La flotación del yuan

Julio 2005
Por Luis Antonio Candurra


Sin que hubiera ningún signo visible que lo anticipara, el pasado jueves 28 de julio la República Popular China aceptó el largo y repetido reclamo de los Estados Unidos de América con respecto a su política cambiaria y anunció que, después de once años, el yuan dejaría su vínculo con el dólar (8,28 yuanes=1 us$).

Ahora el yuan tomará como referencia para su cotización diaria una canasta de monedas, que no ha sido difundida públicamente. El primer día del nuevo régimen la revaluación del yuan significó un mero 2,1% (8,11=1 us$). Hoy cotizó una fracción de un centavo más abajo, quizás mostrando que “realmente flotará”, dentro de un sistema que las autoridades denominaron “régimen cambiario de flotación administrada” que, con menos palabras, también se conoce como “flotación sucia”.

Mientras los economistas de Occidente (incluyendo a medios especializados del prestigio de The Economist) tratan de inferir cómo afectará la nueva política a las exportaciones chinas, el crecimiento de su producto bruto o el flujo de las inversiones externas, poco se habla del significado estratégico de este nuevo panorama.



China ha optado por acercarse un paso más a la flotación libre que utilizan las siete principales economías capitalistas (G-7), tal como éstas se lo pedían desde que la devaluación del dólar frente al euro y al yen arrastraba también al yuan, aumentando la competitividad “cambiaria” de sus ventas al exterior.

Para esto, aunque no se sepa aún en qué medida, está dispuesta a sacrificar una ventaja para sus exportaciones, que podría, quizás, llegar a notarse en su tasa de crecimiento.

Y no lo hace en cualquier momento. La “flotación sucia” se inicia en la misma semana en que el presidente estadounidense George Bush recibió en Washington al primer ministro de la India Manmohan Singh, la democracia más grande del planeta y, llevándose por delante toda la filosofía y la praxis del Tratado de Tlatelolco de No Proliferación Nuclear, dijo que la única superpotencia del planeta está dispuesta a colaborar con el desarrollo nuclear para usos pacíficos con la India, a pesar de que ésta posea una detonada tecnología de armas atómicas.

Lo que está en juego es el balance de poder en el Asia-Pacífico, el continente y el “Mare Nostrum” del siglo 21.

Ante el desafío que significa un nuevo nivel de “alianza estratégica” entre la India y los Estados Unidos, China – con los reflejos rápidos que exigen los tiempos de la globalización – respondió en la misma semana con un gesto que no puede interpretarse de otro modo que un acercamiento al país- eje del sistema mundial de poder.

 

 

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