LA TRAGEDIA DE CROMAGNON

por José Luis Fernández Valoni

Enero de 2005


Aunque ahora estamos todavía en un desfile de pronunciamientos mediáticos de funcionarios políticos de diversa laya y jerarquía, entre los cuales nadie asumirá sus culpas, es claro que la responsabilidad tanto política como legal, es compartida por el gobierno nacional y el de la Ciudad, más allá de la actitud criminal de los organizadores del recital, que no sólo pisotearon normas vigentes, sino que violentaron las más elementales recomendaciones surgidas del sentido común.

La incertidumbre sobre a quien le cabe, en última instancia, la responsabilidad por la seguridad porteña, es la fuente originaria de la tragedia.

La inseguridad pública que hoy castiga brutalmente a tantas familias de la Capital Federal está fuera de todo criterio orgánico y lejos de corresponder a una sociedad organizada sobre la base de la ley y la constitución y es la consecuencia natural del desorden institucional y político en el que está sumergida nuestra comunidad porteña.

Más allá de la buena voluntad de los profesionales y la solidaridad de los jóvenes y vecinos protagonstas de estremecedores episodios de conciencia y desesperación, por ayudar a los afectados por el incendio, las imprudentes bengalas son hijas de la cultura de la transgresión, de la falta de educación y de control, de la ignorancia y el desorden, y todas ellas socias de la puerta encadenada, el exceso de público y los materiales inflamables, productos no sólo de una desmedida ambición comercial, sino también de la degradación colectiva de público, funcionarios, artistas y empresarios.

La fatalidad no está en el fuego, el humo o el calor, ni en la exhaltación del rock de “Los callejeros” y la desgracia de los jóvenes que murieron asfixiados y aplastados en la disco, sino en que sus referentes, muchos padres y la mayoría de los adultos, seguirán soportando y apoyando el estilo transgresor e iconoclasta impulsado por el gobierno nacional, la escandalosa ineficiencia del gobierno de la Ciudad, la incuria dolosa de los inahallables servicios de control, seguridad y justicia, la hipocresía y escasa actitud de supuestos defensores del pueblo y de los derechos humanos, la muchas veces exhacerbada especulación mediática, morbosa y mediocre.

Y, mientras tanto y dramáticamnte, se encuentra agazapada y al acecho de las próximas víctimas, la que pudiera ser otra futura tragedia.-



Buenos Aires, 31 de diciembre de 2004.-

 

José Luis Fernández Valoni
Acción Popular



 

 

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