EFECTO DOMINÓ

 

Abril de 2005

Por Gabriela Pousa

Desde la asunción al poder en Mayo de 2003, Néstor Kirchner ha dejado en claro que su etapa al frente del poder estaría soslayada por un individualismo extremo. A los pocos días, ese peculiar modo de enfrentar la jefatura de Estado, se la denominó “estilo K”. Desde entonces, cada conducta del primer mandatario capaz de sembrar polémica en la opinión pública, fue presentada como un posible “punto de inflexión” en lo que se supone que es la gestión presidencial.

Ahora bien, o ha habido inflexiones varias que no sirvieron para nada o el “punto de inflexión” pasó a ser un slogan más de la política nacional. Vacío, fatuo e irreal.


En alguna ocasión apenas si hubo un punto y coma para disociar alguna maniobra que no salió como se esperaba, pero de allí a creer que, en los meses de gestión kirchnerista ha habido un antes y un después, cambios de envergadura o, en el mejor de los casos alguna toma de conciencia respecto a la trascendencia del cargo (distinto, lejano al de un gobernador sureño capaz de convertir provincia en feudo) hay grandes trechos.

Desde el vamos quedó en claro que aquellos que no están con el gobierno son “otro bando”. Aún, cuando no haya interés bélico y cuando se acepte como cierto el refrán que reza: “Dos no pelean si uno de ellos no quiere”, las municiones en Balcarce 50 estuvieron y están en son de alerta.

Ahora bien, a pesar de su continuidad en tiempo y espacio hay muchos que aún buscan la razón a este estado de contienda que se plantea desde la Presidencia. ¿Qué le molesta tanto a Néstor Kirchner como para estar permanentemente en pie de guerra? Toda su aversión por los uniformes se contradice incluso con su pretendida postura de soldado en defensa de lo que no está siquiera cuestionado.

Es posible que al iniciar su mandato, el magro caudal electoral obtenido y la sombra de Duhalde como jefe y artífice del “candidato”, justificasen una imagen fuerte pero en ningún momento es justificable una imagen beligerante. Quizá pueda explicarse el desdén del jefe de Estado para con Juan Pablo II en tanto se atribuye a éste que el conflicto limítrofe con Chile no haya llegado a mayores. Para quién hace de la lucha un leitmotiv de su existencia, tal vez hubiese sido mejor la guerra. Por demás, el presidente no se hubiese expuesto al frente de batalla. Su valentía empieza y termina en una retórica confusa o confundida y en un patoterismo de barricada.

Lo dicho y un breve racconto que puede hacerse desde mayo de 2003 hasta la fecha derivan en lo que hoy debiera de ser mera rutina: observar conductas anacrónicas y fútiles en el Presidente. Qué no se arrodillara frente al Papa Benedicto XVI no es más que otro de los gestos característicos de aquel. Y es que Néstor Kirchner es diferente... Es el presidente del pueblo. No es, claro, el presidente para el pueblo. Hete aquí algo más que un simple accidente gramatical...

Hoy por hoy surge en los medios una salud colapsada. Un sistema educativo que da lástima. Una presencia internacional crispada por deudas impagas. Un canje que no cambia nada y un camino sin rumbo que corrobora la condena al éxito anunciada por Eduardo Duhalde. Los ciudadanos argentinos estamos, sin lugar a dudas, condenados al éxito. Al éxito de ellos. Éxito que se traduce en ese chiquitaje que no sale de la acumulación de bienes y dinero. Otros valores no caben en el balance de pagos de una dirigencia cuya ambición impide ver que la vida es algo más que poder y riqueza material.

Durante la entronización del Papa, Néstor Kirchner no podía discernir si estaba en el Vaticano o en el Muro de los Lamentos. “Quién pueda entender que entienda” reza el Evangelio y no sé cómo me atrevo a la cita sabiendo que hacerlo nos erige centro de ataques y/o relevos...

Si se entiende lo dicho, el escenario político de aquí a octubre no deparará grandes asombros. Hostigamientos y conductas agresivas serán el marco de la política venidera. El Presidente por otra parte, siempre estará fuera de los hechos. Nunca un asunto que hiciera mella en la ciudadanía tocó de cerca de al jefe de Estado. Su lejanía con los problemas del pueblo es directamente proporcional a la brecha que hay entre la realidad y su conocimiento de ella.

