EL JUEGO DE LAS ESCONDIDAS

Mayo 2005
Por Claudio Chavez (1)


“Punto y coma el que no se escondió se embroma...” así comenzaba el conocido juego de la niñez.


Tanto hemos repetido la consigna que hoy, aquel latiguillo, pareciera fijar la estrategia de una porción significativa de nuestra clase dirigente. Un proceso de desresponsabilización alivia la labor cotidiana de los funcionarios. No es algo nuevo, es el eterno juego de las escondidas.
Si los piqueteros cortan las calles, los funcionarios responsabilizan a la justicia. La justicia retruca que no cuenta con sustento político para hacer cumplir la leyes. La policía, por su parte, no recibe órdenes claras, o sí, y cuando procede según corresponde, los funcionarios la castigan con una rápida “investigación interna para ver lo que ocurrió”.


Se instala la idea que los dirigentes están para la foto, el agradecimiento, el premio y los aplausos, los altos salarios, las prebendas, las canonjías y las ventajas que otorga el cargo. Ahora...eso sí, ¡por favor, ninguna de las desventajas de ser autoridad!, nada de marcar los límites que nos hace ser tan antipáticos. Nada de observar los errores, los yerros y el incumplimiento de la labor de los subordinados no sea cosa que nos desprecien y recelen de nosotros.


De esta manera vamos tirando mientras una ciudadanía resignada acepta una sociedad sin autoridad ni responsables, donde, lamentablemente, se está gestando la idea de justicia por mano propia en virtud de que a los que le corresponde actuar, literalmente, se borran. ¡Casildo Herreras ha hecho escuela!


En los acontecimientos del Normal 9, lo dicho, se revela de manera palmaria. Más allá de las razones estudiantiles que motivaron la jornada –habría que considerar la actitud de los jóvenes estudiantes a la luz de la tragedia de Cromagnon - digo, más allá de los jóvenes lo lamentable ha sido la actitud y la conducta de los funcionarios responsables de terminar con el conflicto. Veamos.


Instalado el caos en la avenida Callao, las autoridades educativas afirmaron, como toda respuesta, que se llevaría el problema al Consejo de Convivencia, institución escolar creada para conflictos menores de la cotidianeidad, no para lo que estaba ocurriendo. La inconducta o la falta superaba ampliamente al Consejo, sin embargo con tal de no involucrarse los funcionarios arrojaban la responsabilidad a otros, bien lejos, a quienes ya no le correspondía garantizar el orden. ¡Un disparate!


El ministro del Interior con la extraordinaria habilidad que lo caracteriza de desviar el eje del debate afirmaba, sentencioso:
“Cuando yo tenía la edad de ellos, si hubiera hecho algo así mi viejo me hubiera dado una paliza”. Haciendo, con estas declaraciones, responsables a los padres.


Cualquier excusa es válida para borrarse.


Señor Ministro si correspondía dar una paliza, aspectos que no analizo en estas líneas, a como estaban las cosas, era una obligación suya y no de los padres.


El Ministro debía actuar, las autoridades educativas de la Ciudad, también y no otros.


¡Así resulta fácil ser autoridad! El eterno juego de las escondidas.

(1) Docente. Director de Enseñanza Media.8.288.385.
 

 

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