CROMAGNONES DE TODOS LOS DIAS:
LA AGENDA DE LA GENTE ESTA MUY LEJOS
DE LA AGENDA DEL SISTEMA.

Agenda Estrategica.

Febrero de 2005

 

1. Hay algunas desgracias que son tan grandes y evidentes, que no se las puede ocultar, tal como ocurre con otras, que, por ser cotidianas, parecieran “naturales” y producto del “destino”, aunque en realidad no lo son. El genocidio infantil y juvenil, producto del hambre, las enfermedades evitables o la drogadicción, entre otras calamidades, son tan trágicas y dolorosas, como las de la “República de Cromagnon”. Sin embargo no tienen prensa; no son “noticia” para los medios.

2. El presente magnicidio, transformado más en “interna política” que en búsqueda de la verdad, saca a la luz algunos de los efectos visibles de la “cruda y decadente realidad argentina”. Lamentablemente las verdaderas “causas” que originan la suma de nuestras desgracias no siempre logran llegar al gran público. El “circo mediático” trata continuamente de acotar los temas, reduciéndolos a lo circunstancial (los “efectos”) y evitando sacar conclusiones (las “causas”) de fondo. Todo lo mediático transcurre en el plano “táctico”. Lo secundario predomina sobre las prioridades. Se sigue “construyendo diariamente la opinión pública” ……….

3. Miles de niños mueren de hambre y por enfermedades evitables en nuestro país; millones de argentinos sin trabajo y sin dignidad; miles de muertos por la inseguridad que genera el crimen organizado; la macro-tolerancia con el narcotráfico; un 40 % de argentinos por debajo de la línea de indigencia; un 30 % de la clase media reducida a condiciones de pobreza vergonzante; “micro-cromagnones” sociales cotidianos; un país, con una decreciente importancia mundial: todos estos hechos son los “efectos” que tienen las mismas “causas” y casi los mismos responsables.

4. Igualmente, la “corporación política” que conduce la principal ciudad del país, quedó gravemente expuesta y en crisis terminal, aunque se resista y apele a todos los trucos posibles (consultas populares y otras artimañas). Como siempre, política y justicia vienen mezcladas, con la reiterada intención de confundirnos. No contribuye a una mejor institucionalidad que los políticos hagan justicia y la justicia, haga política. Hay responsabilidades que son de la esfera estrictamente penal que tiene que resolver la Justicia. Las responsabilidades políticas que son las de mayor magnitud porque siguen afectando nuestras vidas, son compartidas por toda la “corporación”.

5. La Autónoma (¿no fue intervenida?) Ciudad de Buenos Aires tiene la virtud (o el defecto) de ser la capital mediática del país, la vidriera internacional y el ejemplo representativo del país. Por eso es importante sacar conclusiones generales y no particulares. No es casualidad que Kirchner, Scioli, Duhalde, Solá y otros han salido a defenderlo (ó atacarlo levemente, como Carrió y Macri) a Ibarra. Son la “corporación política” en su máxima expresión institucional y partidaria. Son los que también están seriamente cuestionados, así como todo “el sistema” que la sostiene: los grupos de intereses económicos e ideológicos, empresas de medios y “encuestadoras”. La sutil “jugada” del sistema es hacernos “girar”, tramposamente, alrededor de Ibarra únicamente.

6. Partamos que éste ha reconocido públicamente que su gestión ha sido pura simulación, al indicar que la responsabilidad de lo ocurrido es “de todos”, y que “todos” sabían que ninguna ordenanza se cumplía estrictamente (sic). Su “mala praxis” personal es harto evidente desde hace años. Su “estudiantina”-neoliberal-progresista tuvo finalmente que reconocer que su legitimidad está seriamente cuestionada. Pero no está solo. La llamada “oposición” es también su “cómplice necesario”, ya que nada hizo para poner en evidencia esa grotesca simulación de gestión, antes que ocurrieran los hechos. Hay que sumar además a la Prensa, que alababa su gestión “cultural” y sólo criticaba “algunos baches”. Además, ¿dónde estaban los “periodismos de investigación” enfocados sobre Ibarra y su “demo-simulación”.

