LAS ELECCIONES EN ESTADOS UNIDOS (cont)

y las dudas de América Latina

 

Sistema electoral de EE.UU.
Las elecciones presidenciales de Estados Unidos no son directas, tampoco son proporcionales como en otros sistemas. Se realizan 51 elecciones por cada estado más el Distrito Federal.

El candidato que obtiene la mayoría de los votos populares en un estado se lleva la totalidad de los votos de sus electores. En caso de problemas en el recuento de votos interviene la Corte Suprema.

El Colegio Electoral está formado por 538 representantes. A cada estado, según la cantidad de población, se le asigna un determinado número de representantes. Finalmente, cada estado otorga todos sus votos electorales al candidato que reciba más sufragios en su territorio, con independencia del tamaño de ventaja obtenida. Para ser ganador en las elecciones presidenciales se requiere haber obtenido como mínimo un total de 270 votos.

Los estados más poblados, como California, Texas o Nueva York, cuentan respectivamente con 55, 34 y 31 votos electorales. Alaska, que es un estado de grandes dimensiones sólo tiene cuatro votos por la escasez de población existente.

En las próximas elecciones del 2 de noviembre se presentan 15 aspirantes a la presidencia en representación de partidos políticos y 31 en calidad de independientes. Además existen postulantes para cubrir numerosos cargos en la Administración. Si bien es cierto que los candidatos donde se ha centrado la opinión pública son los dos con chances de llegar a la Casa Blanca, existe un tercer candidato: Ralph Neder, del Parido Reformista, patrocinante de los consumidores que plantea una plataforma anticorporativa. Es el factor desafiante del sistema bipartidista y amenaza dividir la opinión progresista de la Unión. Para muchos la figura de Neder terminarìa inclinando la balanza hacia Bus.
 

Fuente http://www.terra.com.mx/noticias/articulo/145542/


América Latina ¿sin lugar en la agenda?
El gobierno argentino optó tempranamente por la figura del senador Kerry como futuro presidente de Estados Unidos. Funcionarios y dirigentes políticos asistieron al Congreso Demócrata.

Por su parte, el gobierno brasileño se ha mantenido cauto sobre sus preferencias. Sea quien sea el ganador Brasil espera que las relaciones entre los dos países mejoren en la faz comercial y Estados Unidos tenga una mayor atención, en general, hacia el país.

Nada asegura, dicen los especialistas, que un triunfo de la oposición tenga efectos más positivos sobre el país

Una reelección de Bush probablemente resultaría en el mantenimiento de la actual política americana para el Brasil - relaciones cordiales, más sin asociaciones importantes y con confrontaciones en negociaciones comerciales.

El presidente Luis Ignacio Lula da Silva tiene buenas relaciones con los americanos, más nunca se han repetido las aproximaciones de los tiempos de Fernando Henrique Cardozo y Bill Clinton.

Con John Kerry, el futuro de las relaciones Brasil- Estados Unidos es una incógnita. Por un lado, el candidato demócrata promete revalorizar tanto a él como a las Américas, recolocando a Brasil en el foco de los americanos. Al mismo tiempo, Kerry tiene una de sus principales propuestas de campaña en la revisión de los acuerdos comerciales firmados con Estado Unidos en los últimos años- lo que puede acentuará el proteccionismo del país.
(1)

Según varios dirigentes demócratas, Kerry pondría en marcha, en los cien días luego de su asunción, el denominado "perímetro de seguridad" que refiere a un anillo de seguridad que abarca México, Canadá y la región del Caribe

"la creación de este anillo de seguridad para América del Norte facilitará los viajes legítimos de los ciudadanos respetuosos de la ley y mantendrá la región segura... Kerry instrumentará un plan migratorio en sus primeros cien días de gobierno que permitirá a los inmigrantes ganar la legalización, alentará la reunificación familiar y fortalecerá nuestra protección fronteriza..." (2)

Respecto de América Latina, los demócratas han reiterado el abandono que hizo Bush de los asuntos de América Latina, especialmente, en los tiempos de crisis financiera.

“La única región que recibió un recorte de un 11 % en el proyecto de presupuesto que el Presidente envió al Congreso fue América Latina... Cuando le pregunté a Powell acerca de esto, su respuesta fue 'tuvimos que reducir la cantidad de fondos porque había prioridades más importantes' (3)

El legislador Menéndez señaló que el interés del futuro gobierno demócrata es crear un fondo para promover el desarrollo de las pymes y créditos para pequeños empresarios con el fin de promover el "desarrollo económico y social de la región

"Esto tiene sentido incluso mirado desde la perspectiva de Estados Unidos, ya que una economía dinámica en América Latina implica un mercado sano donde las empresas estadounidenses pueden colocar más exportaciones."

