Cónclave : entre un Papa global
o el retorno al guante de terciopelo

 

Abril de 2005


El gran triunfo de Juan Pablo II ha sido devolver a la iglesia católica su liderazgo. El papa polaco ha restituido a los católicos pero también a los cristianos en general el orgullo de la fe para luchar con los pecados, el totalitarismo y las amenazas del mundo material.

Karol Wojtyla emprendió una gran lucha por la libertad individual para defender el derecho personal de escoger y entregarse a Dios. Primero contra el comunismo, luego sobreponiéndose al anticipatorio atentado de un musulmán, después contra el materialismo capitalista, siempre contra el aggiornamento que dejó una iglesia débil, postrada.

Para el papa muerto, al que por esa devolución del poder y el liderazgo a la tiara ya llaman Magno o Grande, la libertad de la persona guiada por el espíritu sometido a la iglesia era la mejor forma de manifestar la gloria de Dios de forma marcadamente concreta en la tierra.

Fue un papa que despojó a la izquierda y el progresismo la corona de la liberación individual. Pero también ha sido el principal inspirador de una nueva derecha que comprendió la necesidad de fortalecer y argumentar su mensaje envolviéndolo en la moral.

Aprendieron bien los neoconservadores norteamericanos primero y más tarde sus seguidores europeos y ya esta bastante claro que sin el Papa como liquidador oficial de la Guerra Fría el avance sobre el área medioriental no hubiera sido posible. Los dos hechos están íntima, táctica y estratégicamente entrelazados y sobre esto volveremos oportunamente.

La izquierda se había apropiado desde los años 50 del pasado siglo de la bandera de la lucha por el yo y su radical libertad (de conciencia, sexual, cívica, de las banderas del bien morir). De la eutanasia, en fin .

Juan Pablo II luchó con un mensaje revolucionario, nutrido de rigor, creencias firmes y orgullo, contra las facilidades del hedonismo, que dieron en la falta de compromiso y la desorientación de tantos jóvenes que hoy inevitablemente observamos.

El papa polaco conocía en carne propia la importancia del partido y su guía en el comunismo, la necesidad de expulsar a los desviacionistas, y aplicó la práctica revolucionaria del leninismo a la iglesia católica.

Y probablemente por eso los más jóvenes fueron los primeros en volver sus voluntades hacia él, Papa políglota y tronante. Totus tuus, esa radical voluntad de entrega a Dios, al camino de la santidad (cercano a Escrivá de Balaguer y los movimientos neocatecumenales), la exhibición constante de ánimo y apoyo con sus viajes y palabra, el ejemplo de cientos de nuevos santos y miles de beatos, entre ellos los católicos y religiosos muertos y asesinados en las instancias y capítulos de la larga Guerra Civil Europea. Wojtyla explotó el poder del mensaje y los símbolos en la era de la imagen. La iglesia recuperó el poder de los iconos y el verbo Y también en eso ha sido el más grande de los propagandistas católicos, un empeño y misión a la que la iglesia parecía haber renunciado.

Por eso ahora, en un mundo marcado por la lucha entre la globalización y sus opositores, con el resurgimiento de un Islam combativo y la búsqueda del mensaje religioso como norma espiritual y de vida, el cónclave tiene definición crucial.

Por tradición a un papa conservador sucede uno más liberal. Esa ley del péndulo se vio hace poco en la Conferencia Episcopal española, no en la Argentina sometida a presiones que la harán replegarse sobre su propia identidad. Pero lo cierto es que un papa menos riguroso que Wotyla puede sofocar prematuramente la llama encendida. La iglesia deambuló con muchos liderazgos apaciguadores hasta que la furia carismática del polaco le devolvió su cetro al vicario de Cristo y a su grey.

El cónclave tiene una difícil misión. Se habla de un papa del subdesarrollo: quizá latinoamericano por cantidad de fieles; quizá africano, mariscal en el principal campo de batalla Islam/cristianismo. Un papa de entre los gentiles para simbolizar la universalidad no etnocéntrica de la iglesia y su mensaje. Salir del ámbito judeocristiano. Los italianos quieren recuperar el espacio perdido en este largo cuarto de siglo de un papa venido del frío.

Pero la elección del nuevo papa enfrenta el dilema imperial. ¿Será un papa fuerte y ortodoxo, de mensaje sin fisuras, o sucumbirá la iglesia a la sosegada tentación del guante de terciopelo?

Esto son los elementos que debemos observar.

 

 

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