7. Las victimas también tienen su pequeña cuota-parte de responsabilidad en todo esto. Por un lado, la ciudadanía (la mayoría silenciosa), “aguanta” hasta el infinito la actual decadencia, sin reaccionar (anomia social) contra las causas políticas que están llevando al país a su ruina. Por el otro, se acepta pasivamente: la “imbecilización” (producto del mega-ruido “atontante”), estado de “euforia” que entorpece la percepción del peligro; las letras alabando el “consumo” y la evasión mental, convirtiéndolos en carne de cañón para el narcotráfico; y la profundización de la falta de rumbos éticos o religiosos como guía de una vida sana. Al menos por ello, también son parcialmente responsables. La guerra cultural librada para debilitar a los pueblos, utiliza estos elementos para masificar y degradar la conciencia de los ciudadanos, en orden a manipularlos, transformándolos en meros “consumidores”, hoy de rock, de “noticieros” o de “fashion”, mañana de “drogas”. No interesa tanto el producto como el proceso de transferencia de las responsabilidades (libertades) individuales hacia los que manejan las “tramas”. Interesa el estado de indefensión, consecuencia de cerrar los ojos a la realidad. Muchos lo hacen. Algunos no.

8. Sin defender antiguos y perimidos estatismos, pareciera que la desaparición del Estado, como concepto de Poder a ser ejercido, o mejor de Autoridad a ser respetada, ha calado hondo en todo “el sistema político”, sea por izquierda o por derecha, así como en ciertos estamentos de la sociedad. No hay actualmente autoridad para poner el orden justo y necesario. Entonces rige la ley de la selva y los débiles (generalmente el ciudadano raso) quedan a la merced de los poderosos (“el sistema”), hasta que estalle alguna rebelión que lleva al desorden y al caos. Los cargos políticos son elegidos (y tienen prerrogativas especiales) para ejercer esa autoridad responsable. La condición sine qua non para quienes lo ejerzan es tener un compromiso con los fines y el rumbo correcto (el bien común) y la capacidad de gestión para llevar adelante su cometido. Si representaran solo sus propios intereses (económicos o ideológicos) la situación se desbarranca y ocurre lo que está ocurriendo.

9. Lo mismo acontece cuando se simula hacer algo y se postergan las soluciones o se dilatan indefinidamente las decisiones. Todo parece que funciona, pero irremediablemente seguimos acercándonos al abismo. Igualmente nefasto es no tener un “orden” dado; o considerar que: no hay una relación causa-efecto; que la verdad es algo relativo; que la objetividad no existe; que no hay una ética buena y otra mala; que la “trasgresión” es un modo de defender a los más necesitados. La idea de que el orden es algo malo, es conceptualmente errada, ya que para cambiar (hacia un orden mas justo) es necesario tener claro cual es el nuevo orden a lograr.

10. No está claro si conociendo o desconociendo estas simples verdades, la corporación política solo se entusiasma en perfeccionar sus medios para entronizarse y no logra salir de su oscura confusión con los objetivos (los fines) y el orden a lograr. Se desespera buscando el “Poder” de las sillas del Estado, pero como éste fue vaciado de autoridad (o de legitimidad), solo obtienen un “poder político” pobre, sin sentido trascendente para el pueblo. Este vacío de autoridad estatal solo es útil para el libre accionar de los poderes reales, hoy en su mayoría transnacionales, siempre ocultos tras bambalinas.

11. La “agenda” de la gente está lejos de la “agenda” del sistema. Sus problemáticas son tan diferentes, que hay un abismo entre ellas. Se defienden derechos humanos “universales”, pero se olvidan los de las victimas reales de nuestro pueblo. Se defienden “universales” derechos jurídicos de las empresas de servicios públicos, pero no se consideran los intereses de un pueblo hambreado por los errores (horrores) de las políticas económicas sostenidas públicamente por dichas empresas. Así se podría seguir con otros ejemplos, a izquierda y a derecha.

