EL ZOLLVEREIN DEL SIGLO XIX, PUNTO CLAVE DE PARTIDA PARA LA ACTUAL UNION EUROPEA

El camino hacia la federación del Viejo Continente

 

Por Armando Sulmanas y Fernando Del Corro
Septiembre de 2004


La nación alemana fue durante siglos una aspiración compartida por millones de personas. La reforma religiosa de Martín Lutero al unificarla lingüísticamente le incorporó un elemento cultural decisivo. Sin embargo no fue hasta la XIX Centuria cuando mediante un proceso de integración económica, denominado Zollverein, impulsado por diversos acuerdos zonales, inicialmente, y concretado a partir de 1834 bajo el liderazgo político de Otón von Bismarck, cuando, rápidamente, una infinidad de miniestados federados parieron el país más poderoso del Viejo Continente. País que en el Siglo XX se convirtió en la locomotora de la actual Unión Europea (UE).

La aparición del euro constituye el hecho económico, junto con los surgidos de los avances científico-tecnológicos de las últimas décadas, más trascendente de los tiempos presentes. Desde la caída del Imperio Romano, más de 1.500 años atrás, una moneda no era compartida en un universo geográfico tan vasto, por gente de lenguas tan diversas, por administraciones nacionales de diferentes signos.

Claro que llegar a una unidad monetaria de pretensión, por ahora, continental, no es una casualidad, no es el resultado de la impronta de algunos gobernantes. Más allá de la existencia de un sinnúmero de circunstancias, el euro es un punto decisivo del proceso de unificación europea cuyos alcances exceden a sus actuales miembros y sus actuales dimensiones. Una década atrás, Ramiz Alia, ex primer ministro comunista de Albania, ya había señalado la conveniencia de que su pequeña nación balcánica se sumara a la continentalización. Hubiera sido interesante observar la experiencia de un estado del socialismo real en el mundo del euro. Un mundo en el que, no sin razones, algunos cuestionan rigideces que implican nuevos retrocesos sobre las ruinas del Estado de Bienestar soñado por el indio William Beveridge hace 60 años.

En general se piensa que la UE es hija de los acuerdos regionales surgidos de la segunda postguerra mundial, como el Benelux (Bélgica, Nederlandia, Luxemburgo), y de pactos sobre la explotación conjunta de recursos, tal el caso del suscripto entre Alemania y Francia por el carbón y el acero. Con más razones, otros se remontan a la primera postguerra, a las conversaciones entre el francés Aristide Briand y el alemán Philipp Scheinemann y la Unión Económica Belgo-Luxemburguesa de 1921, pero, en verdad, a nuestro juicio, el motor de la integración estaba en marcha desde el siglo anterior, desde que Alemania dejó de ser un concepto difuso compartido por centenares de miniestados.

Y hubo una cuestión esencial que diferenció el proceso integrador alemán a partir del Zollverein (zoll, impuestos; verein, comunidad; entendible como “comunidad aduanera) ya que en vez de tratarse de un mecanismo de sojuzgamiento de unos pueblos por otros, como sucedió en los restantes países (Inglaterra a Escocia, Gales e Irlanda; Castilla a Cataluña, Euzkadi y otros), el desarrollado fundamentalmente desde Prusia devino en un sistema hegemónico flexible donde los problemas de los estados que conforman la federación germana se siguen resolviendo en el viejo senado creado, precisamente para el Zollverein, el Bundesrat, entonces Zollbundesrat; Senado que no interviene en las leyes generales que hacen al conjunto de los ciudadanos.

A diferencia del otro proceso de integración entre relativamente iguales, el de Estados Unidos de América, basado en la política y luego en lo económico, el Zollverein comenzó instalándose como un instrumento económico que recién, varias décadas después, dio lugar a la unificación política. También se distancia de la integración italiana de la segunda mitad del Siglo XIX porque ella, también basada la unidad política, no tuvo en cuenta los desequilibrios regionales y los cristalizó, con lo que estableció definitivamente la hegemonía económica del norte industrializado.

“La extensión y consolidación de la Zollverein, la introducción general del transporte a vapor y el aumento de la competencia en el comercio interior unieron más a las clases comerciantes de los distintos Estados y provincias, igualaron sus intereses y centralizaron su fuerza”, señaló Federico Engels.


