LA AMIA DE ANIBAL IBARRA

por Luis María Bandieri

Enero de 2005


Ahora vendrán las acusaciones cruzadas, los dictámenes de expertos pedantes y pedestres, los titubeos judiciales. Todos quedaremos inmensamente dolidos y convenientemente desnorteados- Los políticos llorarán con un ojo y con el otro se aplicarán a escrutar cómo aprovecharse del luto para demoler a un adversario. Tratemos de poner la mirada más lejos y más alto, para atisbar lo profundo. De otro modo, los cadáveres apilados de nuestros jóvenes tendrán la charlatanería por responso y por último acto la necropsia.

¿Por qué se hacinan, se estrechan y se anudan muchachos y muchachas en los festivales de rock? La respuesta es simple, y seguramente ha sido expuesta antes que ésta, formulada por un profano que se quedó en el bandoneón y que cree que “Yesterday” es un inmenso tango de los Beatles. Los recitales son grandes actos litúrgicos, realizados en un tiempo y espacio sustraídos a sus funciones ordinarias, que tiene a los grupos o bandas como oficiantes y donde se consuma un sacrificio, a veces cruento, que apunta como objeto a los asistentes, catecúmenos y fieles.

 

Los muchachos y muchachas amontonados, por vía del ritual –ritmo y letra salmodiada- y también de la cerveza, del empastillado, etc. que integran también a igual título el rito, entran en otro estado de conciencia donde el “yo” se suprime por el “nosotros”- Afuera del templo rockero y su ecúmene amuchada está el mundo ancho y ajeno de los viejos, el laburo y la yuta. Los cancerberos que separan uno y otro universo son los “patovicas”, con los que suele haber chispazos y pugnas.

 

Quede en claro que resalto el carácter litúrgico de los recitales y, en ningún momento, aludo que resulten un rito satánico. Es probable que haya ceremonias satánicas que utilicen el rock, pero eso no lo demoniza en su totalidad. No es de mi resorte dar salvaguardias de ortodoxia.

 

Me permito recordar, de todos modos. que Bob Dylan actuó ante el Papa, que Bono y U2 son católicos, que Tina Turner –una especie de Tita Merello del rock- es budista confesa y Cat Stevens pedisequo del Islam. Michael Jackson simpatizaba con los testigos de Jehová, aunque puede sospecharse que ahora le hayan dado de baja por sus deslices pedófilos.

Los antiguos podrían haber dicho que los recitales rockeros se integran en el culto a Dionisos –y Nietzsche lo habría suscripto. Pero el culto a Dionisos constituía un desorden enmarcado dentro de límites que los celebrantes tenían muy en cuenta, así como el uso restringido de sustancias estimulantes.

 

Nosotros, modernos perdidos en la posmodernidad, disciplinados para la interpretación de los hechos a la luz de los grandes relatos ideológicos, anotaríamos que los chicos y chicas quieren manifestar un rechazo de la vida ordinaria, del “sistema opresor”, a través de instrumentos suministrados por el sistema mismo, por medio de rebeldes que, en puridad, son acólitos del status quo, cobran de él por discográfica interpuesta y se desenvuelven a través de personajes del submundo, como el mentado Chabban de Cromañón.

Creo que Dionisos nos queda grande y la interpretación ideológica, acertada en su nivel, resulta demasiado estrecha. Nuestro mundo está poblado de dioses inferiores y crueles que exigen insaciablemente sacrificios. A un dios menor, el desarrollo, le entregamos cada tanto poblaciones marginales. Otro relacionado, el turismo masivo, se come en una marejada a los chicos y empareja, por un momento, al turista y a su servidor, haciendo flotar codo a codo sus cadáveres entre escombros (aunque, luego, al cuerpo del turista se lo identifique y repatrie, mientras que los de los otros son amontonados en fosas comunes).

 

Al confort y a la velocidad, sacrificamos semejantes (miles al año) en calles, autopistas y carreteras, sirviéndonos de la estafa del seguro como laxante de conciencia. La guerra civil internacional expandida en el planeta sacrifica a la población civil antes que al soldado. Y se ha tomado por mártir no al que muere dando testimonio (eso quiere decir mártyr en griego: testigo) sino al que se lleva con él más muertos inocentes al otro barrio. La violencia sacrificial circular de que hablara René Girard está presente en el tope de nuestra vida civilizada.

 

Sólo el cristianismo, decía Girard, puede poner fin a esa rueda sacrificial, desde el momento en que se funda en el sacrificio de un inocente. ¿Dónde está la liturgia que cierre los sacrificios, para oponer a las liturgias que los reabren constantemente y, lo que es peor, sobre un ara inútil? No tengo la respuesta, pero frente a toda esa sangre joven despilfarrada, me animo a poner la pregunta.-
 

 

Háganos llegar su opinión sobre este artículo

Si utiliza nuestro material, por favor cite la fuente 

© Copyright 2000-2005 Harrymagazine (www.harrymagazine.com)

Mantenimiento: C & E asociados (www.ceasociados.com)     

 Portada