¡POBRE LOPEZ MURPHY OTRA VEZ !

Mayo 2005
Por Maria Zaldivar


Si mi abuela, Dios la tenga junto a El, fuera espectadora del pastiche que están intentando Macri y Lopez Murphy, seguro mascullaría un apesadumbrado “Tras llovido, mojado” porque ella sería una defensora acérrima del fundador de Recrear. Mi abuela siempre tuvo idéntica debilidad por las causas nobles y las causas perdidas.

Con absoluta inmodestia, puedo afirmar que no tengo la experiencia personal de ser la “opción B” de nadie. Pero imagino que debe vivirse, por lo menos, como deslucido. Y, si el pragmatismo y la memoria no le fallan, Lopez Murphy tendrá presente que la opción “A” del dirigente político part-time Mauricio Macri siempre fue, explícitamente, Eduardo Duhalde. Claro que el enamoramiento no fue recíproco; y Duhalde prefirió ocupar su tarjeta de baile sólo con Néstor, probablemente porque entre ellos nunca se pisan compartiendo los acordes de la marcha peronista ni les produce pudor “combatir el capital” aún en el siglo XXI. Para un compañero, no hay nada mejor que otro compañero y, a pesar de que parezcan despedazarse, la máxima sigue vigente en el mutante partido peronista. “Pertenecer tiene sus privilegios” decía una publicidad de origen norteamericano que nunca como en la Argentina adquirió una vigencia inusitada, y si no, que le pregunten a María Julia.

El bostero millonario, sin embargo, abrigó sus esperanzas. Y con una paciencia digna de mejor causa y sólo comparable con una ignorancia política mayúscula o una petulancia que los adolescentes calificarían de “vergüenza ajena”, esperó al bañero bonaerense mientras el bloque de 23 legisladores que supo instalar en capital se le cae a pedazos transformando la primera minoría en una banda de 23 francotiradores encolumnados detrás de sus propios intereses y coordinados por el Gran Bonete.

Ahora, frustrado y dilapidado, Macri vuelve a la casita de los viejos y lo primero que hace es llamar a la ex. Y la ex, como buena esposa y madre, le perdona la aventurita (al fin de cuentas, la otra era una cualquiera) y aquí no ha pasado nada. “Vamos a lo importante” dice siempre la historia argentina en estos casos, cual repetición macabra de situaciones: armemos las listas. Este lugar para vos, este para mi; éste lo tiramos a cara o ceca.

Pero, ojo que la reunión es secreta y recontra íntima; tanto que hasta Manuel Solanet fue desplazado de la mini carpa recreativa de negociación por decisión del propio jefe y a pesar del hondo pesar y los esfuerzos en contrario de Paul Leclercq, su fiel asistente. No obstante los recatos y recaudos del caso, no faltan los muñecos de siempre merodeando la Moncloa centrista. Es el caso del fantasma de la UCeDé resucitada (¿resucitada?) que, en cabeza de su titular capitalino, Jorge Pereyra de Olazábal se asoma a la ventana, en puntas de pie y descansa la ñata contra el vidrio, siempre del lado de afuera. Porque esto de no jugar en primera es casi un karma del hombre de corbatas estridentes y suerte esquiva; le pasó en el liberalismo, le pasó en el menemismo y, como la sabiduría popular suele enseñar, no hay 2 sin 3, le vuelve a pasar ahora. Falta de reconocimiento para algunos, justicia divina según otros.

Lo cierto es que el pobre Lopez Murphy está rodeado: trepados a su carro tiene unos cuantos personajes que, a la hora de las evaluaciones, le resultaron un salvavida de plomo: los que votaron, contra su directiva, la ampliación del número de empleados públicos; una legisladora master en imaginación, inventora de una capacitación académica que la hizo acreedora del sobrenombre de Giselle Rímolo entre sus pares; votaciones de una incoherencia dogmática injustificable y ausencias bochornosas a la hora de defender causas ríspidas. Una performance legislativa paupérrima.

Como si esto fuera poco, diría un vendedor de colectivo, por el mismo precio y directamente de fábrica a precio mayorista únicamente por hoy, esta increíble oferta: el macrismo fané y descangayado y las hilachas de un menemismo que se niega a aceptar su propia defunción política. Son las viudas de Duhalde y de Menem aspirando a poner en marcha en plan “B” antes que quedarse en la estación. Ambos aportan lo suyo, con algunas diferencias sutiles pero no menos interesantes. Macri trae una bolsa llena y variada; un gaucho de cada estancia en términos ideológicos; pero el resultado de tan ecuménica gestión política es el número. El aporte de Pereyra, en cambio, es infinitamente más humilde. Menemistas, pocos pero puros eso sí, pero los mismos que lo hacen blasfemar sapos y culebras al, en el fondo, radical de Ricardo Hipólito.
Bueno, tampoco es que Lopez Murphy se vaya a horrorizar con tamaña “melange”; basta con hacer memoria y recordar que su última aliada venía del peronismo violento que en los 70´ tomó las armas contra el orden constituido.

Los peronistas sí que saben entretener al público porque, actúan pésimo, el decorado es vulgar, los personajes, patéticos, el libreto, de cuarta, pero no alteran la regla de oro de todo culebrón que se precie: final feliz. En este contexto ¿cómo no se van a abrazar Néstor y Eduardo, y hasta Chiche y Cristina? Compromisistas, los seguidores de “Compromiso para el Cambio”, recreativos los de “Recrear”; si el único animal que comete el mismo error dos veces se llama “hombre”; ¿cómo se le dirá al que lo repite y lo repite y lo repite?

 

 

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