¿COLOMBIA:HACIA UN MINISTERIO DEL AGUA?
 

Por: Germán Castro Caycedo
Septiembre de 2004


Mientras algunos países barajan la posibilidad de sustituir grandes presas hidroeléctricas ante la crisis de agua en el mundo, en Colombia ha surgido un proyecto como respuesta. Se trata de la hidroeléctrica del Río Amoyá, en el Tolima, una planta de generación, sin presa.

Hoy, cuando la escasez de agua dulce es el problema más apremiante de la humanidad, este plan de expertos colombianos encabezados por el ingeniero Gabriel Jaime Ortega, ha sido distinguido con el premio mundial de Energy Globe, entre mil proyectos de 95 países.

Según la comunidad científica internacional, la importancia geopolítica que plantea el agua determinará las guerras en los próximos años. Atrás parece quedar la reciente historia de sangre entre Israel y Siria por causa del Río Jordán.


De acuerdo con el Fondo Mundial de la Tierra, en la próxima década quien controle el agua dulce, controlará la vida y tendrá el poder. No obstante, en Colombia -una potencia en este campo-, pocos piensan que hoy el agua es un recurso estratégico. En esta obsesión por los balazos, ¿a alguien se le habrá ocurrido que el país necesita un Ministerio del Agua?

Actualmente la tendencia es construir presas y embalses más pequeños en lugar de enormes obras que reducen el líquido para el consumo humano. Por este motivo la concepción colombiana de la firma Generadora Unión en el río Amoyá es considerada modelo de desarrollo vanguardista.

El proyecto consiste en captar aguas del río, introducirlas dentro de un túnel, precipitarlas hasta una casa de máquinas y devolvérselas al cauce ocho kilómetros y medio más abajo, sin deteriorar el caudal. Por sus características, la Hidroeléctrica del Amoyá ha recibido apoyo del Banco Mundial y de los gobiernos de Austria y Holanda, que suscribió un contrato de 19 millones de euros con Hidroger, por equilibrar las emisiones de carbono sobre la atmósfera.

La crisis

La idea de los expertos colombianos es un contraste significativo con el drama que plantea la escasez del "oro azul" en el mundo. Por ejemplo, actualmente en Estados Unidos se baraja la posibilidad de echar por tierra una parte de cada una de las cuatro presas del Bajo Snake, uno de los ríos tributarios del Columbia para devolver 225 kilómetros a su estado de libre flujo.

El Río Columbia posee una tercera parte del potencial hidroeléctrico de los Estados Unidos. En su cuenca hay 250 presas para generar energía. Solamente la presa Grand Coulee produce electricidad para un millón de hogares, pero eliminó 1.600 kilómetros de hábitat en el Columbia y sus tributarios.

Los 24 generadores producen más energía hidroelétrica que ninguna otra de América del Norte. Las líneas de transmisión llevan 2 mil millones de vatios a ciudades tan lejanas como Los Ángeles. No obstante, aguas abajo hoy comienzan a surgir problemas de abastecimiento humano. Los niveles del embalse bajan hasta 60 metros en algunas temporadas y los cauces de algunos ríos se convierten en lodo, ante lo cual, un sector cree que es necesario desmantelar parte de la espectacular obra de ingeniería de este sistema hidrográfico.

Aunque la disputa se centra ahora en el Río Snake, este es solo una parte de la cuenca del Columbia que baña a siete estados y a una provincia canadiense.

Un poco más al sur, el Río Colorado apenas logra llegar al Océano Pacífico. El año pasado, el río Bravo se secó antes de llegar al mar. En Arizona, los diques y los canales han desecado todos los ríos del Sudeste de Estados Unidos. Allí solo queda el San Pedro, que de 75 metros de ancho hace cinco décadas, hoy presenta un caudal de dos metros. Otro ejemplo es la China, donde el Río Amarillo no ha llegado al mar en los últimos diez años.

