¿UNA CONSTITUCIÓN PARA EUROPA? A PROPÓSITO DEL “NO” FRANCÉS

Junio 2005
por Luis María Bandieri

El 56 % de los votantes en el referéndum francés del 29 de mayo último se pronunció por el “no” a la llamada “constitución” europea. La concurrencia a las urnas fue muy alta: casi el 70% del cuerpo electoral. En España, meses atrás, concurrió el 41,5% del electorado, y fue aprobada por el 78,5% de los votantes, es decir, el 32,6% del padrón Un triunfo de la abstención, como se ve. Lo llamativo del caso es que, tanto en el caso español como en el caso francés, los principales partidos políticos, la prensa y los grandes grupos económicos abogaban francamente por el “sí”. ¿Debe concluirse que el pueblo francés, mediante la concurrencia, y el español, mediante la ausencia, se han pronunciado contra una Europa unida? Creo que no. Han rechazado, más bien, un proyecto tecnoburocrático elaborado para la eficacia de un mercado de capitales antes que para el bien común de los pueblos que conforman la Europa extensa de veinticinco miembros. Ante todo, no es una “constitución” sino, a lo sumo, un tratado al que se le asigna un valor constitucional. No fue proyectada, discutida o aprobada por una convención constituyente en regla elegida por los ciudadanos de la UE –ni siquiera se apeló al recurso de convertir al Parlamento europeo de Estraburgo en una asamblea constituyente- sino por un comité de expertos bajo presidencia francesa, que se apresuró a sepultar en el olvido el concepto de “poder constituyente” que los propios franceses había redondeado más de doscientos años atrás. Porque el poder constituyente originario podía y debía expresar la decisión de un pueblo –el europeo, en este caso- acerca de la forma y modo de organizar su vida política. Se trata de un texto de cerca de cuatrocientos cincuenta artículos, farragoso y difícil aun para los expertos, y al la inmensa mayoría de los votantes en los referendums, o de los parlamentarios que lo ratificaron en otros países de la UE, no alcanzaron siquiera a echarle una ojeada. Parece comenzar así –y sea bienvenido el “no” francés aunque sólo fuese por este aspecto- una era de constituciones elaboradas por técnicos, para ser comprendidas sólo por técnicos, y aplicadas por ellos al “vulgo municipal y espeso” de la masa ciudadana.

Llama la atención que este proyecto de “constitución” no alcance a definir una forma política para Europa. ¿La UE habrá de conformar una confederación, una federación, un superestado unitario? No lo dice. Podría pensarse que la UE es una confederación que teme decir su nombre. Pero tan sólo vale como conjetura, ya que el voluminoso texto nada nos aclara. Tampoco impresiona por su mecanismo democrático., Los tres órganos superiores de la UE, esto es, el Consejo Europeo (formado por los jefes de Estado y de gobierno de los veinticinco miembros), el Consejo de Ministros y la Comisión Europea no son elegidas mediante el sufragio. Las dos primeras concurren en la función legislativa con el Parlamento Europeo, éste sí resultante del voto. La Comisión, el órgano ejecutivo, compuesto por tecnoburócratas, tiene a su cabeza un presidente, elegido por el Parlamento europea, a propuesta del Consejo Europeo.

En puridad, una confederación de hecho como lo es hasta ahora la UE, no requiere la tiesura de una constitución –las constituciones fueron pensadas para los Estados naciones- sino la flexibilidad de los pactos, del foedus que funda y mantiene la libre unión. Bastaba extender los pactos a las nuevas naciones integrantes de la UE y acordar organismos ejecutivos que fuesen también representativos. Hace mucho que la Corte de Luxemburgo equiparó a estos pactos como tratados internacionales con efecto inmediato y directo en los Estados miembros. El pueblo francés le ha infligido una lección a una clase política y a una casta tecnocrática encerradas en la autorrreferencia. Esperemos que sepan aprovecharla, así como debemos aprovecharla nosotros respecto de nuestros proyectos de integración continental, que adolecen hasta ahora de iguales vicios.
 

 

Háganos llegar su opinión sobre este artículo

Si utiliza nuestro material, por favor cite la fuente 

© Copyright 2000-2005 Harrymagazine (www.harrymagazine.com)

Mantenimiento: C & E asociados (www.ceasociados.com)     

 Portada