DOS GRANDES FRACASOS

Por Carlos Manuel Acuña
Octubre de 2004


Durante esta primera quincena de octubre, el oficialismo ha registrado dos grandes fracasos políticos. Son tan importantes, que con el correr de los días y con seguridad, producirán consecuencias que todavía no tuvieron tiempo de madurar pese a que ya despertaron serias señales de alarma dentro del gobierno. Excepto los gobernadores y las especiales circunstancias por las que atraviesa el de Buenos Aires, las restantes corrientes internas del PJ han quedado involucradas en esta nueva situación que poco a poco ha crecido hasta producir exteriorizaciones formales, obvias y contundentes.


El primer gran fracaso correspondió al lanzamiento de la transversalidad durante el acto realizado el martes último en el Luna Park, cuando la corriente de izquierda que en el pasado soñaba con la Patria Socialista, quiso institucionalizarse y convertirse en el punto de referencia más cercano al presidente Kirchner.

Mientras los transversales estaban dedicados a la organización, el entusiasmo del diputado Miguel Bonasso lo llevó a proponer que la concentración se realizara en la Plaza de Mayo, pero la serenidad de los más realistas hizo que la idea se desechara rápidamente. El propio Kirchner señaló, aunque de mal humor, que no debemos dar la impresión de vacío. Hace falta mucha gente para ocupar ese espacio....

 

Entonces se propuso la cancha de River Plate, pero cuando se informó que para lograr un lleno relativo que impresione al público y sirva para la fotografía haría falta asegurarse la concurrencia de unos 30 mil simpatizantes, con resignación abandonaron la idea y luego de otras especulaciones igualmente pesimistas, optaron finalmente por eltradicional anfiteatro.

 

"Vamos a reventarlo", expresó algo más seguro el piquetero oficial Luis D’Elía, pero la decepción llegó apenas comenzaron los discursos, pues el recuento se acercó tímidamente a menos de 10 mil asistentes, pese al esfuerzo y el gasto invertido en pesos, bebidas y colectivos. Aunque públicamente no lo reconocerán jamás, esa cifra parecida a la que acompañó a Kirchner durante la concentración en la ESMA - fue todo lo que pudo juntar la izquierda montonera que a pesar de ser minoría, actúa como si contara con el respaldo de las mayorías.

Ayer viernes hubo otro traspié: el acto anticipado que convocó la CGT para conmemorar otro 17 de octubre, atrajo con el mismo esfuerzo una asistencia similar, con el agravante de que no fueron pocos los intendentes del Gran Buenos Aires que demostraron escaso o nulo entusiasmo para respaldar a una convocatoria que, sabían, se iba a utilizar para apoyar al presidente Kirchner.


Ni uno sólo de los gobernadores se hizo presente a la celebración del Día de la Lealtad y mientras el jefe máximo del PJ bonaerense, rodeado de tres ministros del Poder Ejecutivo Nacional se empeñaba en identificarse con la Casa Rosada, los portadores de estandartes, banderas y carteles, lentamente comenzaron a enrollarlos para abandonar el lugar. Para Duhalde la situación no pasó desapercibida y apenas concluyó su discurso, todos aquellos que estaban en el estrado se apretujaron para salir rápidamente.


Entre otras cosas, el acto sirvió para demostrar que las glorias del pasado no se repiten, que hoy, frente a los acontecimientos de este grave momento histórico que vive la Argentina, algo importante y significativo ocurre dentro del peronismo y que éste no puede marginarse de un proceso general de desintegración y resquebrajamiento que abarca a todos los sectores, sin excepción. La reunión concluyó sin pena ni gloria y pese al cúmulo de problemas por los que atraviesa el país, el tema más saliente del discurso de quien fue Gobernador y Presidente de la República, fue la construcción de un mausoleo para albergar los restos de Perón ?que será llevado a pulso desde el cementerio de la Chacarita?.


Como siempre ocurre, en la Argentina la necrofilia aparece en las expresiones políticas. Tal vez pueda pensarse que el anuncio que arrancó los aplausos más sostenidos de la jornada, fue un intento por despertar el entusiasmo recordatorio de lo que fue la vieja figura que concluyó sus días enfrentado violentamente a la Tendencia Revolucionaria, esa izquierda partidaria a la que había querido conquistar y no pudo.

 

De todas maneras, hay algo cierto que debe subrayarse: los dos actos, el del Luna Park y el de la cancha de Atlanta respondieron a expresiones bien distintas del PJ, un factor recurrente en la historia partidaria que en los setenta alimentó la tragedia de una Guerra Civil no reconocida.


Mientras tanto, el panorama político nos trae otro dato significativo: en Córdoba, hasta ayer, el movimiento que dirige Blumberg recogió quince mil firmas de adhesión y el gobernador De la Sota decidió recibirlo en lo que constituye otro dato elocuente de los que sucede.



 

 

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