MALVINAS: PODER Y PETROLEO (cont)

“!Ojo al Cristo que es de Plata!”

Por Sergio Cerón
Octubre de 2004

 

La tesis que he sostenido en mis publicaciones y charlas es que los dos factores más importantes que explican la contienda son la necesidad de Mrs. Thatcher de remontar su creciente impopularidad – en marzo de 1982, las encuestas mostraban un 75% del electorado en contra suya - y mantener al Partido Conservador en el poder, y el fenomenal aumento del valor de los hidrocarburos provocado en 1973 por la crisis de la OPEP. En momentos de generarse el conflicto, el precio internacional del barril de petróleo ,o gas equivalente en calorías, oscilaba en los 30 dólares; apenas una década antes equivalía a algo más de una décima parte de ese valor. Inglaterra, en momentos en que descendía en el ranking de potencias económicas, había encontrado un recurso inesperado en los yacimientos del Mar del Norte. Pero sus expertos tenían en claro que se trata de un recurso no renovable, condenado necesariamente al agotamiento. Los ojos del Imperio decadente fijaron sus fantasías de recuperación en el Atlántico Sur.

Se ha intentado explicar la acción inglesa por el valor estratégico del archipiélago. Este es un argumento inconsistente.

Al almirante Harry Train, comandante en jefe de la flota estadounidense y comandante supremo de la NATO en el Atlántico Sur - estudioso del conflicto austral - afirmó entonces que ese valor era inexistente, ya que la ruta del petróleo pasaba por el Cabo de Buena Esperanza y no por el de Hornos.
 

Virginia Gamba, doctora en Estrategia y en Relaciones Internacionales, con vastos antecedentes en universidades de Sudáfrica, Gran Bretaña y Estados Unidos, en un trabajo denominado “Gran Bretaña en el balance del poder en el Atlántico Sur, coincidió con el marino norteamericano:


“En este marco conviene especificar que el área general del Atlántico Sur, tanto del lado africano como del americano, es una de las más alejadas o abandonadas áreas del pensamiento estratégico global…”

Y añadía en otra parte de ese trabajo:

“Lo único que podría darle a la zona un mayor valor estratégico serían grandes hallazgos de petróleo explotable…”

La pregunta que aflora inmediatamente es: ¿Existen o no en la región de las Malvinas potenciales recursos en hidrocarburos que expliquen la actitud del gobierno de Margaret Thatcher?


En mi libro “Malvinas: ¿Gesta Heroica o Derrota Vergonzosa?”, Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 1984, busqué la respuesta en el capítulo “Olor a Petróleo en el Atlántico Sur”.