Durante un encuentro de líderes políticos y empresariales de América Latina, Kerry señaló que será un presidente que conoce donde está América Latina y que, a diferencia de la actitud prescindente de Bush frente a grandes males, incluido las crisis políticas y financieras, el desempleo y el tráfico de drogas, trabajará conjuntamente con la región para el logro de metas compartidas y los vecinos serán tratados como socios "no como ciudadanos de segunda clase".
Bush, Kerry y la política exterior de Estados Unidos.


Reflexiones finales
Entrampados en el tema Irak, los analistas señalan que Kerry, aunque más desenvuelto en los debates, no parece con mayor peso argumentativo a la hora de señalar una posición firme que lo diferencie de su oponente, que responda claramente a la frase directa de Bush:

"el senador Kerry había repetido contradicciones que llevan a la confusión... quiere sometes la seguridad de Estados Unidos a un examen internacional... el uso de nuestras tropas para defender Estados Unidos no debe jamás ser sometido al veto de un país como Francia".

Si bien es cierto que, finalmente, trató de evitar que su imagen de liderazgo, como veterano de otra guerra, se desmorone arrastrando consigo las posibilidades del triunfo

"El presidente sigue intentando debatir consigo mismo acerca de eso...Sigue intentando decir 'no queremos a alguien que quiera retirarse, no queremos a alguien que flaquee o titubee... Pero, señor Presidente, nadie habla de retirarse, nadie habla de flaquear y titubear, hablamos de ganar y hacer bien el trabajo".

En materia de política exterior, en el medio de dos gladiadores acusándose mutuamente de testarudo y autista o de indeciso respecto del tema que desvela a la superpotencia, no es novedad que América Latina no figure en la agenda. Pareciera que, una vez más, las asimetrías nos hace una mala pasada: cuando los americanos están eligiendo un comandante en tiempos de guerra, América Latina busca, en el mismo acto, un nuevo proveedor de ayuda para sus contingencias.

Aquí aflora esta suerte de relación amor-odio que tradicionalmente ha marcado las relaciones continentales con la potencia. Con los ojos puestos en el país del Norte, en un mundo donde la suerte de la superpotencia lleva atada a la "aldea global", la apuesta de varios gobiernos de América Latina, con la ola populista instalada en los últimos años, refleja el grado de dependencia implícita respecto de la suerte del principal enemigo.

No será hora de ir pensando en salir del laberinto, con una actitud madura por parte de la dirigencia latinoamericana, reconociendo que la suerte de la región está en el trabajo constante y sostenido de construir sociedades modernas, democráticas y prósperas desde su propia inteligencia y capacidad.

Esto implicaría dejar de lado aquello que marca esta suerte de vinculación neurótica: cuando no nos tienen en cuenta nos angustiamos y si se fijan en nosotros protestamos. Visión adolescente, si las hay, y absolutamente estéril en sus resultados si lo vemos desde el lugar en que estamos por propia iniciativa y sin ninguna ayuda de ningún demonio exógeno que pretende acaparar recursos, hombres y destinos en un gran zarpazo imperial.

Sea Kerry o Bush el ganador de la contienda es posible pensar que habrá modificaciones sustanciales respecto de nuestro Continente, al menos en los años que dure la guerra de Irak y la lucha contra el terrorismo?

Es posible que sólo se moderen los gestos en la política exterior pero es improbable que en un triunfo demócrata Latinoamérica salte, de pronto, a una agenda, siempre esquiva, cuando de superpotencia global se trata. Si bien es cierto que Estados Unidos mira a América Latina cuando demandas urgentes tocan a sus intereses y esa misma lógica lo lleva a posar sus ojos, con la misma prontitud, en otras regiones donde esos mismos intereses entran en cuestión, no es menos cierto que es propio de quien detenta intereses globales. Ahora bien, más allá de los juicios de valor que tal proceder merezca, tenemos alguna idea de buscar alternativas realistas desde nuestro propio lugar comprendiendo lo obvio de manejarse en las relaciones asimétricas de poder?

Esa lógica no parece ser entendida por nuestra dirigencia que desconcertada se ha preguntado: ¿por qué América Latina ha estado ausente en el discurso de los candidatos?

Sólo por apostar a la madurez de nuestros pueblos y aprovechando las lecciones del 2 de noviembre, me pregunto: ¿Seremos capaces de espantar fantasmas con sólo prender la luz de la razón, la prudencia y la inteligencia o lloraremos eternamente la mala suerte de haber nacido en un lugar equivocado del mapa.?


 (1) Revista Veja octubre de 2004

 

 (2) Nelson Cunningham, ex consejero para asuntos latinoamericanos durante el gobierno del presidente Bill Clinton (1993-2001) citado por diario El Mercurio 23-10-04
 

(3) Bob Menendez, miembro de la Cámara de Representantes por Nueva Jersey, citado por diario El Mercurio 23-10-04

 

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