Al respecto cabe una digresión herodotiana. Poco después, desde su exilio en Inglaterra el ex gobernador bonaerense Juan Manuel de Rosas, contrario a una integración argentina ab initium política, sostenía que la conformación del futuro estado nacional debía ser la consecuencia de un proceso progresivo que debía comenzar a escala regional y con carácter económico. Señalaba que las provincias con intereses comunes debían ir ajustando sus políticas, haciéndolas comunes, para luego ir encontrando puntos concordantes con otras regiones, hasta llegar a la comunidad total y entonces producir la unidad política. ¿Habrá conocido el esquema de integración germano?.

El Zollverein surgido de la necesidad de los pequeños estados alemanes, y de la no pequeña Prusia, de encontrar alternativas al quiebre de la unidad continental basada en los ejércitos napoleónicos, respetó las particularidades de sus socios.

Otro de los problemas de la época, que enfrentaban dichos estados, era la poderosa incidencia en sus economías de pequeña escala, del comercio británico, particularmente en lo referido a la introducción de las manufacturas de la revolución industrial. Así como se estableció la libre circulación de mercaderías entre ellos, se constituyó un Congreso Aduanero, donde cada socio tenía un representante y las decisiones se adoptaban por unanimidad, tal como, más de un siglo después, se fijó en 1957 en el Tratado de Roma, origen de la UE de nuestros días.

Tras una etapa de diversos acuerdos regionales, que en algunos casos confrontaron entre si, el gran salto se dio cuando el primero de enero de 1834 se incorporaron Prusia, la principal potencia continental, y sus aliados; los asociados del sur capitaneados por Baviera, y algunos otros dando nacimiento al Zollverein que se convirtió en el eje del desarrollo. Con el correr de los años se sumó el resto de los estados del viejo Sacro Imperio Romano Germánico incluidos algunos que mantuvieron por un tiempo sus propios pactos locales.


Pero antes la propia Prusia y otros estados, al impulso teórico del gran economista prekeynesiano Friedrich List, ya habían dado pasos en ese sentido. La Prusia de los Hohenzoller ya era un estado importante, el más fuerte militarmente del continente, pero aún económicamente poco desarrollado. A pesar de su enemistad con Napoleón I se beneficiaba con el “Sistema Continental” aduanero, el que desapareció junto con el predominio francés. Desde entonces el continente quedó a merced de la invasión de manufacturas de la más desarrollada Gran Bretaña y, en menor medida, de las originarias de Francia y los Países Bajos. En 1815 el estado prusiano respondió levantando sus aduanas internas y estableciendo un sistema proteccionista de fronteras afuera.


Pero aún más. El propio List, sobre quién se basó Engels, viendo la debilidad de la burguesía alemana, empezó por organizarla en 1819 en una Sociedad de Comercio e Industria, para que junto con la vieja clase terrateniente de los junkers y el estado como gran promotor, encarase el desarrollo alemán. Sólo la industria hace crecer a los países, sostiene List en sus obras, particularmente en “El sistema nacional de la economía política”.

De algún modo algunos pactos locales habían sido una respuesta a la propia Prusia cuando otros estados temieron quedarse invadidos por los británicos pero también perjudicados por el nuevo proteccionismo prusiano. Por ello en sus primeros años el acuerdo del sur, liderado por Baviera, contó con cierto beneplácito francés con el propósito de frenar una unificación alemana bajo la hegemonía prusiana.


Pronto el tratado aduanero condujo hacia un país integrado. Por ejemplo, en el “Tratado de Amistad, Comercio y Navegación” con Chile, de 1863, que abrió una importante y duradera relación entre ambas naciones, el rey de Prusia firmó en nombre de los “Estados del Zollverein” (el tratado hace una larga relación en la que enumera cuales son todos ellos).

Por ello el Zollverein fue la unión aduanera que hizo posible la modernización definitiva de Alemania y la base de partida para la construcción de un estado industrial complejo, montado sobre un poderoso mercado interno esencialmente urbano (sólo 30 por ciento de ruralización al finalizar la Primera Guerra Mundial cuando un siglo antes era al revés).

