JUAN PABLO II: EL PAPA GEOPOLITICO

 

Abril de 2005

Por Edgardo Arrivillaga.


En 1978 me toco reseñar la asuncion de Juan Pablo II al trono de San Pedro. En la Argentina subdesarrollada se pensaba que un papa polaco constituía una infiltración comunista piloteada por la KGB dentro de la Iglesia Católica.

.Lejos estaban de sospechar que era exactamente lo opuesto y que ese Papa polaco, hijo de un oficial polaco travestido de soldado para sobrevivir, intervendría en dos momentos decisivos de la vida nacional, primero en el conflicto por el canal de Beagle con Chile, posteriormente en una misión fallida pero valiente ante la iglesia anglicana para evitar la profundización de los combates terrestres en la islas Malvinas, en 1982.

Pero cuando asumió Woytyla, sus desafíos mundiales eran a la vez políticos, religiosos y ecuménicos. Estaban casi saturando los esplendidos mapamundis que se encuentran en la antesala del Portone di Bronce.


En lo político el Papa tenia como enemigos y competidores directos a la socialdemocracia de los países del Norte, al eurocomunismo, del cual recelaba profundamente y a la Comisión Trilateral y en especial al Club de Roma – presidido por el ingeniero italo-argentino Aurelio Peccei, quien planteaba el aluvión demográfico del siglo que debía ser contenido- sostenía - por su alarmante crecimiento exponencial.

Esas tesis trilateralistas chocaban directamente con los postulados de la Iglesia de Roma, la inevitable iglesia de los pobres y por ende de la reproducción y de la vida .Actualmente a ese problema se han sumado la planificación abortista desde el Estado y –desde lo privado-la clonación, un elemento de inmortalidad inevitablemente reservado para muy pocos.

En lo religioso el Papa tenía una formidable adversario en el lefebrismo, una iglesia católica preconciliar, pura y dura que financiada por los católicos suizos planteaba el cisma por derecha, aduciendo que la iglesia de Roma estaba vacía, desacralizada y fuertemente corroída por el marxismo rampante o el jesuitismo reinantes. Jesuitismo que –a su vez, por izquierda –abonaba las corrientes teológicas de liberación, intervenía concurrencialmente con el marxismo en América Latina y África y a veces terminaba por suplantarlo con una perdida de identidad y de objetivos casi irremediable.

Y en lo estratégico el enemigo del Papa era el estalinismo del cual venia. Era el lúcido arquitecto que podía desmovilizar y dañar el mismo vientre de la ballena envenenada justamente porque la conocía .Pero también enemigos eran las corrientes secularizadoras que se expresaban en la visión de una Europa con una cartografía inmóvil, estratificada y ausente de los pueblos que le daban vida y que todavía hoy ,con la sanción de una constitución europea esquiva

de raíces cristianas apunta a la tecnocracia, otro de los problemas frente a los cuales Woytyla, un hombre activo pero a la vez místico y profundo conocedor del pensamiento heideggeriano, desconfiaba.

Casi sorpresivamente para muchos, sosegadamente para otros, solo algunos pocos años mas tarde, exactamente desde el castillo de Praga, en 1991 el Papa anunciaba con seca crudeza el fin del imperio comunista con un frase que expresaba claramente su pensamiento: “hoy nos encontramos frente a las ruinas de una de las tantas torres de Babel que han existido en la historia humana”

Era abril, el mes cruel de Elliot y el imperio comunista había sido arrojado en un elíptico contradiscurso a su propio basurero de la historia.

El Pacto de Varsovia se había simplemente desarticulado sin dejar albaceas testamentarios en su retaguardia y el fin de la utopía trágica terminaba dejando finalmente liberada a la Europa rehén que, desde 1945, se había entronizado sobre la base del condominio concertado de las potencias nucleares. De un empate técnicamente irresoluble y por lo tanto naturalmente irresuelto.

Pero el boletín de la victoria vaticana señalaba solamente de forma muy elíptica al verdadero derrotado en los escombros del muro de Berlina abatido por las manos desnudas y desarmadas de los prusianos del Este colonizado...

El derrotado era el orden geopolítico sancionada en las conferencias de Postdam y Yalta, un orden que se había establecido desde el Atlántico hasta los Urales dejando de lado aspectos esenciales de la cultura cristiana, apuntando a una coexistencia de carácter inevitablemente iluminista y estratificadamente escéptica para consolidar una semipaz aquiescente y blanda, la paz chamberlaniana, la paz mortífera de los paraguas de la rendición...

“El comunismo ha caído solo" reflexionaba el Papa, aunque no se podía dejar de señalar que el imperio soviético – exactamente como el imperio español y el portugués - había caído por cristalización económica, costos insostenibles frente a la carrera armamentista planteada por el eje atlantista , la intrínseca inviabilidad de la economía planificada en un mundo cada vez mas caleidoscópico y descentralizado. También, por la fantasía del ateismo militante que a la hora de los hechos se reveló un crucial hereje de si mismo, basta recordar el patriotismo antisovietico de Jaruselsky, el autodesarme prudente del ortodoxo Gorbatciov y el ejemplo de la catástrofe nuclear de Chernobyl que demostraba la absoluta inviabilidad de una guerra nuclear táctica limitada como se estudiaba científicamente en los centros de altos estudios de un lado y otro del muro.

En esta vida intensamente vivida las notas originales no son pocas pero lo que importa es la pétrea dureza de la convicción, el nudo esencial de las dicotomías enfrentadas y el plexo axiológico que determina las decisiones históricas... Y en este aspecto el Papa no fue exactamente ni el reaccionario conservador que plantea el jibarizador iluminismo de izquierda ni tampoco la figura que – creando a Solidaridad como herramienta activa del poder social revolucionario del catolicismo cuando se enfrenta al Estado antisocial – legitima a todo poder sindical, a cualquier poder sindical en el mundo, aun aquel disociado estructuralmente de sus propias bases. Este Pontífice fue un gran desestabilizador y disturbador y –a la vez , fenómeno casi infrecuente- un mensajero de cierta certidumbre institucional que tenía por objetivo sepultar el hacha de la guerra de las dicotomías en Europa evitando el marasmo de la guerra civil postcolonial.

Probablemente de todos los documentos escritos a lo largo de su casi 27 años de papado hiperactivo, con viajes a Jerusalem, reconciliación con el mundo árabe,judio y la iglesia ortodoxa y sobre todo un gran diseño estratégico ,el mas representativo sea Centesimus Annus en el que denuncia tanto a la utopía marxista como al materialismo esencialmente corruptor del capitalismo mas radicalizado que ya mostraba sus primeras bengalas de hegemonía y de semivictoria sobre los despojos de las sociedades ex comunistas.

No ha muerto entonces un prolijo cruzado anticomunista solamente. Ha muerto el general en jefe de las fuerzas antitotalitarias que abatieron la bipolaridad de Yalta, abriendo el camino de la libertad ciudadana a la gente hipotecada por un Leviatán –Estado artrítico y esclerosado.

Ese es el buen trabajo de este Papa europeo y universal a la vez.

Y es muy probable que en este siglo sea beatificado.

Abril 2005.

 

 

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