CLAVES DEL PLAN MARSHALL CHINO PARA LA ARGENTINA
 


Noviembre de 2004

 

El enorme negocio argentino con China pasa por la centralidad hegemónica anglolusitana de dos islas. Macao, de la cual transcribimos un extenso informe y Hong Kong. En los dos casos el fuerte acuerdo político y económico entre la iglesia católica, los intereses lusitanos, y los poderosos acuerdos energéticos en el Amazonas con Repsol pero también con Ecuador y los bancos Escoceses, sumado al involucramiento de Enrique Ezkenazi-el apostador fuerte de las operaciones bancarias del gobierno. y ya dueño de tres bancos en la Argentina luego de una sostenida carrera en Molinos Rio de la Plata y su paso por la Escuela de Defensa, hacen pensar que el nuevo plan Marshall chino para la Argentina conjuga los intereses del capitalismo brasileño,los intereses britanico-holandeses,la alianza Zorreigueta con la corona de Amsterdam no es un tema menor en ese asunto y la necesidad china de encontrar un hinterland o un espacio referencial externo. Un espacio mercantil capitalista genuinamente chino. Un espacio global para los tiempos de la globalización. Algo hasta psicológicamente parecido a un espacio chino en el mundo. Con solo el 7 por ciento de las tierras cultivables y una población masculina que gira en torno al setenta por ciento de personas a raíz de una política demográfica que despedazó los fetos femeninos,  China es el apostador de largo plazo que planifica a 30 o 50 años y que busca salidas expansivas a la vez en Australia, Canadá y naturalmente la despoblada Argentina.


El gran juego incluye intereses vaticanos, en particular el Banco del Spiritu Santo, fuertemente y logísticamente instalado en el Brasil,  los bancos escoceses, tradicionales aliados de Francia y las dos coronas, la británica y la residual corte de los Braganza. Que la próxima reunión del ala económica de la ASEAN para el desarrollo del Pacifico se desarrolle en Chile con la participación de Gerge Bush es un dato medular que no puede ser descuidado. Que los intereses ecologistas antichinos ya se estan manifestando con dureza en Ecuador y Brasil desarrolla los hilos de una narrativa ampliamente conocida. Finalmente que Lilita Carrio - una nueva filosofa de la vieja cocina setentista, la nouvelle cuisine,  haya comprado el menú demuestra que la izquierda liberal en sus distintas variantes continúa siendo una anticipatoria galaxia de una literatura retardataria. El plan se parece al tratado de Asociación con Italia desarrollado por el gobierno de Alfonsín y como aquel se trataba de financiar grandes obras, modernizar la infraestructura y de paso concretar el viejo sueño keyneseano del general Juan Carlos Onganía: trasladar la capitál del país a un lugar de inevitable aferramiento estrategico y geopolitico.


En el caso italiano las cosas no funcionaron bien, salvo para Techint y el grupo IRI, que casualmente se encuentra detras de este gobierno, y la permanente hostilidad entre los caudillejos provinciales, los decretos de prioridad nacional del Banco Nacion y la avidéz de caja del denostado -y a la vez sobrevaluado- profesor de Economía financiera, Domingo Cavallo.

EA.


Las raices culturales de una nueva penetración capitalista
Lo cierto es que para Portugal el traspaso de la soberanía china en Macao significó el final de un ciclo de más de cuatro siglos de presencia administrativa en Asia; para Europa, la desaparición del último vestigio de su proceso de expansión en dicho continente; para China, el adiós definitivo al “último símbolo del colonialismo” en su territorio. A diferencia de Hong Kong, la influencia de los factores culturales y sentimentales desempeña en Macao un papel preponderante. Macao tiene para Portugal un enorme valor simbólico. Desterrado de la patria, fue aquí donde Luís de Camoes escribió su obra cumbre, Os Lusíadas, y durante los 60 años de regencia española en el país vecino (1580-1640) la bandera portuguesa nunca dejó de ser izada en Macao. También cerca de aquí nació el Dr Sun Yat-sen, quien, en 1911, fundaría la República de China, una vez derribada la última dinastía imperial.


