiitas sean armadas por Teherán, como curso de acción destinado a aferrar a las tropas anglonorteamericanas en Irak y frenar eventuales intenciones de extender su guerra con el “Eje del Mal” a Irán a Siria. Y más aún, que Rusia y China se muestren propensos a colaborar con disimulado entusiasmo a tal fin.

PETROLEO Y VIEJAS GUERRAS ÉTNICAS

Hace pocos días circuló por Europa un análisis político e histórico sobre el drama de Beslan, bajo la denominación de origen de “Synergies Européennes – Comuniqué O5”


Su procedencia puede atribuirse a una usina de pensamiento vinculada con grupos de la vieja derecha continental o con algunos servicios de inteligencia. Lo importante, sin embargo, es que esgrime argumentos en gran parte valederos; el tiempo permitirá tal vez separa la paja del trigo.
Se sostiene en el documento algunos argumentos de interés:

- La tragedia de Beslan forma parte de una estrategia destinada a deteriorar el poder ruso en sus fronteras australes urdida por Estados Unidos, Turquía y Arabia Saudita, con el apoyo de gran parte de la prensa occidental.
- Se adjudica una particular responsabilidad al diario “Le Soir”, acusado de ser el apoyo incondicional en Bruselas del terrorismo chechenio.
- Se denuncia la “cobardía” del gobierno de Georgia, que oprime al pueblo de Osetia del Sur que aspira a integrar una república de la Federación Rusa con Osetia del Norte, la antigua Alania, que goza de un estatuto de autonomía.
- El gobierno georgiano pretendería ofrecer a los Estados Unidos una importante base militar en el Cáucaso, que contribuiría a cercar a Rusia y apoyar viejas reivindicaciones turcas sobre la región.
- Los osetios, antiguos alanos, pertenecen a una etnia indoeuropea (aria), condición que comparten con los iraníes. Han vivido, al igual que los armenios, en permanente confrontación con sus vecinos turcomanos, vanguardia de la expansión histórica musulmana. De ahí que hayan preferido buscar un sistema de convivencia con los rusos y establecer una alianza con los europeos en la región caucásica y transcaucásica a la que se inclina también el Irán. El régimen de Teherán siente sobre su nuca el soplo de la política anglosajona, ávida de ejercer el control estratégico en la región y acumular nuevas fuentes de energía.
- Según ese informe Francia, Alemania, Rusia y Bélgica, a las que acaba de unirse el gobierno socialista español en su rechazo de la presencia occidental en Irak, han sido excluidas explícitamente de cualquier género de ingerencia en este país.
- Llama la atención, además, sobre el hecho de que la serie de atentados chechenios que culminaron en la tragedia de Breslan, se produjo inmediatamente después de las maniobras ruso-armenias, en la región de Armavir, a lo largo de la frontera turca, en la que llamó la atención la presencia de militares griegos.
- El presidente armenio, Robert Kotcharian, expresó su total solidaridad con Osetia y con Rusia, en términos claros y desprovistos de toda ambigüedad. Su país sostiene un conflicto con Azerbaijan para obtener acceso a la región del Alto Karabaj que sus tropas liberaron después de un sangriento enfrentamiento, sin lograr establecer vías de comunicación permanente con Armenia.

El informe de este sector europeo afirma que el objetivo de la coalición “mundialista” encabezada por Washington es crear un espacio pan-caucasiano neutralizado, bajo predominio musulmán, como parte de un proyecto de Gran Medio Oriente que se corporizará en la medida en que sea eliminado Irán, actualmente encerrado entre las bases norteamericanas situadas en Afganistán e Irak. Con lo cual se lograría una de las metas propuestas por Sir Halford Mackinder, cuando expuso su teoría de que las llamadas “naciones marítimas” no pueden permitir la construcción de un poder antagónico en Europa y Asia, zona a la que calificó como el “Corazón de la Tierra”.


Para lo cual es necesario crear las condiciones para marginar a las naciones de la Unión Europea y a Rusia.

Logrado este propósito, se obtendría uno de los objetivos prioritarios de la estrategia anglosajona: atemperar la vertiginosa marcha de China como próxima superpotencia mundial, al yugular las fuentes de alimentación de energía que reclama con ansiedad el coloso oriental.

Como todo juego geopolítico, asimilable al ajedrez, se requiere de dos inteligencias en pugna. Es ingenuo creer que uno solo de los contendientes esté en disposición de mover todas las piezas a su arbitrio.

