Washington entiende por fin el Islam radical

Mayo 2005
Por Daniel Pipes

Colaboraciones nº 337 | 5 de Mayo de 2005


¿Cree realmente la administración Bush, como su directiva ha continuado repitiendo desde justo después del 11 de Septiembre, que el Islam es "una religión de paz” no vinculada al problema del terrorismo?. Un montón de indicaciones sugieren que lo iba entendiendo, pero año tras año la línea oficial continuó siendo la misma. Desde fuera, parecía que el estamento oficial estaba absorto en un autoengaño activo.


En realidad, las cosas estaban mejor de lo que parecían, como David E. Kaplan establece en una importante investigación en U.S. News & World Report, basada en más de 100 entrevistas y la revisión de una docena de documentos internos. Los debates previos acerca de la naturaleza del enemigo – terrorismo vs. Islam radical – se han resuelto: Los más altos funcionarios de América convienen ampliamente en que el mayor enemigo ideológico del país “es una forma altamente politizada de islam radical, y que Washington y sus aliados no pueden permitirse quedarse mirando” mientras gana fuerza. Para luchar contra esta ideología, el gobierno norteamericano promueve hoy una interpretación no radical del Islam.


En “Corazones, mentes, y dólares: en un frente oculto de la Guerra contra el Terrorismo, América está gastando millones para cambiar la cara misma del Islam”, fechado hoy, Kaplan explica que Washington reconoce tener un interés de seguridad no sólo dentro del mundo musulmán, sino dentro del Islam. En consecuencia, debe involucrarse en dar forma a la religión misma del Islam. Washington se ha centrado en las causas raíz del terrorismo – no la pobreza, ni la política exterior norteamericana, sino en una ideología política inculcada a la fuerza.


Un documento clave para llegar a esta conclusión fue el National Strategy for Combating Terrorism, publicado por la Casa Blanca en febrero del 2003, que sirvió como la base del Muslim World Outreach, más claro, más detallado, terminado a mediados del 2004 y hoy guía de peso. (Un debate del gobierno acerca de esta materia, que data de agosto del 2004, se encuentra disponible online). El gobierno norteamericano, como institución secular y predominantemente no musulmana, afronta muchas limitaciones en lo que es en última instancia una disputa religiosa, así que recurre a organizaciones musulmanas que comparten sus metas, incluyendo gobiernos, fundaciones, y grupos sin ánimo de lucro.
La táctica para luchar contra el Islam radical y promover el Islam moderado varía de un departamento gubernamental a otro: operaciones secretas en la CIA, las psicológicas en el Pentágono, y la diplomacia pública del Departamento de Estado. Cualquiera que sea el nombre y el enfoque, el elemento común es impulsar el desarrollo benigno del islam. Para este fin, el gobierno norteamericano, escribe Kaplan, “ha emprendido una campaña de guerra política sin igual desde la cúspide de la Guerra Fría”. La meta es: influenciar no sólo a las sociedades musulmanas, sino al islam mismo…

 

Aunque los funcionarios norteamericanos dicen tener cuidado de no verse arrastrados a una batalla teológica, muchos han concluido que América ya no puede quedarse sentada al margen mientras fundamentalistas y moderados luchan por el futuro de una religión politizada con más de un billón de seguidores. El resultado ha sido un esfuerzo extraordinario — y creciente — por influenciar lo que los funcionarios describen como una reforma islámica.


En al menos dos docenas de países, escribe Kaplan:
Washington ha financiado en secreto programas islámicos de radio y televisión, cursos en escuelas musulmanas, instituciones musulmanas, talleres políticos y otros programas que promueven el Islam moderado. La ayuda federal va a restaurar mezquitas, rescatar coranes antiguos, hasta a construir escuelas islámicas… las emisoras individuales de la CIA a ultramar están haciendo algunos movimientos valientes e innovadores. Entre ellos: invertir dinero en neutralizar a reclutadores y predicadores militantes y anti-norteamericanos. “Si descubres que el mulá Omar está haciendo esto en la esquina de una calle, colocas al mulá Bradley en la otra esquina de la calle para contrarrestarlo”, explica un funcionario recientemente jubilado. En casos más serios, dice, los reclutadores serían capturados e “interrogados”. Los funcionarios de inteligencia han montado páginas web de jihad falsas y prestado atención a medios informativos árabes.


En total, diversas agencias del gobierno norteamericano están movilizadas en esta actividad islámica en al menos 24 países. Los proyectos incluyen:
la restauración de mezquitas históricas en Egipto, Pakistán, y Turkmenistán. En Kirgizstán, la financiación de la embajada ayudó a restaurar un enclave sufí importante. En Uzbekistán, el dinero ha ido a preservar manuscritos islámicos antiguos, incluyendo 20 coranes, algunos fechados en el siglo XI. En Bangladesh, USAID entrena líderes de mezquita en temas de desarrollo. En Madagascar, la embajada hasta patrocinó un torneo deportivo inter-mezquitas. También se financia: medios islámicos de toda clase, desde traducciones de libros a radio y TV, en por lo menos media docena de naciones.