Con una población que se aproxima a los 400.000 habitantes, la fuerza económica de esta peculiar ciudad-Estado (en Boaventura Santos y Concepçao Gomes, 1998) tampoco es comparable en modo alguno a la de Hong Kong. Ello probablemente ha influido en su proyección exterior, que ha sido mucho menor. La ausencia de grandes disentimientos entre Portugal y China también ha restado protagonismo informativo al proceso de transición que ahora concluye. Incluso para los dirigentes chinos, a diferencia de Hong Kong o Taiwán, siempre presentes en sus discursos o en los análisis a propósito de la reunificación, Macao parece contar poco. Por un tiempo ha podido darse la impresión de que nadie quería responsabilizarse de Macao (en la Constitución portuguesa de 1976 no se considera a Macao como parte integrante de su territorio). En 1979, aprovechando la reanudación del contacto diplomático, se aclaró su status legal: un territorio chino bajo administración portuguesa.


Los orígenes de la presencia de Portugal en China se remontan al siglo XVI. Los navegantes lusitanos llegaron a sus costas tres siglos antes que los británicos a Hong Kong. Como señaló Jonathan Porter, profesor de Historia en la Universidad de Nuevo México, fueron los primeros en llegar y serán los últimos en salir. Naturalmente, el interés primordial de Portugal por China se centraba en el ámbito comercial, en especial para crear una vía alternativa a la Ruta de la Seda e incentivar el comercio con Japón. La ruta Goa-Malaca-Macau-Gagasaki hacía de Macao un puerto de gran importancia, y asi fue hasta la primera mitad del siglo XVII. Su excelente ubicación geográfica o las buenas condiciones de abrigo de su puerto no fueron suficientes, sin embargo, para remontar la declinación del comercio lucrativo con Japón debido esencialmente a las persecuciones de cristianos o a las luchas internas entre la dinastía Ming y los manchúes (en Ana María Amaro, 1998). A partir de 1845, buena parte del comercio, incluido el opio, se desvió también hacia Hong Kong acentuando así un inevitable decaimiento de la ciudad que se trató infructuosamente de superar mediante la exportación de esclavos como denunció el propio Eça de Queirós, por entonces cónsul de Portugal en La Habana, a donde llegaban los pobres chinos vía Macao (los cúlis) disfrazados como “emigrantes”. Oficialmente dicho comercio sería abolido en 1874.


Los chinos también estaban interesados en el comercio (a través de Macao llegaba el bronce de Japón que los mandarines utilizaban para fabricar las armas con que reprimir las rebeliones internas o la piratería) pero recelaban de los portugueses. Fueron los primeros navegantes europeos con los que tropezaron y de ese primer contacto surgieron los primeros equívocos que darían lugar a una creciente desconfianza de China respecto a los occidentales (en Fok Kai Cheong, 1996). Los portugueses llegaron a ser identificados como una especie de demonios. Las fuentes chinas de la época alertan sobre los actos violentos y homicidas de los navegantes occidentales, haciendo especial hincapié en su predilección por el rito caníbal. Si bien estas prácticas eran obviamente falsas, no lo eran sin embargo las historias de raptos de mujeres y niños para abastecer el comercio de esclavos que están sólidamente documentadas. No es de extrañar que un edicto imperial llegara a prohibir todo tipo de contacto y comercio con los extranjeros.


Pero las trabas de las autoridades chinas llevaron a los portugueses a comprometerse con actividades de piratería y contrabando, pasando a constituir una amenaza militar real que despertó la preocupación de Beijing cuando se registraron varios enfrentamientos armados con desigual desenlace para las fuerzas navales del Imperio Celeste. El comercio se autorizó entonces, primero sin tocar puerto y más tarde, limitándolo a Macao, una zona de la periferia que podía ser defendida con confianza, si bien otras fuentes, fundamentalmente chinas, defienden la tesis de la pura y simple ocupación, algo que se contradice con la aceptación del tributo (el llamado foro do chao) que pagaban anualmente al Emperador o la existencia de una aduana china en el establecimiento. Es lo que se dio en llamar la “fórmula Macao” que sugería no eludir el comercio con los extranjeros pero si someterlos a un severo control que sobre todo debía evitar el establecimiento de hipotéticas alianzas con los grupos rebeldes chinos obstinados en debilitar el Imperio. Los portugueses aplicaron dicha fórmula a rajatabla apoyando a la Corte imperial no solo en la represión de la piratería sino también de revueltas internas como la Taiping (uno de los más importantes levantamientos campesinos de la historia china).


