ELECCIONES EN MUNDO UNO (cont).


Noviembre 2004

El debate realismo/nominalismo
Porque inició el debate realismo/nominalismo en una discusion que le oponía al católico Thomas Molnar (Criticón, n°47, 1978). Traduje fragmentos de este debate para la revista neoderechista belga Para un Renacimiento europeo, luego Alain de Benoist reanudó esa discusion en Nouvelle Ecole. La Nueva Derecha manejó la etiqueta autorreferencial del "nominalismo" durante numerosos años. Desgraciadamente, el uso del término "nominalismo" por Alain de Benoist y sus seguidores fue demasiado a menudo inadecuado y, sobre todo, sin referencia a Blondel, Sorel y Papini,
mientras que Mohler, especialista de Sorel, conocia muy bien el contexto de la utilizacion de ese termino.


Mohler nos enseñaba en un artículo de Criticón - a desconfiar de las concepciones demasiado rígidas del "Orden" o de la "Naturaleza", como las que la escolástica y el racionalismo (cartesiano o no) habían avanzado- a abandonar el "mar muerto de las abstracciones" para entrar en "las tierras fértiles de lo real con sus irregularidades, sus imprevisiones y sus sorpresas" - a concebir toda alteridad como alteridad en sí, como alteridad autónoma, más allá del "bien" y del "Mal",como todas las gestiones que vuelven a dar al hombre su carácter aventurero, por lo tanto su dignidad sin ocuparse de las amonestaciones de los filósofos de salón, siempre dogmáticos y polvorientos, que se reclaman en la escolástica medieval o en una modernidad racionalista.


La crítica del Occidente de Richard Faber, católico de izquierdas
Porque llamó mi atención sobre la importancia de los trabajos de Richard Faber, profesor en Berlín y crítico amargo de las visiones históricas de las derechas alemanas


Para Faber, católico de izquierdas, es necesario universalizar el catolicismo, arrancarlo de sus raíces romanas, paganas y oficiales. ¡Es lo contrario de nuestra posición, lo contrario del catolicismo de un Carl Schmitt! Pero la documentación explotada por el profesor berlinés era tan abundante que completaba provechosamente la obra principal de Mohler, lo que reconocía de buen grado y deportivamente. El trabajo de Faber permitía una crítica del concepto de Occidente, en particular, de la voluntad americana de retomar el papel de la Roma imperial, poniendo a la vieja Europa bajo su tutela. Faber criticaba por allí algunas posiciones de Erich Voegelin, que proponía combinar sus opciones católicas conservadoras, pro-caudillistas, con la tutela americana en el marco de la alianza atlántica de la OTAN. Aunque no tenga en absoluto la misma óptica, la crítica del Occidente por Faber debe ponerse en paralelo con la de Niekisch, que era a largo plazo, una nueva alianza germanorrusa, actualización del tándem Rusia-Prusia de fines de la era napoléonica.

La mirada de Panayotis Kondylis sobre el conservadurismo
Porque animó a los lectores de Criticón, luego, más tarde, de Junge Freiheit, a leer atentamente la obra de Panayotis Kondylis sobre el conservadurismo?

El enfoque del conservadurismo que se encuentra en la obra de Kondylis es fundamentalmente diferente al de Mohler, en el sentido de que Kondylis considera que la base del conservadurismo ha desaparecido porque la clase de los aristócratas latifundistas desapareció o ya no es bastante potente y numerosa para para tener un peso político determinante. Mohler aceptó y asimiló las posiciones de Kondylis: reconoce la crítica del pensador griego que mantiene que todo conservadurismo post-aristocrático no es más que un estetismo (pero para Mohler, esto " no es una injuria!), sobre todo si no defiende la sociedad civil contra la influencia disolvente del liberalismo. Debe haber la obligacion, en toda la "derecha" no conformista de defender al pueblo real, es decir, a la sociedad civil contra las instituciones basadas en abstracciones filosóficas, pues, porque denegan la libertad


Wolfgang Welsch y el postmodernidad
Porque nos aconsejó leer las obras de Wolfgang Welsch sobre la postmodernidad 

