UN HURRA REPUBLICANO

Desde el desierto político argentino.


4 de noviembre de 2004

Escribe María Zaldivar.

mzaldivar2003@hotmail.com


El resultado de las elecciones norteamericanas no resultó un baldón para el partido demócrata de los Estados Unidos, que hizo una muy buena elección presidencial, a pesar de haber reducido su representación en ambas cámaras. Fue un silencioso cachetazo al resto del mundo; una lección de buen gusto; un ejemplo de dignidad colectiva; una muestra gratis de personalidad, de orgullo nacional y de coraje; una dosis homeopática de madurez, de independencia, de criterio y de independencia de criterio; un placer y un lujo, qué quiere que le diga.

Habremos leído cual letanía sobre los defectos de Bush y el peligro de su incontrolable belicismo, su falta de destreza política y la ilusión de un poder que no ejerce porque lo manejan, según fuese el opinólogo de turno, su padre, Laura, las corporaciones financieras multinacionales, los servicios de recontra inteligencia o la iglesia (vaya a saber cuál; da lo mismo, alguna).

Se lo pintó poco menos como un minusválido mental. Y allá fue Bush, lidiando con propios y ajenos; con el terrorismo internacional casi en soledad, con unos escasísimos apoyos políticos (vaya aquí un justísimo reconocimiento para Blair y Aznar). Y sin embargo, entre rencores y envidias, hoy es el presidente más votado de la historia norteamericana. Venció aún en más estados que hace cuatro años, amplió en cuatro millones de votos lo que en el 2000 fue una estrecha diferencia con su oponente, movilizó un porcentaje de votantes inusual (ya que, recordemos, en USA el voto es un derecho, no un deber) y obtuvo la mayoría en ambas cámaras.

Pero eso no es todo. Simultáneamente, la gente dijo masivamente “no” a la propaganda “anti-natura” que pretende otorgar idéntica legitimidad al vínculo matrimonial que a dos señores del bracete. Que los gays existen es una cosa, que no sean discriminados en los trabajos ni en la vida diaria, por supuesto, pero que se los habilite para la crianza de chicos es otra muy distinta. Así lo interpretan los americanos y así lo expresaron, probablemente respondiendo a aquel viejo principio de que “Una cosa es una cosa, y otra cosa es otra cosa”. Y porque no temen decir lo que piensan, aún sobre temas ríspidos; no padecen el prurito argentino a definirse, como cuando el radical López Murphy, Ricardo Hipólito para más datos, rechaza el mote de antiperonista.

Cuánto tenemos para aprender de esa masa humana de la que no pocos argentinos, con una falta de auto crítica vergonzosa, se burla pero le copia los tics que puede y adopta sus modas y comidas, mientras circula estúpidamente con la gorrita de los Hooligans y la visera en la nuca.

Esta página está dirigida a tres públicos diferentes: al pueblo americano en primer término, por el país que ha sabido construir, con admiración a su temple y a su buen juicio; a quienes, desde otras latitudes, festejamos casi como propio el triunfo republicano y soñamos con tal nivel de debate para nuestras respectivas sociedades, y al gran resto, ese que con amarga incredulidad vive como un mal sueño este inesperado revés; para los globalizadores de la berretada latinoamericana, adalides de nuestro vaciamiento institucional, pauperización económica, orfandad moral y decadencia educativa; a ellos, vaya un mensaje optimista: tienen cuatro años para digerir este sapo.



 

 

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