El peso de los viejos junkers determinó la conformación de una industria cartelizada, con importantes casos de integración vertical, especializada en la química y la siderurgia (como el Grupo Krupp, que comenzó a operar en 1835), y que diera el gran salto adelante por el aporte de laboratorio y la racionalización del proceso productivo; y por el papel del Estado al favorecer la protección del mercado interno. Algo que solo pudo desarrollarse por la superación de los particularismos regionales de los estados alemanes y la diversidad de su desarrollo económico, es decir de su ritmo de modernización y urbanización.


Solo con la creación de un espacio económico nacional con claras y transparentes normas unificadoras en cuanto a tarifas, moneda, pesos y medidas, leyes sobre explotación minera (cuenca del Ruhr), la reducida burguesía de la que hablara Engels, a mediados del siglo XIX pudo jugar un papel diferente en el proceso de industrialización acelerada, junto al Estado prusiano y a la clase terrateniente. Las barreras aduaneras de los estados miembros fueron eliminadas y una tarifa uniforme fue instituida contra los estados y zonas que aun no se habían adherido. El producto de esta aduana de fronteras afuera fue reunido en una cuenta única que distribuía las rentas aduaneras en proporción a la población y recursos económicos de cada uno de los estados miembros. Un mecanismo distributivo que se reprodujo a nivel privado en los carteles empresarios según explica Valentín Vázquez de Prada.

Eric Hobsbawm recuerda que el estado prusiano adoptó un control absoluto sobre el desarrollo interior al punto de que para explotar una mina había que pedir permiso. Federico Guillermo IV, al asumir en Prusia dio un gran impulso a la industria y particularmente a los ferrocarriles como eje integrador. Algo que también había hecho un poco antes Guillermo I en los Países Bajos en cuanto al desarrollo fabril.


Una serie de tratados (1851-54) incorporó al resto de las uniones y estados al Zollverein, que llego así a comprender a todos, excepto los dos Mecklenburgos y las ciudades hanseáticas (luego incorporados) y Austria.

Prusia a pesar de las presiones políticas de algunos estados, siempre se opuso a la unión aduanera de Austria, para lo que aprovechó las reticencias iniciales de ésta, aunque los dos negociaron paralelamente un acuerdo especial. Hay que destacar que las aspiraciones a la unión aduanera con Alemania fueron muy fuertes en la década de 1930, cuando Austria había quedado reducida al pequeño Reich del Este, sin los territorios de Hungría y con sus principales fuentes de aprovisionamiento de materias primas en poder de Checoslovaquia, luego de la reorganización territorial de los tratados de la primera posguerra que castigaran duramente a los derrotados.

Las demandas de unión aduanera con Alemania no solo eran un tópico de los nazis austriacos en 1933 cuando Hitler llegó al poder del Estado en Alemania. Actores importantes de la castigada industria austriaca sostenían esta postura, de manera que cuando Hitler produjo el Anschluss forzado en 1938, no solo fue bien recibido por la población en general y la frustrada clase media en particular. Ya había un terreno de demandas anteriores en tal sentido.

La reformulación del Zollverein en 1867, tras la victoria de Prusia sobre Austria en 1866, dio lugar a la formación de un Consejo Federal o Administración de Aduanas (Zollbundesrat, hoy Bundesrat), formado por funcionarios de la burocracia administrativa y por un parlamento de representación electiva (Zollparlament, hoy Bundestag). En ambos cuerpos Prusia ejercía, de hecho, su influencia predominante. Luego de la victoriosa guerra franco-prusiana de 1871 y de la creación del II Reich bismarckiano toda la legislación y las regulaciones normativas del Zollverein pasaron a formar parte de la legislación del mismo.

Alsacia-Lorena, anexado tras liquidar el pleito con Francia, con su estratégica riqueza minera entró en el área de la aduana común en 1872 y las ciudades hanseáticas lo hicieron en 1888. Así el Zollverein promovió la unificación económica de Alemania y, a la postre, la política. El modelo germano hoy amplía su camino por toda Europa. Primero se acuerda en economía, luego en política; no hay avasallamiento sino un primus inter pares, el que echa más carbón a la caldera de la locomotora y que, como pone la mayor parte para comprar la pelota y las camisetas, establece algunas estrategias de juego que no siempre caen bien a todos los integrantes del equipo, aunque algunos, que partieron de muy abajo, a pesar de haber esquilmado América Latina, como la atrasada España, gracias al esfuerzo teutón, se haya convertido en la undécima potencia económica mundial.
 

 

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