Porque la Argentina debe integrarse a la

agenda productiva del siglo XXI

 

Agosto 2005
Por Mario Burgueño / CampoNOVA

 

¡Es el conocimiento, estúpido!


Si bien las retenciones y sus implicancias sobre la frialdad de los números públicos y privados genera opiniones de ida y de vuelta, sería más que interesante determinar que queremos como modelo de producción para nuestro campo y nuestra agroindustria. Esta visto que el modelo de extracción de renta imperante durante buena parte del siglo XIX y el siglo XX se encuentra casi obsoleto.

Lo nuevos paradigmas de producción, sobre todo con las expectativas que despierta nuestro país en un mundo donde los futuros conflictos estarán dados por el agua y los alimentos, debería hacerlos pensar - a pocos años del bicentenario de la Patria - si el debate pasa realmente por las retenciones o el PAIS.

Si queremos un país de gran concentración de riqueza, apliquemos retenciones, no lo dudemos, pues ellas si duda atentan contra los pequeños productores y las áreas marginales. No son un sistema federal ni ayudan a controlar los precios, los hechos recientes lo demuestran claramente, transfieren recursos del campo a los centros urbanos, provocando concentración de estos y de masa demográfica en busca de oportunidades que se les niega en su lugar de origen, con los consiguientes problemas de administración, de educación de baja calidad, de justicia ausente, de seguridad inadecuada y de salud deficiente. De cualquier modo, las retenciones pasaran, las sacarán en algún momento y los precios de los commodities subirán y bajarán una o otra vez.

Necesitamos innovar, ser creativos, estar dispuestos a dejar algo mejor para los que nos sucedan, esto requiere rediseñar nuestra concepción mental de como nos relacionarnos con el Estado y el Estado mismo, los sistemas impositivos, como educar y para que hacerlo, como generar nuevamente en los jóvenes el culto al trabajo, revalorizar nuestra cultura, nuestras raíces e ingresar así, mas justamente, a la sociedad del conocimiento.

Las tensiones políticas que vive nuestro país, por distintas causas y efectos, desde hace por lo menos una década, dejando huellas profundas de asimetrías y matando la movilidad social que la Patria supo tener, se ve ahondada por aquellos que todavía hoy, en pleno siglo XXI generan dicotomías entre una sociedad industrial y una sociedad del conocimiento.

El mundo transita ya el conocimiento, la inteligencia artificial, el comercio internacional es una herramienta sustancial en el crecimiento de un país. Hoy las economías se encuentran tan interconectadas que nadie se puede dar el lujo de mantener trabas contra el flujo comercial.

Es obvio que no se puede desconocer el papel que juega en la economía el sector de la agroindustria. Es por ello que los cambios demográficos afectan las decisiones políticas. Las poblaciones de consumidores urbanos ha crecido y estos son generalmente poco tolerantes de aquellas medidas que alteren sus costumbres y encarezcan sus alimentos, mientras que los productores van desapareciendo y su poder político va decreciendo como consecuencia de la falta consideración política, de la migración campo-ciudad, la cual - en el caso específico del primer Estado Argentino - pone en serio riesgo la trama social del interior bonaerense y del país todo.

En la actualidad, los países subdesarrollados – y ni hablar de América latina - se encuentran con déficit fiscales elevados y sometidos a una gran presión para recortar sus presupuestos en pos de cumplir con compromisos contraídos en los organismos internacionales de crédito. Sumado a ello, hay más electores urbanos que rurales, lo que conlleva a que la clase política se encuentre cada vez menos dispuesta a tratar de comprender a los productores agropecuarios en sus problemas.

Hoy el mundo tiende a conformar un gran mercado global e integrado, y aunque los países desarrollados sean más ricos, los países en desarrollo con economías emergentes como Argentina experimentarán mayores tasas de crecimiento. Se estima que casi el 90 % de estos nuevos consumidores vivirán en el siglo XXI en estos países, cuyas economías crecerán a un promedio estimado del 5 % anual contra un 3 % estimado para las naciones mas desarrolladas del planeta. Esto conlleva a un aumento del comercio interno y entre ellos de los países en desarrollo con un fuerte impacto en el sector de agroalimentario.

Las transformaciones no son caprichosas, ellas responden a tendencias y cambios concretos en los gustos y las preferencias determinados por los contribuyentes-consumidores-ciudadanos, entre los que imperan conceptos determinados por la conveniencia, la salud y la variedad. En la actualidad y en casi todas las sociedades del mundo en desarrollo y desarrollado, las mujeres poseen una educación similar o superior a los hombres e irrumpen al mercado laboral en gran número y con fuerza arrolladora, sin contar cuantas de ellas son único sostén de familia. Esto lleva a pensar que la gente tiene mucho menos tiempo disponible para satisfacer sus necesidades alimentarias. Ya no quieren tanto alimentos para cocinar sino comida para comer. Es por ello que la participación en este sector del mercado de la agrocadena es cada vez mayor. En EE.UU, el 42 % de lo que se gasta en alimentos fuera del hogar es para comer “afuera”. En nuestro país esta cifra es menos elevada, pero no por eso menos significativa: alrededor del 29 %.