Con mucha razón, Mohler constata que Wolfgang Welsch da a sus lectores un hilo de Arianna para situarse en la selva de los conceptos filosóficos contemporáneos, a menudo bastante indeterminados e incomprensibles. Es más, Welsch logra una interpretación "afirmativa" del fenómeno postmodernista, que nos permite abandonar alegremente la prisión de la modernidad. El postmodernismo de Welsch, revisado por Mohler, no es ni una antimodernidad radical y rebelde ni una transmodernidad, sino otra modernidad que se libera de los límites y rigorismos anteriores. El postmodernismo rechaza la "Mathesis Universalis" tan querida por Descartes. Luego de Jean-François Lyotard, no cree ya en los "grandes relatos" que prometían una unificación-universalizacion del mundo bajo los auspicios de una sola ideología racionalista. Este doble rechazo corrobora por supuesto las eternas intuiciones de Mohler. Y lleva, demás, el sello de
Nietzsche

Finalmente porque incansablemente nos invitó a releer a Georges Sorel y a explorar el contexto de su tiempo,

Sorel, era alérgico al racionalismo estrecho, a los pequeños cálculos políticos que realizaba la social-democracia. A este espíritu de tendero, llevado por una ética eudémonista de la convicción y por una voluntad de excluir de las memoria todos los grandes impulsos del pasado y de borrar sus rastros, Sorel oponía el "mito", la fe en el mito de la revolución proletaria. La ética burguesa, a pesar de su pretensión de ser racional, ha conducido a la desorganización e incluso a la desagregación de las sociedades. Ninguna continuidad histórica y oficial es posible sin una dosis de fe, sin un impulso vital (Bergson!).

 

Básicamente, cuando Sorel desafía a los socialistas aburguesados de su tiempo, sugiere una diferente antropología: el racionalismo corta lo real, lo que es malsano, mientras que el mito casa los flujos. El mito, indiferente a todo "final" tomado como definitivo o creado como ídolo, es el núcleo de la cultura (de toda cultura). Su desaparición, su rechazo, su inutilización conducen a una entropía peligrosa, a la decadencia. Una sociedad obstruida por el filtro racionalista resulta incapaz de regenerarse, de dibujar y despertar sus propias fuerzas en su relato fundador. La definición soréliana del mito prohíbe pensar la historia como un determinismo; la historia es hecha por raras personalidades que la impulsan en ciertas direcciones, en períodos axiales (Armin Moler reanuda la terminología de Karl Jaspers, que Raymond Ruyer utilizará a su vez en Francia). La vision mítica de las personalidades que la impulsan y de los períodos axiales es la concepción "esférica" de la historia, propia de la ND.

¿Durante estos 30 últimos años, la visión neoderechista sobre Rusia cambió considerablemente? ¿Cómo?

En los años 60 y 70, Rusia era casi inexistente en el pensamiento neoderechista . Se imaginaba en Europa Occidental que la división de nuestro subcontinente iba a durarmás de un siglo. Nadie emitía la hipótesis del hundimiento del sistema soviético. Amalrik era original cuando publico su famoso libro profético: ¿La URSS sobrevivirá a 1984? La mayoria tomaba sus tesis en broma. ¡Pero un año después de 1984, la perestroika comenzaba! Rusia se consideraba en aquella época como "oriental", como portadora de un "despotismo oriental" (Wittfogel, Toynbee), enfrentada definitivamente a un "Occidente" que se consideraba como quintesencialmente "liberal". Por otra parte, los cenáculos católicos evolucionaban hacia el progresismo cristiano (por un camino deológico insípido) o hacia un occidentalismo duro que les llevaba a aceptar la tutela americana sobre Europa y América Latina, donde Washington jugaba, en esa situación puramente artificial y propagandista, el papel de "brazo armado secular" de una nueva Roma vaticana en lucha contra la hérejia greco-moscovita. La Iglesia proseguía así su lucha contra lo que creía que era una encarnacion laica y materialista de la "hérejia bizantina". Esa separación ha existido siempre: no es una casualidad que Samuel Huntington, en el choque de las civilizaciones, tome en cuenta la división de Europa entre un "Occidente" protestante/católico y un "Oriente" ortodoxo- bizantino, esperando sin ninguna duda explotar en Europa algunos prejucios católicos antibizantinos, para movilizarlos contra un posible despertar de Rusia, bajo el signo de una mezcla de ortodoxia y post-comunismo militarizado

 

 

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