La paga de los soldados: los costos de la guerra y el precio del valor imperial

 

Por P.G.Peterson

Traducción de Alberto A. Jarchum

Enero de 2005

P.G.Peterson es el Presidente del Consejo de Relaciones Exteriores, del Instituto de Economía Internacional y del Grupo Blackstone. Fue Secretario de Comercio en la Administración Nixon. Este artículo está adaptado de su libro “Corriendo con el tanque vacío : Como llevan nuestro futuro hacia la quiebra los partidos Demócrata y Republicano y que pueden hacer los americanos al respecto “ .

Los costos de ser una superpotencia

El presidente George W.Bush ha definido al terrorismo como la más grande amenaza para la seguridad de los EEUU desde la Segunda Guerra Mundial y ha declarado que la guerra contra el terrorismo debe ser afrontada “por años y décadas y no días o semanas”. La mayoría de los americanos concuerdan con esta afirmación y con la necesidad de pagar el precio que sea necesario para costear esta guerra. Pero cual es el precio ¿Y como van a pagarlo los EEUU ?


Aparece como una certeza ahora de que el envejecimiento de la población de los EE.UU. - que enfrenta un desafío fiscal masivo en las próximas décadas- va a desembocar en una era de grandes compromisos adicionales a nuestra agenda nacional. Otros dos temas, aparte de los costos de seguridad, requieren atención debido a sus profundas conexiones tanto a la seguridad como a la performance económica y fiscal de los EEUU: la creciente dependencia financiera de los EEUU con respecto a los extranjeros y el extremado envejecimiento que se abate sobre el resto del mundo desarrollado.

Para parafrasear al poeta John Donne, ninguna nación es una isla, mucho menos una superpotencia que tiene las responsabilidades de los EEUU en un nuevo y peligroso mundo. Pero comprometer a los EEUU a un rol mas amplio mientras se permanece ciegamente ignorante del costo final del mismo es un tremendo desatino. Está claro cuales son los temas de largo plazo que tienen que enfrentarse: la seguridad económica versus la seguridad nacional; la seguridad social versus la seguridad nacional y los contribuyentes de hoy versus los contribuyentes de mañana. Hasta ahora, los líderes de los dos partidos mayoritarios no han hecho casi ninguna mención a estos temas y mucho menos exponerlos seriamente. Cuando se trata del futuro económico y fiscal de largo plazo, los líderes de los EE.UU. son mudos, tanto en los problemas domésticos como en los problemas globales.


Primer problema o desafío global: La guerra contra el terrorismo

En Setiembre del 2003, cuando todavía caían lluvias de bombas sobre Bagdad, el Presidente Bush efectuó un pedido de gasto por emergencia de guerra de U$S 87 mil millones. Era el pedido mas grande desde los meses de apertura de la Segunda Guerra Mundial. Los detalles de costos que llegaban desde el campo de batalla eran pavorosos. Por patrullar el “Triángulo Sunita” en Iraq, el ejercito quería 595 vehículos Humvees extras a un costo de U$S 250.000 cada uno. Otras 60000 tropas necesitaban trajes blindados de tres piezas: U$S 5000 cada uno. Todos los días, las necesidades logísticas de las fuerzas en Iraq requerían docenas de convoys de 30 camiones desde Kuwait y Turquía apara llevar todo, desde medio millón de botellas de agua mineral hasta innumerables aparatos electrónicos todos provistos por 6.000 contratistas civiles. Entretanto, el sol y la arena causaban mas daño a los equipos que lo que lo hacían las emboscadas de los insurgentes. Cada vehículo de combate Bradley que interviene en Iraq necesita rieles nuevos cada 60 días a un costo de U$S 22.576 por unidad. Los helicópteros de ataque Apache, en interminable necesidad de mantenimiento, devoraron por sí solos la friolera de U$S 1,3 mil millones en repuestos en el año 2003. Los costos de ingeniería y construcción terminaron siendo (y aún lo son) miles de millones de dólares por encima de las estimaciones originales.


En síntesis, la asombrosa efectividad de las fuerzas armadas de los EE.UU. es algo que se ha dado con un no menos asombroso despliegue de precio. En la mayor parte de la historia de los EE.UU., ir a la guerra era como organizar un gran programa federal de empleo, donde terminaban haciendo la mayor parte el trabajo reclutas de bajo costo y entrenamiento rápido. Hoy en día es casi como un lanzamiento a la Luna de la NASA, que abarca un respaldo logístico masivo por atrás de un cuerpo de capital físico de alta tecnología manejado profesionalmente. Sólo el hecho de mantener dos divisiones para “operaciones de estabilización” en Iraq cuesta U$S mil millones por semana, mantenerlos por un año completo costaría el producto bruto total de Nueva Zelanda.


Por si fuera poco, desde el 11 de Setiembre el ejército de los EE.UU. ha estado planeando invertir aun más en maquinaria de guerra para sobreponerse al saldo de sus debilidades: reacción lenta a las crisis en regiones remotas e inexperiencia en el manejo de amenazas como terrorismo, guerra de guerrillas y armas de destrucción masiva. Aun después de eliminar algunos planes viejos (como el sistema de artillería Crusader) el costo total de esta transformación militar va a ser enorme.


La provisión de armas, que cayó a un mínimo de U$S 50 mil millones por año en la mitad de los 90, está programada para llegar a U$S 100 mil millones por año para el año 2010 – mas que el máximo alcanzado en la era Reagan en términos constantes. En el pizarrón figuran las brigadas ligeras Stryker, acorazados invisibles de características excelsas, naves de bajo perfil super rápidas para combate de costa, y toda la parafernalia de ciencia ficción de la próxima generación del ejército conocida como “Fuerza de Objetivo”. Estas armas van a comprender cañones de alcance remoto, “armas de rieles” electromagnéticas, mulitas robóticas, aeronaves tácticas no tripuladas de largo alcance, misiles de ataque ambulantes y sistemas sensoriales digitalizados.


Aunque la Administración Bush está ensayando una estimación de estos nuevos costos en sus proyecciones para el presupuesto de defensa, la mayoría de los expertos creen que estos están subestimando seriamente el costo futuro total de la guerra contra el terrorismo. Por empezar, la administración se niega a hacer proyección alguna sobre operaciones militares futuras; planea asegurarse los fondos a través de apropiaciones de emergencia (léase decretos de necesidad y urgencia (1)). También, mucho de lo que es nueva tecnología esta aún bajo desarrollo y en consecuencia es susceptible de sufrir grandes sobrecostos.


La Oficina de Presupuesto del Congreso recalculó recientemente las proyecciones de la administración bajo el supuesto, en primer lugar, de operaciones continuadas pero decrecientes en Iraq, Afganistan y otros lugares y, en segundo lugar, que el ritmo de sobrecostos se mantiene a valores históricos para los nuevos gastos. Los resultados dejaron pasmado a mas de uno: los gastos de defensa de la próxima década llegarían a costar 18 % más que la proyección oficial. Si se incluyen los costos por intereses, este exceso agrega U$S 1.1 billones en nuevos gastos, una sobrecarga presupuestaria mas alta que el costo de los primeros 10 años de Medicare (plan de salud pública de los EEUU 2).


Aun estas cifras no reflejan, ni el costo de nuevas operaciones militares en el exterior que, según la encuesta Gallup 3 de cada 4 americanos lo considera muy probable, ni el permanente aumento de las tropas en actividad, sobre lo cual insiste el Congreso aún en contra del mismo Poder Ejecutivo.

 

(1)Nota del traductor

 
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