EL TERRORISMO NO LOGRARA IMPEDIR EL
INEVITABLE ENFRIAMIENTO DE
LAS RELACIONES RUSO-NORTEAMERICANAS

 

por ANDREW KUCHINS, The Carnegie Moscow Center

Diciembre de 2004


El Presidente VLADIMIR PUTIN ha manifestado su entusiasmo por la reelección del Presidente norteamericano GEORGE W. BUSH, como así también gran parte de la élite política de MOSCÚ. PUTIN ha dejado claro que cree que la decisión de los electores de votar por un segundo mandato de BUSH representa un repudio decisivo a los terroristas internacionales. La suposición que impulsa la preferencia de la élite política rusa por un nuevo mandato de BUSH, siempre y cuando sus opiniones no sean simplemente una cámara de resonancia del Kremlin, sostiene que los republicanos forjan sus objetivos de política exterior en base a sus intereses nacionales y no tanto a sus valores y que, en consecuencia, serán probablemente menos críticos de los asuntos internos de RUSIA.

Examinemos primero el tema del terrorismo con mayor detenimiento. No hay dudas de que, al menos retóricamente, BUSH y PUTIN comparten un odio similarmente visceral de los terroristas internacionales. Sus sentimientos son comprensibles, dado que RUSIA y EEUU han sufrido los ataques terroristas más debilitantes de su historia durante el gobierno de estos dos mandatarios. BUSH y PUTIN ven al desafío terrorista a través del mismo prisma, como un choque entre el bien y el mal en el que no puede existir ningún acuerdo intermedio o tintes de gris. Esta estructura mental, y la percepción de un enemigo compartido en Al Qaeda y en el Talibán, llevó a PUTIN a ofrecer una cooperación histórica sin precedentes durante la guerra norteamericana en AFGANISTÁN.

Desde entonces, MOSCÚ y WASHINGTON se han mostrado en desacuerdo con respecto a IRAK, y la idea de una sociedad estratégica para combatir el terrorismo suena ahora más hueca. De hecho, uno se pregunta si MOSCÚ y WASHINGTON se consideran mutuamente más un estorbo que una ayuda en los esfuerzos para combatir el terrorismo inspirado por los islámicos. En su mayoría, los rusos consideran la guerra en IRAK como un error estratégico que desestabilizaría aún más a MEDIO ORIENTE y que serviría como una importante causa de reclutamiento para Al Qaeda. Asimismo, tanto republicanos como demócratas en WASHINGTON están ampliamente de acuerdo en que la brutal guerra librada por el KREMLIN y sus fracasadas políticas en CHECHENIA han exacerbado el peligro terrorista para RUSIA. La serie de ataques terroristas perpetrados en el verano pasado, que culminó con lo ocurrido en BESLAN, obligan a WASHINGTON a preguntarse si RUSIA no será el eslabón débil de la así llamada “guerra contra el terrorismo”.

Cada país tiene un plato repleto de problemas en IRAK y en CHECHENIA. No es realista que EEUU espere algún tipo de ayuda significativa por parte de RUSIA en IRAK. Por otro lado, parecería improbable que RUSIA acepte la ayuda de EEUU o de otros países en CHECHENIA. PUTIN podría desear genuinamente que EEUU resulte exitoso en IRAK; la Administración BUSH ciertamente no quiere que CHECHENIA siga siendo un refugio de terroristas. Pero esperar que la relación entre EEUU y RUSIA crezca en importancia en base a sus actividades antiterroristas no parecería ser algo muy prometedor en este momento.

Examinemos la segunda suposición de la élite política rusa con respecto a la inclinación realista y pragmática de los republicanos, frente a los demócratas, supuestamente moralizadores e idealistas. La realidad es más complicada. Existen alas pragmáticas e idealistas en cada uno de los dos partidos. Los neo-conservadores republicanos comparten con muchos demócratas un optimismo casi ideológico con respecto a la primacía de la democracia y la capacidad norteamericana de promoverla en el exterior. Están unidos en su crítica contra el creciente gobierno autoritario en RUSIA y sus implicancias potencialmente peligrosas para la seguridad europea. Si bien comentaristas rusos no han tardado en puntualizar el gran número de ex – funcionarios de la Administración CLINTON que firmaron la “carta de 112” a la NATO y a la UNIÓN EUROPEA criticando las políticas internas y exteriores de PUTIN a principios de este otoño, no deberíamos olvidar que los signatarios también incluyeron un cierto número de importantes figuras republicanas, incluyendo al Senador JOHN McCAIN. La iniciativa de la carta surgió de ambos partidos, y a principios de este año, McCAIN junto con el Senador demócrata JOE LIEBERMAN, introdujeron una iniciativa bipartidista para considerar la expulsión de RUSIA de los G8.

El grado en que la segunda Administración BUSH será crítica de los desarrollos internos en RUSIA, como así también de su política exterior, dependerá de dos factores. Primero y principal, los desarrollos en la misma RUSIA. En la medida en que RUSIA adopte un rumbo cada vez más autoritario, y esto esté combinado con una política más dominante frente a las ex – repúblicas soviéticas, es inevitable que ocurra un enfriamiento en las relaciones entre EEUU y RUSIA.

El segundo factor es la importancia que la Administración BUSH asigne a su alianza con RUSIA en los próximos años. Recuérdese que en la carrera electoral del 2000, e inicialmente como presidente, BUSH era muy crítico de RUSIA. Pero después de seis meses de iniciar su primer mandato, el deseo de BUSH de promover la defensa misilística y de expandir la NATO lo inspiraron a meditar con más profundidad, y RUSIA ocupó un lugar más alto en su lista de prioridades. Más tarde, la necesidad de combatir una guerra en AFGANISTÁN después del 11 de setiembre hizo que RUSIA cobrara una importancia aún más grande para WASHINGTON, y escuchamos muy pocos comentarios críticos acerca de los asuntos internos rusos.

La forma de lidiar con el programa nuclear iraní podría constituir el tema clave que requerirá la ayuda de RUSIA durante el segundo mandato presidencial de BUSH; es decir, si prevalece una solución diplomática cooperativa en lugar de una solución militar. Pero aquí RUSIA será uno de varios jugadores clave, y por ahora los europeos están tomando la iniciativa. Una vez que el tema de YUKOS sea finalmente resuelto, la alianza energética entre EEUU y RUSIA podría recuperar el ímpetu perdido. Algo muy imprevisible podría cambiar drásticamente los cálculos sobre RUSIA en WASHINGTON, pero lo más seguro es que, como máximo, RUSIA seguirá siendo una prioridad secundaria para la Administración BUSH, cuyos objetivos primarios son estabilizar a IRAK, reforzar el actual dólar en proceso de devaluación, y promover una ambiciosa agenda socio-económica interna. Cuanto menos exija BUSH a su amigo VLADIMIR, menos serán las limitaciones que su gobierno sentirá con respecto a evaluar críticamente las políticas interna y exterior de RUSIA. Bajo esas circunstancias, no debemos esperar pronto un cambio en la tendencia a un enfriamiento que se ha registrado en las relaciones entre EEUU y RUSIA.

 

 

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