PAGINA 12 Y EL JUDAS DEFINITIVO

por: Edgardo Arrivillaga

Noviembre de 2004

 

Hace un tiempo que se de las inevitables agachadas, aprietes y censuras varias que ocurren en Pagina 12. Son inevitables y de alguna forma, no solo consustanciales al medio en sí mismo sino –esencialmente - al proyecto político que expresa. El discurso de Pagina 12, Pravda lo llamamos con cierta ironía desde hace unos meses en que se ha derrumbado la credibilidad de sus lectores y solo se salva por algunos excelentes trabajos en cultura y política internacional, es un relato pleno de significantes contradictorios como diría Beatriz Sarlo, una de sus inevitables y por momentos lucida colaboradora.

Pagina, como Liberación en Paris, combinaba la expresión seductoramente explosiva de la izquierda caviar. Era esencialmente de centro-izquierda en su posicionamiento interno pero la matriz del llamado nuevo periodismo - casi todos los jóvenes pasantes de Página son de TEA -Taller-Escuela-Agencia, o de la Facultad de Ciencias Sociales, en verdad de Ciencias Ocultas, los impulsaba irresistiblemente a admirar el filón de la cultura liberal americana. A la izquierda francesa y parisina le ocurrió exactamente lo mismo.

Mas cerca de Dashiell Hammet que de la agencia Granma, Pagina podía soportar prácticamente todo, menos la aparición de un gobierno de centro-izquierda neomontonero ligth y defensor blindado de los Derechos Humanos.

Ocurre que el componente intelectual setentista de Pagina nunca tuvo mayor interés en los Derechos Humanos y pertenece mas bien a esas sectas que a raíz de la proscripción del peronismo, consiguieron su minuto de expansiva libertad omnipotente en los pocos días del gobierno de Cámpora.

Para ellos, el golpe militar de 1976 nunca existió. Lo dio en 1973 con razonable anticipación el propio general Perón y todo lo que vino luego - excepto la primavera armada con rosas con camisa de bronce de las ametralladoras de Gorriaran Merlo y el proyecto de la izquierda radical- pertenece a una abstracción conspirativa que se mantiene con una coherencia envidiable entre Videla y el gobierno de Menen.

El mismo Bonasso, tiene dificultades para explicar porque Hugo Anzorreguy le pagó su estadía en Londres para escribir una hagiografía de Alfredo Yabran, lo cual arroja un fuerte manto de sospecha sobre los verdaderos documentalistas del primer libro exitoso de Bonasso, los Recuerdos de la Muerte, que si escarbáramos un poco encontrarían cierto paralelo con los Versos Satánicos de Rushdie. Uno y otro libro fortalecieron visiblemente y blanquearon en algunos casos tanto a la interna iraní, en el caso de Rushdie como la interna militar argentina en el caso de Bonasso. Eso explica mejor una espontánea declaración de Massera enviada como metamensaje con forma de exocet a la revista Tres Puntos " Bonasso escribe tan bien que si tuviera dinero le pagaría para que me escribiera " señaló con una sonrisa cuasi peronista el autoproscripto corsario.

Bonasso nada dijo al respecto pero los contemporáneos entendimos el mensaje.

Pero el problema es que Pagina tiene la irreflexiva contradicción moral de pretender ser el órgano de la izquierda argentina, modernamente revisitada por la socialdemocracia y un neoditellismo ya naufragante y a la vez estar escrita por las plumas setentistas montoneras que ven el duro trabajo periodístico como la prolongación metafórica del hecho revolucionario en cualquier parte del mundo.

El problema con Nudler y las reflexiones que ha desatado en la izquierda y en los medios liberales así lo reflejan. Los social-fascistas de Pagina, y los montoneros supérstites son básicamente eso, ya no pueden funcionar con los esquemas del periodismo moderno y a la vez estar en el poder .Esto se debe a que primero son cuadros, ergo militantes, luego periodistas comprometidos y allá a lo lejos, muy a lo lejos, ciudadanos.

No caeré en la inmunda contorsión de Vervistsky de atribuir la lucidez y el desencantado individualismo de Nudler a su cáncer terminal, aunque es cierto que las enfermedades terminales purifican y de alguna manera blanquean definitivamente todos los sepulcros y todas las conciencias. Dan mayor libertad de acción. Permiten pensar con rigor testamentario.

El ex agente del Sistema de Inteligencia de la Fuerza Aérea, en los tiempos en que la dirigía el comodoro Salinas, ha navegado por todas las aguas pero también ha ejercido la suprema arrogancia de atribuirse la figura del Bien, mediante esa contorsión mayor que obliga a la Fundación Ford a financiar monitoreos de izquierda para lavar los pecados básicamente antisemitas del fundador de la dinastía, quien se hizo escribir por el Bonasso de turno- El Judío Internacional-,un programa de genocidio intelectual realmente muy mal escrito, aunque bien pago.

Desde hace algunos años estos envejecidos muchachos, los Bonasso, los Vervitsky son los últimos traficantes de sangre y donantes de órganos que quedan en el país. Son donantes intelectuales de la sangre derramada por los genuinos combatientes que no luchaban por el orgullo gay, mucho menos por los Derechos Humanos sino simplemente por la concepción básicamente leninista del poder saliendo de la boca de un fusil. No contaron, en aquellos tiempos demasiado bien la cantidad ni el reglaje de tiro de sus propios fusiles y así les fue. Pero a esta pandilla que cultiva la longevidad casi mítica de los Montoneros hay que sumar a Juan Gelman, otro traficante de sangre humana, en este caso de sus propios parientes directos y a la vez artífice de la profunda censura anti-israelí que se ejerce en Pagina 12.

También en este caso y con una prolijidad que ningún bien hace a la causa palestina, surge el social-fascismo como materia de enseñanza obligatoria para entender los problemas del Oriente Medio desde la militancia de las redacciones argentinas.

El caso Nudler plantea un serio problema de conciencia para la izquierda, sobre todo para la nueva izquierda pero también nos hace pensar en la inevitable movilidad de la conciencia intelectual a la cual los Goebbels del gobierno de turno - en este caso el ex cavallista Alberto Fernández -quieren domar, corromper y desmovilizar para convertirlos exactamente como los montoneros en los setenta - en una maquina de guerra al servicio de los interés del Estado capturado algo espuriamente por los partidos.

La numerología tiene coincidencias admirables y - a veces -impensables. Doce eran los apóstoles y uno de ellos, el más dotado terminó siendo el inevitable hereje.

Con Vervitstsky el medio de centro-izquierda progresista de la cultura argentina ha encontrado a su Judas definitivo.


 

 

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