12. Hagamos un pequeño ejercicio prospectivo, en orden a analizar lo que razonablemente podemos esperar en el “futuro cercano” (octubre 2005). Hasta esa fecha la “prioridad de la agenda” será lo electoral. Nos “informarán” sobre alianzas y demás cotillón electoral, sazonado con múltiples promesas de todo tipo. Kirchner, mientras negocia con el establishment económico, aunque siga discurseando “por izquierda”, logrará unificar las elecciones en una misma fecha y acaparará el previsible triunfo peronista para si mismo y se reafirmará en su objetivo de intentar un segundo mandato a partir del 2007. Los caciques feudales provinciales (los Ibarra) se atornillarán a sus sillones, “siguiéndolo” a Kirchner, aunque no tengan la menor afinidad política o ideológica con él. Son patéticos los casos de Figueroa (ex ultramenemista) en Santiago del Estero o de Colazo (UCR), gobernador de Tierra del Fuego. Pura practicidad de la “corporación”. La llamada “oposición” se pondrá contenta si consigue alguna mayor cantidad de bancas en las Cámaras y “todos felices”. Al día siguiente de la elección se aumentarán todas las tarifas de servicios públicos. Previamente se retirará Lavagna del escenario, para ser designado Director del BID –Banco Interamericano de Desarrollo- y asumirá Mario Blejer en el Ministerio de Economía (Ph D. en Chicago, hombre muy cercano a Cavallo, quien lo puso a cargo del Banco Central, ex funcionario del FMI, echado por su inoperancia en la crisis asiática) quien comenzará inmediatamente a negociar la postergación de pago de los bonos post-default (BODENES y otros bonos emitidos por Lavagna durante el gobierno de Duhalde y de Kirchner) ya que son impagables, porque el dinero de la caja estatal no alcanza para pagar toda la deuda. El gran “negocio” de la pago de coimisiones por las renegociaciones de la deuda continuará firme. El crecimiento seguirá amesetándose; las exportaciones disminuirán por la baja de los precios de los commodities. El dólar seguirá firme en la nueva convertibilidad del 3:1. La inflación seguirá relativamente baja (menos del 5%). Lavagna, apoyado por Duhalde, esperará su turno para candidatearse a la Presidencia en el supuesto caso que la imagen de Kirchner decayera demasiado, siguiendo la máxima de Lampeduzza, que algo debe cambiar para que todo siga igual. Duhalde seguirá manejando la Pcia de Bs As y desde allí seguirá con el control del PJ nacional.

13. Todo esto va a ocurrir y nada cambiará sustancialmente. El manejo de la situación sin las prioridades de la “agenda” de la gente (“las causas”) tendrá como “efecto” la continuación de la pobreza generalizada, de la corrupción, de la inseguridad, del desempleo, de la falta de educación (que también enciende bengalas), de la mega venta de drogas, de la enorme desnutrición infantil, del clientelismo político, de los interminables Planes Sociales tan necesarios para “construir” una mentalidad clientelística entre los desocupados.

14. La realidad, para el que la quiera ver, está allí. Frente a nuestros ojos. En esto, todos somos responsables. Si seguimos engañándonos a nosotros mismos y nos dejamos encandilar una vez más con las falsas propuestas de los falsos profetas del “seguí, dale que va”, no tenemos derecho a seguir quejándonos. Esta decadencia nos está matando lentamente a todos, de una u otra forma. Y nos seguirá matando si no hacemos algo para cambiar de rumbo. Porque la falta de Proyectos también es una forma de muerte lenta.

15. Para cambiar hay que comenzar a: desconfiar de los medios de comunicación que lucran con la desinformación y el desconcierto; descreer de “encuestas de opinión” realizadas con preguntas que alientan el resultado buscado; fortalecer a los valores permanentes, predicando que existe lo bueno y lo correcto y rechazando lo malo y lo incorrecto; ser firmes y fuertes para defender estos conceptos; interesarse por el destino de nuestros hijos; rechazar “el negocio” que gira alrededor del concepto de “derechos humanos”; saber que una buena democracia se la reconoce mas por sus valores fundamentales que por sus “mecanismos electorales”; practicar una menor tolerancia hacia “lo transgresor”; desechar los discursos hipócritas y formalistas; no entrar en el excesivo individualismo del “sálvese quien pueda”; jugarse por los propios ideales; repudiar el mercantilismo imperante (hasta de la vida humana); reclamar públicamente un “juego limpio” para los intereses del bien público; no caer ingenuamente en la trampa del sistema, negándole posibilidades a gente honesta, porque “no son muy conocidos” (miren las barbaridades que hicieron los conocidos de siempre); enviar cartas a los diarios con sus opiniones y fundamentalmente, no callarse: dejar de ser la mayoría silenciosa.

16. Si bien resulta algo dificultoso desmantelar el “contubernio”, no hay mas solución que encarar esa tarea. Y debe surgir desde abajo .Tomando conciencia de ello, la situación podría modificarse rápidamente.
 

 

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