Mientras el núcleo europeo encabezado por Alemania y Francia se ha opuesto al llamado de George W. Bush a la cruzada contra el “Mal Absoluto”, categoría que en principio unía al terrorismo del integrismo islámico con Irak, Irán, Siria y Libia, Vladimir Putin reconstruye empeñosamente el poder eslavo diluido con la debacle de la Unión Soviética. La privatización propiciada por Gorbachov y Yelstin de las empresas estatales, colocó bajo control de especuladores aventureros a gran parte de la industria del gas y del petróleo ruso, asentada en las ex repúblicas caucasianas. A partir de la cual Moscú obtiene grandes recursos financieros con la exportación de gas y petróleo, fuente esencial para el desarrollo económico de Europa.

PUTIN NO OLV IDA AFGANISTAN

El control de la empresa Yukos, adquirida por 200 millones de dólares por Mikhail Khodorkovsky, a pesar de que su valor real es estimado por 14.000 millones de esa moneda, amenazaba la soberanía rusa en ese campo al pretender transferir a petroleras internacionales gran parte de las reservas de gas y petróleo. Este empresario se encuentra sometido a proceso, luego de ser detenido cuando intentaba huir por Vladivostk. Putin, con el apoyo de las fuerzas armadas y de sectores políticos nacionalistas, despliega su propia línea estratégica. El ex dirigente de la KGB no desconoce seguramente, el pensamiento de Mackinder, ni las directrices de la estrategia anglosajona. De un solo golpe Putin consolidó la seguridad nacional, envió un claro mensaje a varias repúblicas confederadas a Rusia y, lo más importante, bloqueó los esfuerzos de las multinacionales anglosajonas de obtener petróleo y gas baratos en su esfera de influencia.

Aunque no formalizado públicamente, se percibe la existencia de un entendimiento, fruto de mutuas necesidades políticas y económicas, entre Rusia y China, para poner un límite a la expansión anglosajona en Medio Oriente.

Así como analistas suspicaces adjudican a los intereses del grupo globalizador los ataques del terrorismo chechenio a Rusia, los estrategas occidentales, aunque no puedan expresarlo abiertamente, tienen la plena convicción de que la resistencia integrista que jaquea a los norteamericanos en Afganistán y en Irak, cuenta con fuentes de alimentación, más allá de Irán y de Siria. Sería entendible que Moscú y Pekín, ¿por qué no?, se muestren comprensivos ante los requerimientos de armamento de los grupos insurrectos. En todo caso, Putin le haría pagar a Washington el apoyo de Estados Unidos a los talibanes, que provocó la poco airosa retirada soviética de Afganistán.
Aumenta la percepción de los observadores de que ambos países se han convertido en un terreno pantanoso que torna más que incómoda la permanencia de las tropas de la coalición en ellos. Ronda allí el espectro de Viet Nam.

Es posible visualizar, entonces, dos sectores que se enfrentan por ahora sólo en el terreno de las hipótesis: 1) Estados Unidos, Gran Bretaña, Turquía, Arabia Saudita y, especialmente, Israel, 2) Rusia, China, Irán, Armenia, y Europa, ajena ésta a supuestas confrontaciones de tipo militar, pero sí con intereses económicos decisivos en juego.
Por el momento podría describirse la situación en el tormentoso escenario como un sistema de energía en estado inestable. Cualquier acontecimiento que escapara al control de la prudencia política correría el riesgo de convertirse en un factor catalítico de consecuencia ominosas.

Resulta sugestivo que desde hace tiempo desapareciera de la retórica oficial de la Casa Blanca las denuncias sobre la existencia de un eje del Mal Absoluto cuya lista integraban en un primer momento Irán, Siria, Libia y Corea del Norte. El astuto coronel Ghadafi, se apresuró a ofrecer la apertura de su territorio a los inspectores de la Organización Internacional de Energía Atómica y a pactar su convivencia con Washington. Ya no figura en la nómina de estados perversos. Tampoco se menciona con el primitivo ímpetu incriminatorio al despótico régimen de Corea del Norte; aparentemente desde el momento en que la prensa internacional dejó entrever la posibilidad de que contara con misiles capaces de caer sobre Japón e, incluso, de llegar a las ciudades de la costa Oeste norteamericana.
Con lo cual quedarían como eventuales objetivos de una eventual ofensiva de Bush y Blair solamente Irán y Siria.

