La Derecha Fallida y el matrimonio de Carozo y Narizota

Julio 2005
Por María Zaldívar

 

Ya sé. Usted me va a decir que el título de esta nota está desactualizado porque en nuestro país lo que ha fallado es el todo y no sólo la parte, y yo estoy de acuerdo con Ud. Si la Argentina es un estado fallido, ¿cómo no va a serlo la derecha? Espere un poco que le comento y va a ver que, al final, coincidiremos.

Veamos primero qué se entiende por estado. Sin ponernos académicos, un estado es un territorio con gente adentro regida por leyes y un sistema político determinado; ¿cierto? Bueno, la República Argentina tiene todo eso: un expandido territorio, casi 40 millones de habitantes, leyes para tirar al techo y la autoridad pública repartida entre tres poderes más las instituciones intermedias, como sistema político.

Ahora me va a disculpar porque, si bien pretendo no ampararme en lo académico, en este punto se impone una definición filosófica: la verdad del objeto ¿está en su definición o en el objeto mismo? Porque he aquí el nudo gordiano del resto: si el objeto es su definición, la Argentina es un estado; si el objeto es su realidad, la Argentina no lo es.

En este punto, los peronistas no deberían menos que parafrasear a su líder y al grito de "La única verdad es la realidad" aceptar, compungidos por la responsabilidad que les cabe en tal disolución, que la realidad argentina muestra sin pudor que esto no es un estado, y los pragmáticos, ídem.

Y en vías de chequear la veracidad de la comprobación empírica, comencemos analizando el componente esencial: su sistema político.

Tenemos un Poder Ejecutivo faccioso al punto de anular explícitamente la participación real de la de por sí poco gravitante figura del Vicepresidente de la Nación; un Ejecutivo que se mueve (reminiscencias de la juventud, probablemente) como una célula guerrillera por minúsculo y cerrado, con relaciones punto a punto, nunca generales alimentando la desconfianza entre pares, principio de sustentación básico de los regímenes totalitarios (remito a la Rusia estalinista y post estalinista, la Alemania nazi, la Italia del Duce, la Venezuela actual o la Cuba castrista).

Un Poder Legislativo tan desacreditado como corporativo, ese sí en el más puro sentido delictivo que pretendió darle el presidente Kirchner a la protesta de los jueces que reaccionaron a sus insolentes opiniones sobre fallos judiciales recientes. Legisladores veteranos que se han pasado décadas dentro del Congreso a la sombra protectora de una dieta más que holgada, camino a morirse sin haber conocido la sensación de ganarse alguna vez la retribución que perciben. Un Poder Legislativo que confronta en público, para la gilada que los mira por tevé, y acuerda en privado


Porque en la defensa de sus privilegios no hay distinción de partido, objetivos o delito. Un verdadero aluvión de cuadrúpedos que nos hace recordar con nostalgia aquellos personajes de las últimas dos décadas que nos parecían patéticos y que ahora nos venimos a dar cuenta de que con ellos estábamos mucho mejor, cuando creíamos que estábamos mal.

Y un Poder Judicial entrampado en el descrédito que alimentan perversamente los otros poderes del estado por aquello de "Mal de muchos, consuelo de tontos". La independencia de los jueces perdida a manos de la inmoralidad de quienes se prestaron a fallar al compás de los requerimientos políticos, que son algunos y conocidos con nombre y apellido, enchastra al resto y se transforma en el paraguas protector para seguir allí, al abrigo de los que hacen bien las cosas y cargan con el prontuario de los magistrados del Ejecutivo de turno.

Hoy, para más datos, la sociedad asiste sin que se le mueva un pelo al enfrentamiento entre los poderes del estado instigado por el mismo Ejecutivo Nacional. "Siempre acompañamos al señor Blumberg porque estamos con todas las expresiones populares" ha dicho recientemente el Ministro Aníbal Fernández para profundizar el error de inducir al ciudadano, erróneamente, a considerar legítimos cualquier reclamo y cualquier forma.

