ESTA VEZ PERDIO VERBITSKY

 

Abril de 2005

Por Carlos Manuel Acuña

La anulación de la sanción impuesta al mayor Rafael Mercado tiene sus entretelones y revelaciones acerca de los manejos que se realizan alrededor del poder. También, el desenlace posee profundas implicancias que directamente se relacionan con otros acontecimientos que hacen a la intimidad del proceso institucional que vive la Repùblica.

El activista Horacio Verbitsky, tras la pantalla del CELS - una de las organizaciones ideológicas y políticas más influyentes en el gobierno - había aconsejado al Poder Ejecutivo mantener viva la estrategia de atosigar a las Fuerzas Armadas y de Seguridad para mantenerlas sometidas psicológicamente. De esa manera - estima - se podía avanzar hacia el objetivo de apartarlas definitivamente del rol protagónico que históricamente siempre cumplieron como parte constitutiva de nuestra nacionalidad. Enseguida veremos los alcances que explican el título que hemos elegido para este comentario, pero antes digamos que esa política de disminuir los protagonismos militares no es exclusiva de la Argentina: se extiende sobre el resto del Cono Sur como parte de un proyecto que reconoce sus orígenes en determinados sectores del poder norteamericano, especialmente la izquierda del Partido Demócrata que ha implementado varios mecanismos para llevar adelante este proyecto. El llamado Diálogo Interamaericano que entre otras cosas propicia fronteras flexibles, es una expresión concreta de lo que afirmamos pero esconde, además, nada más y nada menos que destruir lo que llama influencia de la Iglesia Católica que determina un verdadero escollo para los intentos dominantes.

En el caso del mayor Mercado y específicamente en el de su señora María Cecilia Pando, confluyen varios factores: el religioso por la molestia que ha causado en las filas militares - y la opinión pública - la decisión presidencial de renunciar unilateralmente a monseñor Baseotto; la arbitrariedad de esta medida que a igual que la sanción de referencia, son consideradas improcedentes y persecutorias y finalmente, la acumulación de hechos que marcan una sostenida y efectiva persecución a todos aquellos que visten uniforme, cualquiera fuere éste. Sinópticamente, de trata de los principales componentes de un mismo problema y así deben ser entendidos.

Verbitsky, transformado en el estratega más importante de lo que sucede, debió, ahora, aconsejar a Kirchner de levantar la sanción aún cuando esta última medida deje al teniente general Bendini en una posición desairada que, como sucede últimamente en estos casos donde el honor ha dejado de existir como demostración de una decadencia insoportable, los afectados hacen lo imposible para mantenerse en sus cargos.

El malestar existente en todas las Fuerzas Armadas y de Seguridad reúne otros elementos que pasaremos a enumerar: la reacción está expresada especialmente por los los mandos intermedios y la oficialidad joven que no está comprometida con los hechos del pasado; tampoco los repudia y las afrentas que se lanzan desde el sector político los afecta por igual en sus sentimientos y valorizaciones morales; entienden que las mentiras del teniente general Martín Balza, demostradas por los ejemplares de los reglamentos que rigieron la lucha contra la Guerra Revolucionaria que el general Nicolaides salvó del incendio ordenado por el citado Balza, forman parte de una suerte de complot montado para destruir a las estructuras castrenses; entienden que los factores que hacen a la inseguridad pública forman parte de la misma situación que se elabora y finalmente, se identifican con las formas y con el fondo de lo expresado por la joven mujer de un prestigioso oficial del Ejército Argentino.

Entre otras cosas, el episodio ha servido también para despertar una decisión moral: no permitir nuevos hechos similares o simplemente parecidos, incorporándose así un ingrediente importante en este difícil escenario nacional. También y en consecuencia, un sentimiento de esperanza e identificación en ese contenido esencial para la salud de todas las instituciones, hoy afectadas por la grave incompetencia oficial y su descreimiento del verdadero alcance del vocablo que define a los verdaderos demócratas.


 

 

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