Reflexiones de un teniente coronel retirado sobre el partido cívico militar

Junio 2005
por Miguel Ángel García Moreno


Independientemente de los mails reivindicativos del accionar de las Fuerzas Armadas en la historia relativamente reciente de nuestro País, así como de las bromas que también se hacen por el estado de indefensión en que se encuentran en el ámbito jurídico y gubernamental creo que podríamos hacer un análisis desde otro punto de vista, que sin pretender ser más ecuánime, quizás sirva para una mejor comprensión del tema.

Al respecto, deberíamos empezar por reconocer que desde el origen mismo de nuestra nacionalidad, se aceptó como natural la participación decisiva del factor militar en el ámbito político. Seguramente la excelente exposición de Juan J. Paso no hubiera tenido éxito en aquella alborada patria sin la contundente definición del coronel Saavedra.

Esto resulta comprensible en un inicio revolucionario, donde no existían Fuerzas Armadas Nacionales sencillamente porque no existía Nación. Era un proyecto, con las naturales contradicciones internas de los que estando fuertemente influidos por los principios libertarios de la Revolución Francesa sólo coincidían en la aceptación de la Soberanía Popular y la Libertad; lo que quedó contundentemente plasmado en la letra de nuestro Himno Nacional. Todo lo que definiría la organización del nuevo estado quedó postergado por más de 40 años envuelto en un debate de sables y lanzas donde el degüello del vencido era el principal argumento del vencedor.

En esa cultura violenta, donde el coraje era más importante que la razón y la victoria más importante que la vida, no debería extrañarnos que se considerara al factor militar como parte fundamental de toda organización política interna.

No debe resultarnos extraño tampoco, que los dos partidos políticos hegemónicos hasta nuestros días hayan surgido de conspiraciones cívico - militares : el Radicalismo en 1890 y el Peronismo en 1943. Respecto al Radicalismo, por estar más alejado en el tiempo el inicio de su historia, creo conveniente recordar algunos nombres de los revolucionarios que marcharon a tomar el Parque en aquella crisis de 1890: General Campos, Coronel Figueroa, Teniente Señorans, Subteniente Félix Uriburu (¿les resulta conocido?), del Valle, Lucio V. López, Hipólito Yrigoyen (¿les parece extraño que marchara junto a Uriburu?), Leandro N. Alem .

Téngase en cuenta que esta apretada síntesis histórica no pretende ignorar la cantidad de factores e intereses que participaron en estos desarrollos y que están suficientemente estudiados y relatados por numerosos historiadores, sino reflexionar sobre hechos que no pretenden justificar nada sino explicar lo que ocurre para poder extender la mirada hacia el futuro.

En realidad, la profesionalidad militar por lo general y salvo muy pocas excepciones fue opacada por la ausencia de enemigos externos o porque normalmente se consideraba al "enemigo" interno más peligroso que al externo. Capacitarse para derrotar a ese "enemigo" interno era lo prioritario, contra el externo se improvisaba. Esta en definitiva era la lógica del PARTIDO CIVICO MILITAR.

Y a esta lógica seguramente respondía a los "importantes temas" que en reuniones secretas mantendría en 1950/51 el General Menéndez con los representantes de los Partidos políticos de la oposición como Arturo Frondizi (UCR), Américo Ghioldi (PS), Reynaldo Pastor (Demócrata Nacional), Horacio Thedy (Demócrata Progresista).

Como puede verse, sería injusto atribuirle este pensamiento sólo a los militares. Nunca tuvimos una "casta" militar, por el contrario, fue justamente de la sociedad en su conjunto de donde surgieron no sólo sus hombres sino también y fundamentalmente su pensamiento; sin que esto invalide el lógico "espíritu de cuerpo" que en mayor o menor medida lo caracteriza.

Nuestra sociedad, que debemos reconocer como poco afecta al cumplimiento de normas y leyes y por supuesto a la Constitución Nacional (quizás como herencia de las autoridades virreinales que acuñaron la expresión "las leyes se acatan pero no se cumplen"; siempre consideró al factor militar como un argumento más para alcanzar sus objetivos políticos. Esta relación política - militar, incestuosa y pervertida no podía culminar en otra cosa que en la consolidación del PARTIDO CIVICO MILITAR.

