Título de la nota: Metrópolis

 

POR EDGARDO ARRIVILLAGA

Febrero de 2005


Cuando Aníbal Ibarra derrotó a Domingo Cavallo en la puja por el control de la Ciudad de Buenos Aires, la mayor parte de los sectores progresistas pensaron que habían encontrado un islote de moralidad y laicismo en esta deslumbrante pero decadente cabeza de Goliat, que posee un producto bruto igual al de Bélgica. Pero las cosas no fueron así. Ibarra no posee la fuerza de Giuliani, quien aniquiló la delincuencia en Nueva York, no es la figura progresista como Rutelli, el hombre que quiso dar un matiz ecológico a la Ciudad de Roma ni tampoco es un extremista de la estética constructivista como Albert Speer, el arquitecto procesado en los juicios de Nuremberg. Ibarra es simplemente un ex PC prestado a la justicia, un hombre de la justicia prestado a la política y esencialmente un pasivo y flemático administrador de la corruptela ciudadana que aniquiló las posibilidades de crecimiento equitativo de la capital argentina en los últimos veinte años.

Lo que la mayor parte de los ciudadanos ignoran, y el reciente allanamiento a las oficinas de Abel Fatala es un claro indicio de las cosas ocultas de la ciudad, es que una paciente arquitectura jurídica montada con inteligencia, con paciencia y con refinamiento permite que sectores esenciales de la Ciudad, financiada por todos los contribuyentes, funcionen como verdaderas empresas privadas dentro la enorme máquina de la producción de obras y servicios capitalino. Y no estamos hablando simplemente de los normales, por lo menos para los códigos paramafiosos argentinos, retornos en los sectores de compra. Estamos hablando de algo mucho más complejo que implica a Subterráneos de la Ciudad de Bs. As., Ceamse, Corporación de Puerto Madero, y las Autopistas Urbanas que no son exactamente las autopistas del sur de Francia que describiera magistralmente Julio Cortazar o Ballard en sus historias de existenciales embotellamientos.


Es cierto que la Ciudad posee por lo menos un sistema de contralor, que depende de la Legislatura local pero la estructura del organismo de carácter pluripartidario poco puede hacer con ensayos de laboratorio que se enfrentan con el muro del dinero de los intereses concretos.


LA FABRICA DE HIELO DE LAS LEYES
La mayor parte de los abogados sabe que el espíritu de las leyes no es aséptico. Sonríen. Son amables. Sostienen ambiguamente que los resortes del derecho son acompañados por la mitad de sus bibliotecas, pero que poseen exactamente en la otra mitad de sus bibliotecas, una adecuada panoplia de argumentaciones que invalida a las primeras.


Este aspecto gélido de la ley es lo que permite que empresas que operan en el marco de la Ciudad de Buenos Aires, que se encuentran encuadradas jurídicamente dentro del marco del derecho privado puedan funcionar de forma paralela, subrepticia y subterránea como simples seudopodos del enorme pulpo conformado por la Administración Pública capitalina.

 

Cuál es el soterrado negocio de todo esto?

Es una virtual tercerización de trabajos que posee los adecuados resortes legales en si mismo como para evitar todo control legislativo y permite que alguien disfrute de inevitables dividendos clandestinos

Cuál es el procedimiento?
Ocurre que las obras no corresponden a un plan de desarrollo urbano concebido e integrado desde la racionalidad que contemple las necesidades de una población con un crecimiento vegetativo importante sino que se realizan en forma discrecional mediante un artilugio administrativo que equivale a las viejas ordenanzas virreinales. En lenguaje técnico esto equivale a utilizar procedimientos que esquivan sea la promulgación de decretos como el contralor legislativo de las obras encomendadas.

Y entonces recordamos que las leyes son fábricas de hielo.
En el caso concreto de sociedades de las cuales el Gobierno de la Ciudad resulta ser accionista mayoritario como ser la Corporación de Puerto Madero o Autopistas Urbanas, el esqueleto jurídico es el de sociedades comerciales de derecho privado, que pueden realizar cualquier construcción u obra que le encargue el GCBA ya que como sociedades, pueden realizar cualquier emprendimiento que se encuentre dentro de su objeto social -siempre que sea lícito el mismo-, y consecuentemente de ese modo, los mismos no necesitan ningún tipo de clasificación de prioridad o costo. La empresa se limita a ejecutar lo que le piden como cualquier empresa privada.


 

Desde el punto de vista legal dirigido a las corporaciones esto es impecable, pero desde la óptica de la Ciudad que es quien encarga o encara sus emprendimientos esto es inevitablemente cuestionable, ya que hay una tácita impunidad con respecto a la evaluación y control por parte del poder legislativo. Tampoco se conoce el criterio que prioriza la necesidad de las obras no pudiendo determinarse si en la zona sur resulta más indispensable equipar un hospital o construir un atractivo shopping de alto consumo.

También hay que considerar que el problema de la tercerización de los emprendimientos a través de empresas del gobierno tracciona cuestiones de orden impositivo, ya que las empresas que son sociedades anónimas deben tributar impuesto a las ganancias, IVA, Ingresos Brutos y si son sociedades anónimas del estado sólo pueden gozar de la exención impositiva si lo solicitan expresamente a la Afip, cosa difícil en estos tiempos de penuria recaudatoria.

 

Lo cierto es que los ciudadanos financian un Gobierno capitalino que posee secretarías que están en capacidad de ejecutar obras, o concesionar servicios sin necesidad de hacerlo a través de sociedades. Esta claro que esto evitaría la falta de control en el gasto existente actualmente, la discrecionalidad en los emprendimientos, y la exención impositiva en forma directa que redundaría en mayor porcentaje de ingresos para la Ciudad. Sintéticamente podemos decir que lo que no se paga en impuestos ingresaría a las arcas comunales, otorgaría mayor autarquía financiera a una Ciudad que todavía no sabe como pagar su poder judicial y policial propio y equivaldría a un inevitable mejor aprovechamiento de los recursos.


Pero fuera de lo jurídico hay dos elementos que llaman la atención: la ausencia del cavallismo en sectores claves que conforman los ganglios retroalimentadores del control efectivo de lo que se hace en la Ciudad y el ascenso político de un ex nacionalista reciclado en el delarruismo que hasta 1999 revistaba como secretario de Producción y Servicios del gobierno, desempeñándose simultáneamente como miembro del directorio de una de las empresas de la Ciudad.

Si esto es lo que ha emergido y no se ha modificado de las elecciones capitalinas, la República de Weimar está. clásica metáfora urbana - a la vuelta de la esquina y la mujer robot, emblema de la estética prehitleriana del mejor Fritz Lang tiene peligrosas posibilidades de clonación
 

 

 

 

 

 

 

Háganos llegar su opinión sobre este artículo

Si utiliza nuestro material, por favor cite la fuente 

© Copyright 2000-2005 Harrymagazine (www.harrymagazine.com)

Mantenimiento: C & E asociados (www.ceasociados.com)     

 Portada