LOS YABRANES CLONADOS DE LA
ADMINISTRACION PÚBLICA ARGENTINA
 

Febrero de 2005

por: Lic. María Zaldívar

 

¿Son inimputables nuestros funcionarios? Los hechos prueban que lo son aunque no está muy claro el motivo. ¿Incapacidad permanente o transitoria sería el diagnóstico? Su inimputabilidad ¿tiene fin, como la de los menores, o es indefinida como la de los discapacitados mentales, por ejemplo?


La comprobación empírica demuestra que es más permanente que pasajera. Dicho de otro modo: pase lo que pase ya sea en hechos, gravedad o tiempo, nada atenta contra la inmovilidad de los funcionarios.

 

Y encima, rige una especie de ley de obediencia debida al revés: cuanto más alto es el cargo, menos responsable es el empleado público.


Ejemplo: cuando el episodio de Cromañón, el secretario del área se apartó casi inmediatamente pero no quien lo nombró. Esto es, mientras la renuncia es el reconocimiento de su falta de idoneidad para el cargo, su jefe no es responsable de haberlo seleccionado mal. Mecanismo curioso. Moraleja 1: se castiga la responsabilidad menor. Moraleja 2: ojo con prestar colaboración que, cuando surja un problema, quien te convocó entregará tu cabeza con una agilidad digna de mejor causa. Si los países que progresan insisten con el valor del trabajo de equipos, no creas que ello se aplicará en el quehacer público argentino. Acá, el líder no es el vértice superior de una pirámide de individualidades pujantes sino el único con vida de una pila de cadáveres políticos. Si bien su base de sustentación es sólida, por lo inmóvil; aunque también es cierto que tanto deshecho humano amontonado produce un olor que, más tarde o más temprano, vuelve irrespirable la atmósfera.

Hay que reconocer una inquietante alteración sensorial en la población argentina, con marcada tendencia a profundizarse: se acostumbró a ver las mismas caras y a oír las mismas voces y los mismos discursos, ante los que manifiesta una capacidad de reacción seriamente diezmada. Con el gusto desmejorado, el oído y la vista empobrecidos, es razonable estimar que el olfato tampoco esté pasando por su mejor momento. Pero como la vida no es una postal, bien podemos esperar que los argentinos despierten de su letargo y reaccionen al mal olor, a los discursos fútiles, a las palabras huecas, a la acumulación de mentiras y a la galería de impresentables que pueblan los despachos oficiales de los 3 poderes del estado.

Como decía Churchill, “si están soñando, quiere decir que están dormidos”.

Justo es reconocer también que, desde fuera de ese círculo perverso, tampoco hay quienes oficien de espejo para ilustrar de lo que nos estamos perdiendo. Una oposición desleída y mal preparada, aflanada y petisa que chancletea torpemente tras los acontecimientos es toda la opción de la que disponemos.

Mientras el presidente guatemalteco Oscar Berger solucionó una huelga de controladores aéreos desatada en el principal aeropuerto internacional de su país despidiendo (sin posibilidad de reincorporación) y reemplazando a la totalidad los operarios, Aníbal Ibarra no puede con los artesanos de la Recoleta.

Y mientras cierto sector oficial de Guatemala, nostálgico de populismo, pretende impulsar la importación de autos usados con el argumento de ampliar el acceso al vehículo propio, los empresarios locales interpretan la medida como un abaratamiento, sí, pero de la calidad de vida de la sociedad e instan a mejorar la producción, a incentivar la competencia y a nivelar para arriba. ¿Se acuerda Ud. de lo que era eso? Un principio olvidado por el grueso del empresariado argentino, lamentablemente.

Un poderoso hombre de negocios que en la década pasada hizo una compra millonaria adquiriendo la totalidad de los aeropuertos que el estado argentino puso a la venta, hoy, luego de casi una década de incumplir aquel contrato que libremente firmó, vuelve a hacer negocios con el estado. Paga deuda con el bien adeudado. Parece un trabalenguas pero, ante todo, es una vergüenza.

Eduardo Eurnekian se asocia hoy al estado a quien debiera pagarle un canon por la explotación de tan rentable negocio, como es la administración de más de 30 estaciones aéreas. ¿A quién va a beneficiar ahora la autoridad pública cuando Aeropuertos Argentina 2000 pida reducción de precios y otras ventajas? ¿Va a terciar a favor de los intereses nacionales o de su socio, esto es, de sus intereses propios? He aquí la vieja trampa del estado empresario. Otra vez. Kirchner se puede sentir satisfecho. Lleva el record en firma de decretos de necesidad y urgencia y en nombramiento de embajadores políticos (esos que entran por la ventana). Su mujer es la primera dama más viajada de la historia; entre ambos han reducido a anécdota eso del protocolo. Y ahora, ya tiene su Yabrán.

Eso sí, la oposición no descansa; ya está afinando el lápiz para aprontarse en el armado de las listas. No vaya a ser que los agarre desprevenidos el cierre de los tiempos electorales. Y allá irán, los mismos cadáveres, a veces cambiados de partido por una cuestión meramente instrumental (figurar uno o dos lugarcitos más arriba puede significar la diferencia entre seguir abulonado a una banca o tener que salir a ganarse el pan a la vida real en algunos casos, por primera vez). Y el resto estaremos de vuelta, gracias a la confluencia de formas y de fondo entre el oficialismo y la oposición, eligiendo entre falsos defensores del pueblo y falsos profesionales; eternos rejuntados.

 

 

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