EL PELIGRO DE DAR UN PASO EN FALSO

Hay razones de mucho peso para creer, salvo que se produjera un ataque de demencia política, que ese paso no será dado, al menos mientras no se introduzca una imprevista variable en la ecuación estratégica actual.

- En primer término la economía mundial no está en condiciones de soportar la crisis de la provisión de hidrocarburos que haría estallar un conflicto generalizado en el Medio Oriente. Europa, en particular vería estrangulada su capacidad industrial y caería en estado de parálisis económica.
- El aumento del ya elevado precio del barril de petróleo a niveles muy superiores
provocaría el probable colapso del sistema financiero norteamericano y mundial.
- Las tropas terrestres de la coalición anglosajona se verían aferradas a su complicado escenario bélico de Afganistán e Irak y perderían seguramente el tibio respaldo de los pocos países europeos que colaboran con reticencia en la tarea de poner un mínimo de orden en ambos estados. El ejemplo de España podría ser imitado en cadena.
- Siempre quedaría en pie el formidable poder tecnológico disponible en las flotas de guerra y los escuadrones aéreos de los Estados Unidos, munidos de misiles de medio alcance capaces de impactar en Teherán y Damasco, con cargas convencionales o nucleares de carácter táctico. Pero apelar a su uso sería un acto capaz de encender el polvorín de un mundo que transita por la cornisa del Apocalipsis atómico.
- Cualquier acción que escape al control de la sensatez es capaz de precipitar una cadena incontrolable de escaladas de violencia. Bastaría que Israel, ya no Estados Unidos, decidiera bombardear las supuestas instalaciones nucleares de Irán. De ser ciertas las versiones que circulan por los medios de inteligencia internacionales, existe el peligro cierto de que pocos minutos después, la central israelí de Dimona, fuente de su poderío nuclear, fuera borrada del mapa por un misil lanzado desde Irán o desde Siria, dotado de un poder de 200 kilotones, desde plataformas móviles supuestamente controladas por dotaciones rusas. O que, en cambio los blancos fueran Tel Aviv o Jerusalén.

Rusia conserva en sus arsenales, al menos 200 modernos misiles balísticos intercontinentales SS -19 con cargas nucleares del orden de megatones. Lo que aseguraría su capacidad para responder con fuerza devastadora a una agresión de ese orden de magnitudes. Pero como los estrategas se han planteado la hipótesis de apelar a una guerra restringida, al uso de armas atómicas tácticas, como una absurda esperanza de evitar la destrucción de la vida en el planeta, no ha descuidado la necesidad de contar con una respuesta a los misiles cruceros, de largo alcanza, a los Harpoon, en dotación en la marina norteamericana y en sus países aliados, incluyendo claro está a Israel.


Tal respuesta tiene nombres concretos. Desde mediados de la década de los 90, Moscú cuenta con el misil P 270 Moskit, bautizado en esferas occidentales como SS-N-22 “Sunburn”, capaz de ser lanzado desde un set de cuatro tubos montados en navíos de superficie o submarinos o también, desde aviones Sukhoi 27. Este proyectil acelera a velocidades de Match 2.2 (1.520 millas por hora), desplazándose a una velocidad de crucero indetectable de 20 metros. En 3 minutos llegaría desde las afueras de Damasco a cualquier punto de Israel.

La flota y la fuerza aérea de China han sido dotadas con los “Surburn”, con capacidad para destruir a cualquier de los enormes portaaviones norteamericanos. Esta formidable arma, está siendo reemplazada progresivamente por el SS-N-25 “Ónix”, aún más eficiente. Vuela a Mach 2.9 (2.l00 millas por hora) a una altura de 15 metros. Es tan grande la fuerza cinética en el punto de impacto en el blanco, que el “Onix” puede hundir un portaaviones usando solamente una ojiva penetrante convencional, no atómica, con un peso de casi 2500 kilos a una velocidad de 800 metros por segundo. Es decir, sin justificar una respuesta nuclear.

La efectividad de la enorme y poderosa flota norteamericana, capaz de desequilibrar las fuerzas en cualquier escenario del mundo, se encuentra sometida hoy a una prueba crucial: ser blanco en cualquier momento de estos misiles que pueden ser lanzados desde pequeñas naves de superficie o desde submarinos a 200 kilómetros de distancia. Piénsese cual hubiera sido el destino de la Task Force inglesa en Malvinas, si los aviones argentinos hubieran contado con 100 Exocet, en lugar de los 5 que alcanzaron a llegar al país. Pocos analistas militares responderían que la flota de Su Majestad hubiera podido mantenerse en la zona de operaciones, a menos de una abierta intervención de navíos norteamericanos.

