MALVINAS: PODER Y PETROLEO (cont)

“!Ojo al Cristo que es de Plata!”

Por Sergio Cerón
Octubre de 2004

 

Todo señala que el pretexto de que el campamento de civiles había ostentado una bandera argentina en el lugar, hecho que no representaba ningún riesgo como eventual antecedentes jurídico en la disputa de soberanía, formó parte de la estrategia de Thatcher para escalar el conflicto hasta desencadenar una guerra perfectamente planeada.

¿Por cual razón?. Porque la posición jurídica de la Argentina en el seno de las Naciones Unidas era de indiscutible fortaleza, a punto tal de que había pocas dudas en el contexto internacional de que, finalmente Inglaterra aceptaría negociar la restitución de la soberanía. Ante la fragilidad de la diplomacia. sólo restaba provocar un acto de fuerza, embretar a los militares de Buenos Aires en una trampa de la que no pudieran escapar impunemente.

Al zarpar la flota hacia las Georgias, a Buenos Aires le quedaba una sola opción: abandonar el campo y aceptar las condiciones de la “expedición punitiva” o hacer pie en Malvinas sin derramar sangre inglesa y así crear las condiciones morales para una negociación ante los ojos del mundo.
La operación del 2 de Abril, comandada por el almirante Carlos Büserr, fue impecable. Setenta buzos tácticos argentinos desarmaron a la guarnición de medio centenar de Royal Marines y abrió las puertas a la guarnición de desembarco.

Margaret Thatcher buscó permanentemente la guerra. Y lo logró cuando, en una decisión que ha sido calificada por muchos juristas como “crimen de guerra”, ordenó hundir por el submarino nuclear “Conqueror” al crucero “General Belgrano”, fuera de la zona de exclusión de 200 millas, arbitrariamente fijada por su gobierno para las naves y aviones argentinos, cuando navegaba, con todas las luces encendidas, rumbo a Tierra del Fuego, convencido de estar al abrigo de todo ataque.


Todo indica que lo hizo urgida por la presión de las Naciones Unidas, cuando la mediación del presidente del Perú. Belaunde Terry, la acorralaba para aceptar una salida pacífica.


El parlamentario escocés Tam Dalyell, laborista, lanzó una dramática acusación desde su banca:

“El cargo concreto es que la Primer Ministro, fría y deliberadamente, dio la orden de hundir el crucero “General Belgrano”, a sabiendas de que una paz honorable estaba a punto de lograrse, y con la esperanza de que los torpedos del submarino hundieran el plan de paz peruano que ofrecía dicha posibilidad”

Es más, Dalyell también afirmó contar con pruebas de que antes de la invasión argentina Gran Bretaña realizaba aprestos de guerra.

Dos días después de la dolorosa pérdida de vidas argentinas en el mar, los ingleses recibieron una contundente réplica: la aviación argentina hundió el crucero “Sheffield”. Londres, dijo un testigo presencial, se paralizó al difundirse la noticia. La guerra no iba a ser un paseo.

Así lo testimonian analistas militares de todo el mundo:

• El coronel Jonathan Alford, vicedirector del Instituto Internacional de Estudios Estratégicos de Londres sostuvo que …”Quizá con solo un poco más de fortuna en los momentos críticos, la Fuerza Aérea Argentina podría haber obligado a Gran Bretaña a abortar la expedición”.
• El as de la aviación francesa de la Segunda Guerra Mundial, Pierre Clostermann, declaró: “Las pérdidas sufridas por los ingleses representan la derrota más grande de la flota británica en los últimos 50 años. Los daños que le causó la Fuerza Aérea Argentina son increíbles. Si hubiesen explotado todas las bombas arrojadas sobre los barcos, la derrota de la flota británica hubiera sido la más grande de su historia.”
• El especialista en guerra aérea, Milton Thomas, aseveró: “El valor de las tripulaciones argentinas asombro, pero más llamó la atención de los expertos cómo sistemas de armas que no estaban muy actualizados fueron capaces de violar la avanzada defensa del navío que se tenían prácticamente por invulnerables”
• Jack Anderson, prestigioso comentarista político de Washington, escribió: “Por distintos motivos, según los informes secretísimos del Pentágono, entre el 60 y el 80 por ciento de las bombas usadas por los argentinos no estallaban. No menos de seis barcos británicos tenían bombas sin estallar en sus cascos. Entre las razones de ellos se contaban la vejez de bombas de 250 y 500 kilos y el deterioro de sus mecanismos, el hecho de que muchas bombas fueron valientemente arrojadas a alturas tan reducidas que sus espoletas no tuvieron tiempo para funcionar”.
• Pierre Darcourt, desde las columnas del diario francés “Le Figaro” reconoció que “ los británicos han subestimado el peligro que representaba la aviación de combate argentina, la determinación y el valor de sus pilotos” y recalcó que… “El “Sheffield”, hundido en pocos segundos por un misil Exocet lanzado desde un Super Etandard, era la avanzada radar del dispositivo naval británico con la misión de detectar al enemigo. Buque especializado en la lucha antiaérea, fue sorprendido por un ataque aéreo llevado a cabo admirablemente”

Al terminar la guerra, la lista de bajas de la flota incursora fue la siguiente:

4 de mayo de 1982. Destructor Sheffield. Hundido por un Exocet.
12 de mayo de 1982. Destructor Glasgow (gemelo del Sheffield) Fuera de combate por bombas aéreas.
21 de mayo de 1982. Crucero liviano Antrim . Varios impactos de bombas sin estallar.
Averiado.
23 de mayo. Fragata Argonaut . Gravemente averiada.
24 de mayo de 1982. FragataAntelope. Hundida por bombas aéreas.
24 de mayo de 1982. Transporte de tropas Sir Lancelot. Averiado; bombas sin estallar.
25 de mayo de 1982. Destructor Coventry (gemelo del Sheffield). Hundido por bombas
aéreas.
25 de mayo de 1982. Carguero Atlantic Conveyor. Hundido por Exocet.
25 de mayo de 1982. Fragata Broadsword. Averiada por bombas sin estallar.
30 de mayo de 1982. Portaaviones Invincible. Averiado por Exocet y bombas
aéreas.
8 de junio de 1982. Transporte de tropas Sir Tristam. Destruido por bombas aéreas.
8 de junio de 1982. Transporte de tropas Sir Galahad. Destruido por bombas aéreas.
8 de junio de 1982. Barcaza de desembarco tipo LUM. Hundida por bombas aéreas.
12 de junio de 1982. Destructor Glamorgan. Fuera de combate por un Exocet lanzado
desde tierra por un equipo móvil de la Armada Argentina.

¿Pudo la Argentina ganar una guerra contra Gran Bretaña? La respuesta es no, si por tal consideramos un conflicto bélico extendido en el tiempo. ¿Pudo la Argentina derrotar a la flota inglesa en Malvinas, con lo cual era muy probable el derrumbe político de Mrs Thatcher y su reemplazo por un gobierno laborista que posibilitara una equitativa solución del histórico litigio?. En este caso la respuesta es sí. La importancia de las bajas experimentadas por la Task Force, el comienzo del invierno y los problemas de reequipamiento que experimentada el almirante Woodward, comandante en jefe de la flota incursora, así lo hacen suponer.

Queda, tal vez, una pregunta por satisfacer. Si los intereses de los petroleros tejanos movilizaron a buena parte del gobierno de Ronald Reagan a asociarse con la Argentina para explotar los hidrocarburos de su plataforma continental submarina, ¿por qué, en definitiva, Estados Unidos terminó por abrir los arsenales de la NATO para proveer de armas de avanzada tecnología a Inglaterra – misiles aire-aire Sidewinder de última generación, misiles antiradar para atacar a las baterías antiaéreas argentina y las bombas guiadas por laser Pavewy II de alta precisión – además de combustible y buques-taller que emparcharon los buques averiados para mantenerlos a flote?

Breves palabras para referirnos al cuadro estratégico mundial en esa época. La Unión Soviética controlaba Cuba en América Latina, donde bullía la guerrilla subversiva; tenía sus soldados y gobiernos amigos en Angola, Mozambique, Somalia, Etiopía, Yemen, Argelia y Libia; en el Medio Oriente varios gobiernos árabes eran aliados tácticos en la lucha contra Occidente e Israel y en el Extremo Oriente se alzaba el nuevo coloso chino, todavía adversario de Estados Unidos y sus socios.

Los dirigentes rusos comenzaban a advertir los primeros síntomas de disolución de su imperio, ante el desafío económico y tecnológico que le planteaba Ronald Reagan, con su anunciada estrategia de defensa espacial (“Guerra de las Galaxias”) que restablecería la supremacía norteamericana. Sólo les quedaba, a juicio de muchos analistas, la huida hacia adelante; es decir, lanzarse a la conquista de Europa para ampliar su espacio y tomar posesión de sus modernas industrias.

El balance de poder establecido por la mutua capacidad de destrucción por medio de los misiles intercontinentales obligaba a la Unión Soviética a poner en práctica la vieja táctica leninista de comer el salchichón tajada a tajada. Y a especular con que el horror a la devastación nuclear
limitara una eventual guerra al escenario europeo, donde contaba con la enorme ventaja que le daban sus instalaciones de misiles de alcance medio, armas tácticas que podían resolver el conflicto en zona geográficamente limitadas, llegando al borde del holocausto atómico, pero sin cruzar el límite.

Reagan, mientras intentaba – aún hoy no se pudo lograr el objetivo – armar su defensa espacial, necesitaba imperiosamente disuadir a los rusos de avanzar sobre Europa Occidental. Sólo podría lograrse ese objetivo, instalando sus propios misiles de alcance medio en bases europeas.

En ese momento surgió la garra política, la audacia y determinación de Thatcher. Ofreció facilitar, como realmente lo hizo, a Reagan bases en Inglaterra y en otros países de Europa (Alemania, Francia e Italia, entre otros) para que los misiles “Pershing” de mediano alcance equilibraran la ventaja estratégica de la URSS.

Ese fue el precio. Ronald Reagan no tenía opción posible. Entre los intereses de los petroleros tejanos, que en circunstancia normales hubieras sido decisivos y la necesidad de preservar a los Estados Unidos de un peligro cierto de enfrentar una guerra de consecuencias impredecibles, no vaciló.

La Argentina se encontró sola frente a su desafío histórico.

 

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