Pero, por otro lado, en el Parque Nacional de Los Glaciares en Montana, Estados Unidos, de 150 nevados hoy quedan menos de 30 con el consecuente deterioro de los ríos que nacen en la zona. Las nieves del Kilimanjaro se han derretido en más de un 80 por ciento desde 1912, mientras la sequía en el África Oriental azota a millones de seres. Los glaciares del Himalaya Garwhal en India se reducen tan rápido que los investigadores creen que dentro de 30 años pueden haber desaparecido, y con ellos los ríos. La India es una de las regiones con la escasez de agua dulce más acentuada.

Igual sucede en Colombia, donde las autoridades ambientales han establecido que los nevados desaparecerán dentro de 12 años. La misma suerte correrán parte de los ríos que bajan por sus contrafuertes.

Hablar de escasez ya no es tema del futuro. Los agricultores estadounidenses sacan el agua del acuífero de Ogallala bajo las Grandes Planicies a una velocidad insostenible. Hoy una tercera parte de la porción que corresponde a Texas está prácticamente agotada.

La Sabana de Bogotá va por el mismo camino. Según la CAR, allí hay actualmente 6 mil pozos perforados, pero solo 1.600 tienen permiso legal para extraer el líquido y el suelo de algunas zonas comienza a hundirse.

El precio de esta peripecia es muy alto. Según Naciones Unidas, de 6 mil millones de habitantes de la tierra, hoy 1200 millones no tienen acceso al agua potable. Actualmente mueren en el mundo cada año, algo más de 5 millones de personas por enfermedades provenientes del agua.

En Colombia los homicidios y las lesiones personales se han cuadruplicado en los últimos cinco años por disputas en torno del agua, según la Fiscalía General de la Nación.

Una gran fábrica

La zona escogida para construir la hidroeléctrica es el Cañón de Las Hermosas, un desfiladero entre montañas como paredes, prolongado y estrecho, con todos los climas. Por él corre el Río Amoyá.

Está localizado entre el Parque de los Nevados y el nevado del Ruiz, sobre los departamentos del Tolima, Valle, Quindío y Cauca, donde se han hallado algo más de 300 lagunas. Realmente se trata de una gran fábrica de agua, porque en los veranos el líquido tiene una salida medida y controlada hacia los ríos de la cuenca, manteniendo no solamente unos caudales muy altos comparados con otros ríos del país, sino de gran regulación, lo que permite aprovecharla para acueductos y generación de energía en forma muy eficiente.

Colombia tiene el 67 por ciento de los páramos del mundo y el de Las Hermosas equivale al 60 por ciento de los páramos de Colombia.

En el Cañón de Las Hermosas los ríos nacen en los páramos -caudales regulados-, y las montañas presentan una magnífica geología que permite construir obras muy baratas, rápido y con mucha eficiencia. La roca llamada Batolito de Ibagué, es, según los geólogos, mejor que la de Antioquia, donde se han construido las obras de generación más baratas del país.

Por otra parte, se trata de una zona segura desde el punto de vista ambiental. El Páramo de Las Hermosas es el más conservado de Colombia. Está circundado por bosques altoandinos sin tocar. Ese cinturón tiene una condición enorme desde el punto de generación de agua por su asociación con la niebla: la captura en estado gaseoso, la lleva al suelo y con ella alimenta el caudal de los ríos.

Paz real

Pero más allá, este proyecto en la práctica es el único modelo concreto de paz que se ha planteado en Colombia. Los diseñadores establecieron que previamente a la construcción se hará una inversión prioritaria de 2,7 millones de dólares para beneficiar a la región -con enormes problemas de abandono-, por lo menos restituyendo en parte su estructura de salud y educación, y poniendo en marcha las normas ambientales y de salubridad. Ya se realizó un censo con el fin de rehabilitar hospitales y puestos de salud, hoy abandonados.