El Macao de hoy arranca de la segunda mitad del siglo XIX, cuando las loterías y las casas de juego, junto con el comercio de opio y la prostitución, se convirtieron en el principal motor económico de la ciudad. Aún hoy, el juego proporciona prácticamente la mitad del total de los ingresos del gobierno de Macao. Buena parte de esa economía es controlada por un solo hombre, Stanley Ho, dueño de casinos, hoteles, bancos, una compañía de televisión, agencias turísticas, etc, empresas todas ellas agrupadas en la “Sociedade de Turismo e Diversoes de Macau”. Está previsto que este monopolio, que controla desde 1962, finalice el próximo 2006. Stanley Ho ha diversificado ya sus intereses y participa directamente en la financiación del nuevo aeropuerto (construido íntegramente sobre el mar), el puerto, el nuevo puente con la isla de Taipa, una nueva zona industrial o un barrio residencial. En los últimos años, la creación de la zona económica de Zhuhai y su proximidad a la de Shenzhen, vecina a Hong Kong, ha integrado a Macao en ese amplio espacio de prosperidad creado en el sur de China.
 

El negocio del juego es el principal activo y también el problema número uno de Macao. De una parte, desarrolla el sector servicios y fomenta el turismo. Unos veinte mil hongkoneses entran diariamente en sus casinos y unos seis millones de personas los visitan cada año. De otra, provoca sangrientas guerras entre sociedades secretas y mafias que se disputan el control de un negocio fácil que produce grandes beneficios (unos dos mil millones de dólares cada año). Se estima que las sectas están de una u otra forma relacionadas con el 95% de los crímenes violentos que se registran en Macao. La asociación de juego y crimen no es fácil aunque también éste ha diversificado unas operaciones que ya incluyen “servicios” a actividades legales como la inmobiliaria, un sector que cuenta con un nivel de influencia y penetración continental considerable y que a partir del 2003 probablemente se extenderá también al juego. Además de la prostititución (con cada vez mayor presencia rusa y de los países de Europa del este), las sociedades secretas de Macao se han especializado en la inmigración ilegal (los pasadores o cabeças de cobra), el cobro de deudas, la protección, la extorsión, etc.


En suma, Macao no dispone de la fuerza financiera o comercial de Hong Kong pero se trata de un microuniverso de gran complejidad. En los últimos años se han llevado a cabo diversos intentos de aligerar el peso del juego en su economía a través de la instalación de varias industrias manufactureras y transformadoras que han tenido su mejor momento en la década de los ochenta, favorecido por la política de apertura continental y la inmigración de mano de obra de las regiones vecinas. Actualmente, buena parte de estas industrias han entrado en crisis pero la inmigración (legal e ilegal) se mantiene y representa un gravísimo problema que amenaza la estabilidad social con fuertes implicaciones de las mafias (no solo para lucrarse del tráfico de personas sino también para obtener pistoleros a sueldo) y del empresariado local (los inmigrantes cobran prácticamente la mitad del salario de los residentes). Según datos de los servicios estadísticos de Macao, el peso de la mano de obra inmigrante es muy importante en sectores como el textil (56,9%) o juguetes (84,6%). Hay quien opina que China no se ha esforzado excesivamente en controlar ese flujo de mano de obra con el objeto de deteriorar la situación económica y social de Macao a fin de relativizar la distancia existente, en términos de desarrollo, con las regiones vecinas cuando se produzca la recuperación de la soberanía. Otras fuentes sin embargo, destacan que en varias ocasiones Beijing ha enviado unidades militares de élite a sus inmediaciones para intentar controlar la entrada ilegal de inmigrantes.


Los desequilibrios y las desigualdades sociales son profundas en Macao. Las barracas aún forman parte de una sociedad con una renta per cápita que ronda los 19.000 dólares anuales. Ni siquiera las “camas de alquiler” (varias personas comparten cama y habitación turnándose en el uso) han sido erradicadas, mientras se calcula que más de treinta mil apartamentos sobran en el mercado. Los salarios en la industria son bajos (la retribución media ronda las 2.000 patacas al mes que equivalen a unos 190 dólares) con una jornada semanal de cuarenta y ocho horas pudiendo alcanzar y sobrepasar incluso las 10,30 horas por día. Ni Portugal ni China, que controla tanto las asociaciones patronales como obreras, se han interesado suficientemente en alterar tal estado de cosas. Portugal desea evitar conflictos y solo acepta introducir cambios en la precaria legislación laboral si hay consenso; y China porque retribuye la lealtad de los empresarios de Macao con garantías de paz social.

 

 Continúa >>>


 

 

Háganos llegar su opinión sobre este artículo

Si utiliza nuestro material, por favor cite la fuente 

© Copyright 2000-2005 Harrymagazine (www.harrymagazine.com)

Mantenimiento: C & E asociados (www.ceasociados.com)     

 Portada