Seguíamos aún después de 150 años siendo una Nación en gestación. Y repito, cuando no hay una Nación consolidada no existen Fuerzas Armadas Nacionales. Existirán Fuerzas Armadas que sirvan a proyectos parciales, partidarios, facciosos, pero no a un proyecto nacional inexistente.

Me atrevo a afirmar que ninguno de los sectores de la vida política fue ajeno a esta tentación de reforzar su poder incorporando al factor militar. Justamente el General Perón en 1955 presenta su renuncia ante la las Fuerzas Armadas, y no ante el Congreso como era esperable de un Presidente Constitucional.

Y la máxima expresión de esa parcialidad se verifica en la existencia del PARTIDO CIVICO MILITAR. Partido con sus propias "internas" como la de "azules" y "colorados" que una vez resueltas llevó al General Onganía a la Presidencia de ¿la Nación?.

Permítanme una pequeña digresión, a modo de anécdota para ejemplificar como fue aquella "interna". El núcleo de los "azules" estaba constituido por el arma de caballería, así como la de los "colorados" por la artillería y parte de la infantería y de la aviación naval. Alcanzada la victoria "azul", se restringió severamente la disponibilidad de munición antitanque a las armas vencidas para asegurar la hegemonía de la caballería. Una vez más el "enemigo" interno era considerado más importante que el externo.

Si bien en el PARTIDO CIVICO MILITAR lo militar era decisivo, no debemos olvidar la participación activa de los sectores civiles, gremiales y políticos. El Dr. Mariano Grondona tuvo estrecha relación con el famoso "comunicado 150" dado en Campo de Mayo por el bando "azul".

Sigo haciendo abstracción del análisis del conjunto de factores que generaron esos hechos por considerar que no son objeto de este trabajo. Me remito a describir la existencia del PARTIDO CIVICO MILITAR y su aceptación y participación en él de amplios sectores de la sociedad, sin que esto minimice la responsabilidad de unos ni de otros. Pretendo ayudar a que se expliquen los hechos pero de ninguna manera JUSTIFICARLOS, porque pienso que fueron un cúmulo de errores que no debemos repetir para contribuir a la consolidación definitiva de la Nación.

Lo novedoso es que luego de continuos fracasos en su gestión de gobierno, hasta el extremo de haber perdido la única guerra externa de nuestra historia, el PARTIDO CIVICO MILITAR, como todo partido político en esa situación llegó a su extinción. El componente militar quedó abandonado a su suerte. Su agonía que fueron las últimas asonadas "carapintadas" careció de todo poder y pensamiento político limitándose a un reclamo de consideración judicial para sus integrantes. Fin del PARTIDO CIVICO MILITAR. ¿Será definitivo?.

La respuesta la debemos buscar en la decisión de la sociedad en su conjunto, que a través de los dirigentes que nos expresen definan nuestra convivencia en el marco de una REPUBLICA donde el adversario político merezca ante todo el respeto de ciudadano. Algo tan simple como la observancia de la Constitución Nacional, pero tan difícil como cumplir y hacer cumplir sus preceptos.

Reconozco que suena repetido y casi aburrido insistir en la importancia de la Constitución. Pero debemos reconocer que siempre se la vulneró porque quien debía hacerla cumplir dejó de hacerlo y quienes reclamaban su cumplimiento justificaban no hacerlo para crear las bases para que se empezara a cumplir en un futuro que nunca llegó.

SIN CONSTITUCIÓN NO TENDREMOS REPUBLICA NI NACIÓN.

Desde 1983 hablamos de la DEMOCRACIA. Es tiempo de empezar a hablar de LA REPUBLICA. De esa República claramente establecida justamente en nuestra Constitución. Porque el Nazismo y el Comunismo siempre se llamaron "democráticos" pero nunca se atrevieron a llamarse REPUBLICANOS. Democracia y República deben ser principios indisolubles para garantizar la ARGENTINA de todos, LA ARGENTINA DE LA LIBERTAD.

Y la Libertad, es para el ser humano como el oxígeno, no se ve, ni se percibe, pero lentamente, cuando la atmósfera se enrarece, cerca de la asfixia, surge incontrolable el deseo de recuperarlo al extremo paradójico de dar la vida por él.


 

 

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