Vladimir Putin puso límites precisos a la presunta estrategia anglosajona el año pasado, aunque la prensa internacional se mostró sumamente discreta en el análisis del hecho. Al anunciar Israel en 2003 que su derecho de autodefensa le permitiría lanzar misiles balísticos intercontinentales (ICBM) contra “blancos terroristas”, el líder ruso recordó su arsenal de los modernos SS-19, que nunca se habían desplegado durante la llamada Guerra Fría, en un discurso hecho el 17 de octubre de ese año. Una semana después, el 24 del mismo mes, inauguró la nueva base aérea de Kant, en Kyrghistán, 20 millas al este de la base norteamericana basada en la ciudad de Manas, usada en apoyo de operaciones antiterrorista en Afganistán. Los Sukhoi rusos estaban equipados con equipos lanzadores de misiles “Surburn”. Simultáneamente, China estacionaba sus propios Sukhoi, de similares características, en la base aérea de Kashi, cercana a la frontera con Kyrghistán. Fue un movimiento coincidente que sugiere una estrategia convenida.

Putin deslizó en el acto de apertura de la basa de Kant: “Construyendo un escudo aéreo en Kyrghistán deseamos fortalecer la seguridad de esta región, cuya estabilidad es un factor en significante aumento” y “un disuasivo para los terroristas y extremistas de todos los tipos”.

REDISTRIBUCION DEL PODER MUNDIAL

No existe la certeza en el análisis prospectivo de la política por el poder mundial. Sólo hipótesis basadas en hechos que pueden variar abruptamente. En estos momentos, al entrar en los últimos meses de 2004, es posible aproximarse a un cuadro de situación realista:

- Se advierten serias fisuras en la estrategia de la globalización desplegada por los intereses que expresan las clases dirigentes de Estados Unidos y Gran Bretaña, con la oposición de la gran mayoría de la opinión pública mundial y el fracaso, hasta hoy, de la ocupación de Irak y Afganistán. Los actos terroristas, los sabotajes a los oleoductos, y la amenaza de una guerra civil no muestran un cuadro optimista.


- La derrota de José María Aznar en España y el surgimiento de José Luis Rodríguez Zapatero no sólo implica la separación del socio menor de la coalición globalizadora, sino la perspectiva de que se consolide una Europa con intereses y objetivos propios.
- Todo parecería indicar que asistiremos si las cosas siguen el rumbo actual, a una nueva versión de Guerra Fría. Estados Unidos y Gran Bretaña encabezarán una alianza y Rusia y China, la otra.
- El acceso a la energía es uno de los puntos cruciales y el escenario de la pugna por controlarlo es el Medio Oriente. Irán, señalado como próximo objetivo para los intereses petroleros occidentales, está empeñado en convertir a Irak en un pantano que aferre a las divisiones anglosajonas y mengüe el entusiasmo de los partidarios de encarar nuevas etapas en la lucha con el Mal Absoluto.
- Rusia y China surgen como protagonistas principales en este litigio. La primera para evitar que los yacimientos del Cáucaso, a los que considera insertos en su zona de influencia económica y política, caigan en manos de los petroleros occidentales. La segunda, porque prevé que la ocupación de Irak y Afganistán tiene, como otro objetivo, controlar los ductos que pudieran servir para alimentar con hidrocarburos sus acuciantes necesidades de desarrollo industrial. El interés demostrado por empresas chinas por participar en la explotación de hidrocarburos en la plataforma continental submarina de la Argentina, conocido en estos días, demuestra de qué manera Beijing proyecta su estrategia.
- La tecnología militar soviética pone en dudas la posibilidad de que Washington, , intente hacer valer su poderío militar hasta el punto de olvidar la doctrina de la Destrucción Mutua Asegurada (holocausto nuclear) que aseguró la paz precaria de la Guerra Fría, librada por los protagonistas en escenarios marginales y por medio de terceros durante varias décadas.

Y habría que cerrar este informe con una pregunta cuya respuesta queda pendiente: “¿Esto es bueno o es malo para los argentinos?”
 
 

 

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