¡Salud pueblo de Irak!

Por Maria Cristina Montenegro

Febrero de 2005


Caminar entre los paneles preparados para preservar el secreto, propio de todo sufragio democrático, marcar en la papeleta el partido de su preferencia y sumergir parte del dedo índice en la tinta azul, para certificar su asistencia al acto electoral, no constituyó, para el ciudadano iraquí, ni un acto rutinario ni un tranquilo paseo de casa a los locales de votación.(1)(2)


Entre amenazas de muerte, el ruido atronador de las bombas y el sonido de helicópteros y aviones sobrevolando sin cesar el espacio, un pueblo comenzaba a elegir otro destino. Burlando la muerte agazapada en cualquier recodo del camino, de ida o vuelta a casa, la ciudadanía iraquì dio muestras de coraje cívico y demostró al mundo que el hombre, sea de donde fuere, puesto a elegir... elige la libertad.


A cincuenta años de la última elección, y a pesar de las amenazas terroristas, millones de iraquíes concurrieron a las urnas para elegir sus representantes ante la Asamblea Constituyente que deberá elaborar la Constitución post Saddam.


El hecho no deja de tener ribetes relevantes: jalona el camino democratizador prometida en oportunidad de iniciarse la Guerra de Irak. De más está decir que muchos, dentro y fuera de Irak, apostaron al fracaso confiados en que la amenaza terrorista, con su aleve cuota de sangre, derribara la voluntad de los ciudadanos, buscando en la vulnerabilidad cívica lo que otrora resultara en ganancia en el 11S madrileño: forzar la voluntad popular. El mismísimo Zapatero, Jefe del Gobierno español, envió sus felicitaciones al pueblo iraquì, como sostiene Sánchez Cámara “ Lo que hace falta ahora es saber si éste le dará las gracias. Es difícil saber si habrá o no democracia en Irak. Lo que no es difícil es conjeturar que, en su caso, nada le será debido al Gobierno de Zapatero.” (3)


Las distintas fuentes periodísticas y los mensajes de los políticos involucrados dan cuenta de un porcentaje del 60% de votantes, alrededor de 14 millones de ciudadanos, torciéndole el brazo de una historia fatal: la que escribiría con sangre y fuego el terrorismo si sus amenazas hubieran tenido éxito.


El mosaico iraquì representa todo un desafío para los políticos que surjan del mandato popular, sobre todo teniendo en cuenta las posiciones de los tres grandes grupos: chiítas, kurdos y sunnitas, además de turcomanos y otras minorías. Esto ha quedado en claro en el acto electoral del domingo cuando chiítas y kurdos asistieron masivamente a los locales de votación mientras la abstención se hacía sentir entre los sunnitas. Grupo que constituye el 20 % del total de la población, quienes obedecieron al boicot impulsado por los líderes religiosos y los jefes terroristas vinculados con Al-Qaeda, fundamentalmente el jordano Abu Musab al-Zarqawi,
A partir del domingo se ha puesto en marcha el proceso de creación democrática. Tras la elección de los 275 miembros de la Asamblea Nacional se deberá elegir un presidente y dos vicepresidentes quienes nombrarán al primer ministro y el gabinete. Estos deberán ser ratificados por la Asamblea.


Una vez elaborada la Constitución, el pueblo iraquì será convocado a un referéndum, previsto para el mes de octubre, a fin de aprobar o rechazar la Carta Magna. Si la Constitución es aprobada se votará, en el mes de diciembre, para elegir las autoridades definitivas. En caso de que la Carta sea rechazada se convocará a elecciones para elegir representantes ante una nueva Asamblea Constitucional.


Lo dicho no es una dato menor puesto que, pasada la euforia de la manifestación cívica, habrá que pensar en dar, al grupo sunnita, algún tipo de representación ante la Asamblea Nacional y en la distribución del poder entre los grupos existentes. Atraer al juego democrático a los sunnitas y hacerlos parte en la construcción del nuevo Irak no sólo favorecerá la integración de los ciudadanos de esa confesión sino que le quitará al terrorismo la base de sustentación que tiene en ese sector.


Sortear las tentaciones fundamentalistas de los chiítas, los vencedores indiscutibles de la jornada, evitar las consecuencias del separatismo kurdo, alimentada durante años al rescoldo de las represiones de Saddam e incorporar a los sunnitas en una convivencia constructiva reserva no pocos escollos a la recién nacida democracia de Medio Oriente.

 

Democracia tutelada que deberá fortalecerse rápidamente para asumir el imperativo de ser un país democrático en el corazón de un mundo donde la ambición de tiranos y déspotas disfrazó de cruzadas religiosas o étnicas sus propias apetencias megalómanas, sustrayendo a su gente de la conciencia de aquello que el hombre tiene por dignidad connatural: la vida y la libertad como valores universales.


Es evidente que la jornada electoral es sólo el inicio del camino, un duro, intrincado y largo proceso que implica reconstruir un estado, cerrar las heridas de la sociedad y buscar los consensos necesarios para unir sectores y grupos religiosos y étnicos detrás de un proyecto común de nación moderna, democrática y plural.


Pero la lección inicial la ha dado el pueblo iraquì. Luego de guerras, tiranías, revoluciones y guerras civiles, muerte, hambre y destrucción algo puede pasar... más allá ... la libertad

(1) La escalada insurgente dejó 44 victimas entre civiles, militares y terroristas. Los ataques fueron particularmente intensos en la zona conocida como “ triángulo sunnita”
(2) Pese al extraordinario dispositivo de seguridad adoptado en todo el país, por lo menos 44 personas –entre ellas nueve atacantes– murieron en una cruenta serie de atentados dirigida a hacer fracasar el proceso electoral. Diario La Nación 31-01-05

(3) Democracia en Irak por Ignacio Sánchez Càmara. Diario ABC 01-02-05
 

 

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