Me limitaré a reseñar algunos antecedentes concretos:
• El periodista Daniel Muchnik. Diario Clarín, 4-12-1977, refiere que el ministro del gobierno militar, José Alfredo Martínez de Hoz, visitó Londres y recorrió el yacimiento Brendt, situado al este de Escocia. Escuchó el interés de las empresas por utilizar el stock existente en otras áreas petroleras del mundo.
• Pocos meses antes, la revista The Petroleum Economist, editada en Londres, anunciaba en su número de marzo que la Argentina alcanzaría el autoabastecimiento en 1980 y comenzaría a exportar petróleo en 1985, porque se aprestaba a explotar sus yacimientos “off-shore” (costa afuera). Aventuraba las reservas probables de las cuencas marítimas australes del país entre 50.000 y 80.000 millones de barriles.
• El 27 de julio de ese mismo año, 1977, La Nación publicaba un comentario firmado por Carlos García Matas y Peter Gruber. Aludía a un estudio publicado en 1976 por el geólogo Bernard Grossling, titulado “Latin America´s Pretroleum Prospect in Energy Crisis”. Grossling sostenía que el potencial petrolìfero de la plataforma continental submarina argentina podría estimarse en cuatro veces el del mar de los Estados Unidos, excluyendo el Banco Burwood (que linda al sudoeste con las Malvinas). O sea, se hablaba de unos 80.000 a 90 mil millones de barriles de hidrocarburos, sin tomar en cuenta las cuencas más prometedoras por el espesor de sus capas sedimentarias.
• El mismo Muchnik, en su artículo, recordó que a mediados de 1975, desde su cátedra de geofísica de la Universidad de Birmingham - Inglaterra - el profesor Donald Griffits había anunciado: “El Banco Burwood, al sur del archipiélago y al este de la isla de los Estados, podría contener un yacimiento suboceánico por lo menos tan rico como los del Mar del Norte”.
• Poco tiempo después el gobierno inglés encomendò a Lord Shackleton investigar sobre el terreno las perspectivas económicas de la zona. La prensa británica explicó la decisión diciendo que “los cateos realizados son lo suficientemente alentadores como para justificar una explotación comercial” y tras analizar el aspecto jurídico,. agregaba que “el gobierno argentino no puede ser un espectador pasivo”.
• El tema Malvinas comenzó a tener cabida en el periodismo británico por primera vez en la historia. El “Daily Telegraph” publicaba una versión según la cual la CIA estimaba que las reservas de las costas australes argentinas eran tres veces más importantes que las del Mar del Norte. “The Guardian”, por su parte, reproducía la opinión de Richard Gott, experto en asuntos latinoamericanos, en el que sugería el modelo adoptado para la restituciòn de Hong Kong a chi,a para resolver el entredicho político con la Argentina. El analista Michael Frenchman, en “The Times”, expresaba el punto de vista más radicalizado del laborismo, entonces en el poder, al considerar a las islas como “un colgajo inútil de los viejos días del imperio y un fastidio para la burocracia de un gobierno moderno”. John Retie de “Latin America Newsletter”, con evidente pobreza de don de profecía, agregaba: “Llegado el momento y en condiciones adecuadas, el gobierno de Gran Bretaña aceptará la transferencia de la soberanía a la Argentina”.

En la ecuación política en la que se jugaba el futuro del archipiélago se había introducido, como vemos, una variable: Su Majestad el Petróleo. Variable que comenzaba a introducirse en la vida de Buenos Aires, donde los directivos de las petroleras extranjeras hablaban al periodismo sobre el tema. Así Lucio Mazzei, presidente de Shell en la Argentina, declaró el 13 de diciembre de 1977 a la revista Mercado: “Tenemos una gran expectativa en encontrar importantes yacimientos de petróleo en el Mar Austral y Shell hará un gran aporte energético a la Argentina”.

En YPF, los técnicos de la empresa nacional creían que la zona que Shell había ganado en licitación en la región del Estrecho de Magallanes podría abastecer un volumen equivalente al 80 por ciento de la producción total de la Argentina.

Mercado también informó que había llegado al país el presidente del Offshore Centar, Walter Drysdale, empresario inglés, acompañado por representantes de las empresas británicas Atlantic Drilling, Baring Brothers, British Petroleum y CIB Offshore, de la Deutsche Schachtbaund Tiefbohrgessellschaft de Alemania, la Helmer Staubo de Holanda, la Micoperi de Italia, la Eastman de Estados Unidos y la Uniòn Industrielle et D´Entreprise de Francia. Todas ellas vinculadas a la explotación del Mar del Norte. En menos de una semana dejaron planteadas negociaciones, que los avatares políticos posteriores frustraron, por 3.000 millones de dólares de entonces, con las firmas argentinas Bridas, Astra, Techint, Auspetrol, Desaci, Agua y Energía, Gas del Estado, Cometarsa, Dálmine Siderca, Itralko, Siam y Asea.