Basta recordar un hecho de trascendencia como fuera la mancomunada movilización convocada por el Ingeniero Blumberg, el 1º de abril de 2004, hasta este manoseado paro de trabajadores del Hospital de Niños para advertir que, ante acontecimientos que cercenan a la sociedad, la ausencia del primer mandatario es dato inexpugnable. Cuando la gente necesita un liderazgo que oriente o responda interrogantes, no es Néstor Kirchner el que se hace presente, por el contrario ante la contundencia de reclamos no hay reacción de parte del jefe de Estado. Toda su fuerza está absorbida por una demagogia puesta al servicio de la compra-venta de votos o la ilusión de consenso. Lo que es, no importa. Lo que parece ser, es lo que cuenta.


En esa fantasía, basta que haya un puñado de militantes o gente agrupada gracias al arte del asistencialismo para aplacar la ira meramente verbal de aquel.

Kirchner no pelea contra conflictos o asuntos concretos. Kirchner pelea contra enemigos inexistentes para hacer creer que hay una presencia activa y fuerte en el Ejecutivo cuando, en rigor de verdad, sólo hay una gramática ampulosa y mediocre y un séquito dispuesto a negociar por debajo de la mesa para que retorne la “normalidad”.
De este modo, quedará la actual asonada gremial sepultada en páginas no escritas de la historia nacional.

La lucha gremial es resultante del mismo modus operandi que fomentara la dirigencia política. Así como Néstor Kirchner es la obra de un Duhalde, este sindicalismo alejado del obrero es hijo del kirchnerismo. Es decir, los conflictos que saltan a la vista son resultantes de la manera de hacer política que hay en el gobierno: con prebendas.


Así es como en el seno del sindicalismo nacional se abren facciones encontradas: las que tranzan con las huestes oficialistas, las díscolas, etc.

El panorama dentro de la CGT es similar quizá, al que se vive en el conurbano bonaerense. Felipistas, duhaldistas, kirchneristas por un lado (o por el mismo lado) y en el negocio de exprimir asalariados van aliados, detractores de Hugo Moyano, Víctor De Gennaro, Alderete, Susana Rueda y las siglas también... ATE, CTA, UPCN, SUTECBA, auto-convocados, profesionales, autodidactas y cuánto grupo sea necesario fundar a fin de llenar las arcas de quienes viven a expensas del trabajador y del empresario a su vez. Así como el partido que se dice hegemónico juega a la repartija escandalosa de poder, así sucede en las filas del gremialismo argentino. ¿Quién le pone el cascabel al gato?

De este modo se explica a sí misma la violencia en materia de huelgas y reclamos. Violencia que además es característica de todo escenario pre electoral en la Argentina. Si acaso hay que volver al pasado, que sea en libros que enseñen para evitar cometer idénticos errores y no en memorias a medias o en historietas prefabricadas para consumo de masas que, inmersas en el negocio de la miseria, están cegadas a la verdad de lo que pasó y pasa en esta tierra.

Para Néstor Kirchner es más fácil volver a los setenta que avanzar al bicentenario. De todos modos, en ambos, hay un espacio común para el presidente de las ausencias: se trata de la inacción manifiesta.
Kirchner vivió los setenta como vivió la movilización de Blumberg, los reclamos de seguridad, la catástrofe de Cromagnon, las exequias de Juan Pablo II: como mero espectador; por televisión... ¿Por qué habría de pensarse en un protagonismo o en verlo en vivo y en directo cuando, inexorablemente, pase el tiempo? Entiéndase que el presidente sólo puede detenerlo en el inconsciente colectivo.

El viaje a Roma con motivo de la asunción de Benedicto XVI obedece a una razón o dos...


1) Alejarse del escenario nacional donde no hay conflicto que cierre: ni la inflación desaparece por arte de magia -o de Lavagna- ni los paros culminan por la simpatía del ministro Carlos Tomada.


2) El padrón electoral está en un alto porcentaje colmado de católicos – así se lo explicó hasta el cansancio un secretario de Estado.