Señores: el Poder Ejecutivo no puede "acompañar" una marcha contra otro poder del estado porque está incentivando la disgregación, el caos y la anarquía aunque le entusiasme coincidir con las aspiraciones de Juan Carlos Blumberg de establecer un estado autoritario. Que quede bien claro para los que, como el presidente del Colegio de Abogados de la Ciudad de Buenos Aires, doctor Durrieu, avalan y alientan las intenciones del gobierno y de sectores fascistas de controlar la correspondencia, las comunicaciones y la vida privada de los individuos.

Y vamos por una hojeada a las instituciones intermedias: los sindicatos, las cámaras empresarias, los colegios profesionales, los cultos religiosos, las fuerzas armadas y los medios de comunicación, para mencionar algunas deinnegable importancia.

Perón volvería a morirse de ver la conversión de sus descamisados y los jefes de sus descamisados en empleados mal pagos de un estado burócrata y explotador. Son el invento que superó al inventor; el Mr. Hyde del doctor Jeckyll. Si alguna vez habían sido la representación de la masa obrera, hoy son su peor enemigo. Se reparten ganancias mal habidas, negocian con los políticos, pactan con los empresarios a espaldas de sus defendidos, a expensas de ellos y en su contra. En connivencia con este gobierno populista le niegan al trabajador la libertad sindical y mantienen el monopolio en cabeza de la central "amiga".

Las cámaras empresarias, en este contexto, tratan de arañar subsistencia que no significa otra cosa que prebendas, decretos a medida, leyes de promoción y cuanta porquería intervencionista pueda caber en la anchísima manga del puñado de funcionarios que nos deciden el destino. Una Unión Industrial renovada y vergonzosa que repta tras una migaja de más y más estatismo tan bochornosa y desembozadamente que pronto Ignacio de Mendiguren, el padre de la pesificación asimétrica, nos va a parecer un prócer.

Los colegios profesionales están pivoteando entre lo que debe ser y lo que les conviene a sus clientes. Por eso salen mal y tarde a criticar el avance descarado del gobierno sobre las libertades individuales.

Las autoridades religiosas tratan de mantener el perfil bajo, en la convicción de que el momento es tan delicado, que alguien tiene que asumir una actitud responsable, opción descartada y desconocida para el presidente y sus adláteres.

La desintegración interna de las fuerzas armadas es un proceso que no reclama demasiada descripción. Duele a los que las respetaban y alegra a los que las odiaron. De cualquier modo, es lamentable admitir la entrega de las propias banderas y comprobar que ni los uniformados y sus familias acompañaron a Monseñor Basseotto en la misa que ofició el Día del Ejército.

Y vaya el párrafo final para los medios de comunicación. Tal vez sea éste el indicador más alarmante de la decadencia actual. Que los cuatro oligopolios que totalizan más del 90% de la información radial, gráfica y televisiva de nuestro país hayan aceptado la reciente adjudicación por decreto de la extensión de sus concesiones, es un dato absolutamente desalentador. Porque ellos sí tenían forma de operar un cambio de rumbo sobre las actuales autoridades, particularmente sensibles a las encuestas, a la pantalla y a la imagen. Pero prefirieron el negocio. Y se alquilaron.

En cuanto al componente del territorio, todavía está, reconozco aunque debido a la indiferencia ajena más que a una política local activa. En otras palabras: está porque nadie nos vino a sacar nada, no porque su resguardo sea una prioridad de nuestras autoridades; casi no cuenta o cuenta tanto como cualquier otra circunstancia devenida de la casualidad.

Entonces, frente a esta desintegración, la verdad, usted que una vez fue bajo la lluvia con la boina celeste a la cancha de River y gritó de emoción cuando "El Chancho" llamó al batacazo en las urnas, que la UCeDé hizo realidad meses después; dígame: ahora ¿se explica por qué la unión de Macri y López Murphy le importa tanto como el matrimonio de Carozo y Narizota ?

 

 

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