Las madrazas, o escuelas islámicas, son una preocupación especial, dado que entrenan a la próxima generación de jihadistas y terroristas. Washington despliega varias tácticas para contrarrestar su influencia:
• En Pakistán, los fondos norteamericanos van discretamente a formar a profesores de madraza para agregar temas prácticos (matemáticas, ciencias, y salud) a su plan de estudios, así como clases de civismo. Hay en marcha hoy programa de “madraza modelo” que puede abarcar con el tiempo a más de mil escuelas.
• En el cuerno de África (definido por el Pentágono como Djibouti, Eritrea, Etiopía, Kenia, Somalia, Sudán, y Yemen), el ejército norteamericano averigua dónde planean levantar una madraza los islamistas, y entonces construye una escuela pública en competición directa con ella.
• En Uganda, la embajada de Estados Unidos ha concedido tres premios de concurso para financiar la construcción de tres madrazas de nivel básico.


Kaplan cita a un analista americano en terrorismo diciendo, “Estamos en el negocio de las madrazas”. Pero no toda la ayuda tiene una temática islámica explícita. El dinero americano está financiando parcialmente una versión satélite de Barrio Sésamo que destaca la necesidad de tolerancia religiosa.


Los fondos de la Agencia de Desarrollo Internacional (USAID) casi se han triplicado, hasta más de 21 billones; y de esto, más de la mitad va al mundo musulmán. Además de los programas familiares de desarrollo económico, los proyectos políticos que implican a grupos islámicos, tales como la formación política y la financiación mediática pasan a la vanguardia. El gasto en diplomacia pública del Departamento de Estado ha crecido desde casi la mitad desde el 11 de Septiembre, hasta casi los 1,3 billones de dólares, esperándose más. Esta enormidad ha financiado, entre otros programas, la Radio Sawa en árabe y la Alhurra Televisión. A pesar de las múltiples quejas, Kaplan dice que hay señales de éxito. Los planes al frente incluyen hacer disponible Alhurra en Europa y ampliar la programación al persa y a otros idiomas relevantes.


Comentarios:
Trabajar para cambiar cómo entienden su religión los musulmanes plantea, por supuesto, algunas implicaciones difíciles. Una cosa es querer ayudar a los musulmanes moderados y otra muy distinta es ubicarlos. Como destaqué en “Identificar a los musulmanes moderados”, hay una gran confusión a propósito de quién es realmente un musulmán moderado, y el gobierno norteamericano hasta la fecha tiene un historial terrible a este respecto. Por supuesto, espero que los que implementen la agenda del Muslim World Outreach estén realizando la investigación necesaria para hacerlo bien.


Existe la posibilidad de que los dólares del contribuyente norteamericano que financian medios islámicos, escuelas y mezquitas incrementen sus posibilidades, dado que influenciar el islam y promover el islam se puede confundir con facilidad, especialmente dadas las posiciones pro islámicas de los líderes políticos americanos. (Por este motivo he criticado la construcción de una mezquita en Irak y de madrazas en Indonesia). Promover el islam contraviene la Primera Enmienda (“El Congreso no formulará ninguna ley respecto al establecimiento de la religión”) y un experto constitucional, Herman Schwartz, juzga que el patrocinio de instituciones islámicas es “probablemente inconstitucional”. Esto señala de nuevo la necesidad de tener un cuidado exquisito.
Apruebo calurosamente el enfoque del Muslim World Outreach; esto era de esperar, dado que se alinea escrupulosamente con mis propias recomendaciones. He aquí los extractos de mi artículo de enero del 2002, “¿Quién es el enemigo?”:
Estados Unidos, un país aplastantemente no musulmán, obviamente no puede solucionar los problemas del mundo musulmán. . … Pero los ajenos, y Estados Unidos en particular, pueden ayudar críticamente a precipitar la batalla e influenciar su resultado. Pueden hacerlo tanto debilitando al bando militante como ayudando al moderado… Debilitar al islam militante requerirá una política imaginativa y asertiva, adaptada a las necesidades de cada país.


Pero no nos engañemos. Si Estados Unidos tiene más de 100 millones de enemigos islamistas (por no hablar de un número incluso mayor de musulmanes que nos quieren mal por otros motivos diversos), no pueden quedarse totalmente incapacitado. En vez de eso, el objetivo debe ser disuadirles y contenerles… que es donde entran los musulmanes moderados. Si a grandes rasgos, la mitad del mundo musulmán odia a América, la otra mitad no. Desafortunadamente, están desarmados, desperdigados, y casi sin voz. Pero Estados Unidos no los necesita por su poder. Los necesita por sus ideas y por la legitimidad que confieren, y a estos efectos, sus puntos fuertes complementan exactamente los de Washington….


El papel de los Estados Unidos no es tanto ofrecer sus propios puntos de vista como ayudar a los musulmanes con opiniones compatibles, especialmente en temas tales como las relaciones con los no musulmanes, la modernización, y los derechos de las mujeres y las minorías. Esto significa ayudar a los moderados a difundir sus ideas en emisoras de financiación americana como la recién creada Radio Afganistán Libre, y como ha sugerido Paula Dobriansky, la Subsecretario de Estado para asuntos globales, cerciorarse de que las figuras islámicas tolerantes — académicos, imanes y otros — son incluidos en programas de intercambio cultural y académico financiados por Estados Unidos.


Que David Kaplan haya hecho públicas las directrices del esfuerzo de Washington por solucionar el Islam es muy bueno. Este es un proyecto sobre el que trabajar demasiado grande para el gobierno en solitario; el estamento político en su totalidad necesita debatirlo.


 

 

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