Entrevistado por Mercado en esa oportunidad, Bernard Grossling aventuró que las nuevas prospecciones submarinas y satelitales permitían suponer la eventual existencia de reservas de petróleo y gas en la plataforma continental submarina argentina del orden de los 200 mil millones de barriles de petróleo. Con lo cual coincidía con el experto geólogo Antonio Pocovi, de YPF, que daba esa cifra para la isobata de hasta 200 metros, pero agregaba que en aguas más profundas podrìa esperarse encontrar otro tanto, por lo menos.

El Wall Street Journal, siempre atento al mundo de los macronegocios, el 3 de junio de 1981, un año antes del conflicto austral, dejó asentada una serie de datos que no podemos descuidar:

• El analista Bill Paul escribió que era “posible que la Argentina llegue a ser un importante exportador de petróleo, aún más importante que algunos miembros de la OPEP”.
“Geólogos internacionales, que han estudiado el país, dicen que la Argentina podría exportar hasta 300.000 barriles por día dentro de los próximos años”, agregó.
• La sola zona situada al este de Río Gallegos, una de las menos interesantes por su eventual potencialidad, según el diario económico-financiero, podría contener hasta 6.000 millones de barriles de petróleo, tras veces más que los yacimientos canadienses Hibernia, en explotación.

En Gran Bretaña sucedía un hecho político que modificaría substancialmente el estado de las largas y agotadores negociaciones entre ambos países que parecían ofrecer, bajo el laborismo, una salida equitativa para los mutuos intereses: los conservadores habían llegado al poder con el liderazgo de una mujer inteligente, ambiciosa y carente de escrúpulos: Margaret Thatcher. Una dama de clase media baja impregnada del espíritu victoriano y ansiosa de un encumbramiento personal.


Todo volvió, como dicen los abogados, a fojas cero.

Pero no solo la ambición política la guiaba; también la perspectiva de ser parte de un colosal negocio en el cual, según la percepción de la época, más allá de que se confirmen o no los vaticinios que hemos enumerado, se barajan cifras de alrededor de 6 billones de dólares; en la acepción castellana del término billones: seis millones de millones de dólares. Más o menos, el equivalente de cuarenta veces nuestra impagable deuda externa actual.

En 198l la Falkland Island Company, virtual dueña de las Malvinas, transfirió el control accionario al grupo químico Coalite, en cuyo directorio - y no creo que por casualidad – tenía un puesto ejecutivo el esposo de la primera ministra británica, Dennis Thatcher, un hombre cuestionado en el Reino Unido por su no demasiado transparente foja como hombre de negocios.

En 1984, la firma Firstand Oil and Gas Co., subsidiaria de Coalite, obtuvo una licencia por 30 años para la explotación de hidrocarburos en las Malvinas, el Banco Burwood y en un radio de 200 millas en torno al archipiélago. Curiosamente, el mismo radio aplicado por Thatcher a la zona de exclusión a la Argentina cuando se desató el conflicto.

Para comprender hasta qué punto se justifica el derecho a la autodeterminación de la minúscula población de las Malvinas, que pretende negociar de potencia a potencia con nuestro país, es conveniente que conozcamos cuál es su posición ancestral con respecto a la Falkland Island Company y a su sucesor, el grupo Coalite. Así lo describió el periodista Ian Jack, de The Sunday Times Color Magazine, en los años ´80:
“Los hombres de campo viven en casas añejas de la compañía, en tierra de la compañía. La tienda de los almacenes de la compañía deducen las facturas de los productos que trae el barco de la compañía de los salarios de la compañía. Mucha gente usa la compañía como un banco; la lana que esquilan de las ovejas va a Tilbury, también en los barcos de la compañía, donde descargan en los muelles de la compañía, se guarda en los almacenes de la compañía y se vende en el mercado de lanas de la compañía en Bradford. Mediante sus directores y sus accionistas y porque además es dueña de los únicos medios de transporte y comercialización existentes, la Compañía de las Islas Falkland ejerce su influencia sobre los otros pocos propietarios que existen en las islas. Para bien o para mal, las Falkland son las islas de la compañía”
 

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