La naturaleza necia del primer mandatario de todos modos evitó que el “gesto” fuera concebido como “arrepentimiento” a desatinados ataques anticlericales por parte del gobierno. Monseñor Baseotto en este contexto es solamente una excusa para mostrar un fortalecimiento ruin. Aunque nada lo justifique, quizás aporte claridad el observar que en los últimos meses, decisiones férreas en apariencia han terminado deshechas: véase el arresto depuesto al Capitán Mercado por una carta de lectores de su mujer o la vuelta atrás con la ley que cercenaba la libertad de expresión custodiando correos (Aunque ojo que, el decreto 1.563/2004 promoviendo la violación a la libertad de comunicación sigue vigente pese al silencio de los medios) Estas marchas atrás del Ejecutivo hacen que hoy sea necesario mostrar decisiones inalterables en el seno del poder. Kirchner vive de apariencias. O tal vez sea una apariencia en sí...

Finalmente, lo que debe tenerse en consideración detrás de todo el show es el incremento del gasto público. A saber, hay que costear las elecciones de octubre con un extra nada barato: que todo triunfo se lea como sinónimo del presidente de la Nación. Es menester mantener el pan y el circo. Es decir, que la gente esté entretenida en menudencias, que haya politiquería para el vulgo. Grandes titulares con hechos que duren 24 ó 48 horas no más. Temas capaces de despertar debates aún cuando éstos no aporten un ápice al rescate de una Argentina perdida.

Para muestras basta un botón: tenemos los sobresueldos otra vez para ocupar renglones de medios gráficos y minutos de polémica en televisión...

En rigor, encargados de campaña trabajan día y noche para esos fines. Es de esperar pues, tiempos de excesivo marketing político. Batallas virtuales porque para reales es necesario valor. Afiches que sirvan de afrenta al enemigo aún cuando éste sea el aliado de hoy, frenos a usurpación de territorio, repetida adicción de una política alejada sustancialmente de la gente con cuyo dinero, precisamente, ha de solventarse ese juego de intrigas y golpes bajos con que han de entretenerse en estos meses, los dirigentes...

La duda cae en el último renglón:

Un afiche que rece “Felipe Solá 2007” debería causar asco cuando la mitad de la población vive en condiciones de miseria. Sin embargo, mucho antes de la reelección, un letrero que rezaba “Felipe Solá 2003” debió haber causado idéntica sensación... mas hoy, es Felipe Solá el gobernador... ¿Entonces?


15 de Septiembre de 2003
Solá consiguió su reelección con una victoria contundente

El triunfo conseguido por Felipe Solá superó con creces el objetivo que el Gobernador se había fijado en el tramo final de la campaña, cuando las encuestas le permitían ilusionarse con una cosecha de votos que rondaría el 50% y le daría, de ese modo, la posibilidad de dejar muy debajo de él al resto de los candidatos. Consolidado entonces como claro ganador en las elecciones realizadas ayer en la Provincia, Solá enfrenta ahora el desafío de avanzar en las reformas que, según admitió, no pudo concretar en la actual gestión porque no contaba con "la fuerza de los votos". (...)

A la hora de los agradecimientos, Solá citó "al jefe del peronismo bonaerense, Eduardo Duhalde" y elogió, además, al presidente Néstor Kirchner, al considerar que "le devolvió la esperanza a muchos y eso colaboró en nuestro triunfo". También mencionó "a todos los bonaerenses que sufren pero han mantenido la esperanza, a todos los trabajadores públicos por la actitud de colaboración muy fuerte con el Estado bonaerense, aún en circunstancias muy difíciles de ajustes como las que vivimos durante estos últimos 20 meses, y a la militancia justicialista". Luego dijo que a partir de ahora se saca "el traje de bombero" para ponerse "el overol de trabajador" porque, según afirmó, "hay que mejorar la educación, la salud y la falta de trabajo". Y, como ya lo había hecho la semana pasada, cuando se daba por descontado un triunfo claro, ratificó que no utilizará la Gobernación como trampolín para aspirar a la Presidencia en el 2007.

Diario: El Día
http://www.eldia.com.ar/ediciones/20030915/elpais0.asp



(*) Analista Política. Lic. en Comunicación Social (Universidad del Salvador) Master en Economía y Ciencias Políticas (ESEADE) Sociología Poder (Oxford) Queda prohibida su reproducción total o parcial sin mención de la fuente.

 

 

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