Normalmente en otros casos el proyecto se acaba y los promotores abandonan la zona. En este, con el 20 por ciento de los certificados de carbono -unos 400 mil dólares al año para 1.300 familias- el proyecto plantea invertir esta suma a través de un Centro Humano de Desarrollo Sostenible creado en la región.

Esos 400 mil dólares deben ser manejados con neutralidad. Por tanto, los diseñadores y dueños del proyecto lo blindaron logrando que Naciones Unidas maneje los dineros a través del Pnud y una junta que defina las inversiones.

Esa institución está destinada básicamente a garantizar salud y saneamiento ambiental. Allí, por ejemplo, hoy 95 de cada 100 viviendas carece de letrinas y ellos mismos se están envenenando.

El plan también incluye la educación mediante rehabilitación y construcción de escuelas y colegios. Sin haber comenzado el proyecto, Hidrogén dotó una escuela con las primeras computadoras. Allí debe funcionar el Centro Humano de Desarrollo Sostenible, conformado por campesinos de la región.

Como en el resto del país, la zona tiene una complejidad política y social al borde de la explosión. Por tanto los proyectistas han logrado que la política esté excluida de toda discusión. Hasta hoy el único tema en la zona es la energía, y tanto la población como los movimientos armados que operan en el lugar están de acuerdo con la construcción de la hidroeléctrica.

Allí todos quieren que sea realidad porque ya tienen claridad de los beneficios ambientales y sociales que recibirán, y ante la situación, por ejemplo, ellos aspiran a ser contratistas de la protección y el cuidado de la Central y de los bosques, pero sin armas. "Utilizaremos bolillos porque no queremos que entre una pistola más al cañón", dice Norberto Peña, uno de los líderes.

En la construcción se empleará con preferencia a gente de la región. Una vez termine el proyecto, que requerirá de 400 personas, 150 de ellas serán contratadas en forma permanente.

El 'pero'

No obstante y como parece normal en este país, el gran obstáculo para su realización es el mismo Estado colombiano, ésta vez a través de la empresa Isagén. Según el Presidente del Congreso, Luis Humberto Gómez Gallo, "Isagén desacató al Presidente de la República que ha anunciado públicamente dos veces la obra, pero ellos la están dilatando".

De acuerdo con documentos, Isagén argumenta que deben hacerse estudios que estaban pendientes. Este año Isagén ya había pagado estudios con banqueros de inversión para revisar en detalle los aspectos del proyecto, con resultados altamente positivos. Ahora Isagén plantea realizar estos nuevos estudios y hacer ajustes contractuales. Y, además, algo muy colombiano: la empresa del Estado exige manejar a su manera los contratos de construcción que representan muchos más millones.

Esto ha paralizado la realización del proyecto, justo cuando se anuncia que de no ampliarse la generación eléctrica, Colombia estará abocada a un drástico apagón dentro de diez años.

Isagén: estudios sobre proyecto no retrasan la obra

Luis Fernando Rico, gerente de la entidad, dijo que son distintos de los hechos anteriormente y son necesarios.

Por ello, se harían en unos seis meses y mientras la banca de inversión concreta la financiación total, añadió. El costo de la hidroeléctrica sería de alrededor de 100 millones de dólares.

Isagén, según Rico, pidió tener la gerencia de proyecto (que incluye el manejo de los contratos) no solo porque sería el socio estratégico (que conoce el negocio) y el mayoritario, sino porque es una entidad básicamente estatal y quiere tener el control de la inversión. "Se que hay gente que podría pensar que es para hacer negociados, peor no es así", dijo el gerente.

Rico asegura que Isagen no tiene dudas sobre el proyecto, lo considera un ejemplo por sus bondades sociales y ambientales, y cree que tiene contratistas de primera línea.

Sin embargo, resaltó que la banca de inversión, que valoró muy bien el proyecto, ha pedido ajustes, entre ellos algunos que aún son objeto de debate como el establecimiento de responsabilidades cruzadas entre los contratistas, de tal manera que si uno se retrasa, responda por ello a los afectados.

 
 

 

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