Puertas adentro, hoy las comidas de preparación rápida significan una prioridad debido al dinamismo cotidiano. El horno a microondas –tal vez en poco tiempo- será tan común en los hogares como la TV. Por lo pronto, es lógico pensar que desde el Estado se debe fomentar en la agrocadena la concepción de agregar cada vez más valor como una contribución al ahorro del tiempo disponible. Ahora bien, esto no significa de ninguna manera que el alimento sea desplazado a un segundo plano, sino que conjuntamente con esta serie de premisas de la vida en la modernidad, la calidad es cada vez una exigencia mayor, especialmente por su aporte a la salud. La preocupación por el impacto nutricional de los alimentos irá en aumento.

Los consumidores creen cada vez con mayor convencimiento que son vistos por lo que ingieren, ya que la preocupación por las grasas y el colesterol causó en estos últimos años – entre otras cosas - una merma del consumo “per cápita” de carne roja con un aumento sostenido de las denominadas “carnes blancas” como el pollo y el pescado. Los productos frescos ganan cada vez más espacios en las góndolas por su marcada preferencia entre los consumidores, aún entre aquellos de bajos recursos económicos. Los productos orgánicos se encuentran en franca expansión, hecho que más allá de marcar tendencias de consumo, hace que su valor oscile entre un 25 y un 100 % más que aquellos tradicionales. La diferenciación marca territorios en la lucha por ganar espacios en los mercados, tanto en los tradicionales como en los nuevos.

Por su parte, la agroindustria también va integrándose con lazos cada vez más estrechos a la producción agropecuaria. En los últimos años, muchas industrias han ingresado al sector en busca de su propio espacio montando su propia producción o haciendo contratos con productores. Muchas de ellas llegan a la rutina de fijar pautas de producción y ceden insumos a los productores. Es de esperar que la fusión entre el sector agropecuario y la agroindustria sea cada vez más estrecha. Por otro lado, el fenómeno de la integración ha llegado al punto en que las grandes cadenas de supermercados – por su gran poder de compra - realicen contratos en forma directa con los productores agropecuarios generando marcas propias. Estos fenómenos achican la cadena y quienes no sean capaces de agregar valor a su producción, se verán en serios aprietos.

Un párrafo especial merece la biotecnología, pues está abriendo nuevos horizontes para el sistema de producción agroindustrial. Esto traerá aparejado un cambio de las explotaciones agropecuarias, ya que las que hoy conocemos de la manera tradicional no existirán solamente para producir alimentos sino que es posible que también produzcan insumos farmacéuticos, ya que se están desarrollando animales transgénicos cuyas estructuras genéticas producen fármacos en su leche. El diseño genético de un animal es único y distintivo y este es en si mismo una patente.

Alemania ya posee vacas cuya leche tiene lactoferina humana, la cual se usa para mejorar la digestibilidad y la prevención de enfermedades en la infancia. La leche porcina será usada para la obtención de un agente biológico que ayudará en la prevención de la coagulación de la sangre en casos como ataques cardiacos o cerebrales. También en cerdos se están desarrollando experiencias tendientes a la producción de órganos compatibles con el ser humano, tales como corazones, riñones y pulmones. En cuanto a la leche de cabra, esta es más que posible que desarrolle una proteína usada en la prevención de la fibrosis cística.

Por el lado vegetal, ya se están llevando a cabo experiencias con variedades que sean capaces de producir vacunas comestibles para uso humano y animal.

Es tan importante el potencial futuro de la producción agroindustrial que los grandes conglomerados farmacéuticos se encuentran abocados al cierre de contratos o compra dentro de la industria semillera. La biotecnología avanza casi sin que nos demos cuenta, ya que en la actualidad se usa la hormona de crecimiento bovina produciendo grandes avances en la actividad lechera. Es obvio que estos y otros cambios tecnológicos que vayan surgiendo harán repensar el negocio de los proveedores de insumos.

Seguramente los servicios serán cada vez mas “a medida” con altos controles de calidad y aplicación, ya que el negocio cambiará de ser “por hectárea” a ser “por metro”.

Otro párrafo a parte merece la calidad y la diferenciación, hecho en si mismo que conllevará al desarrollo de programas de calidad de origen, trazabilidad, etc.

Asimismo, la ecología ya juega un rol más que importante en el desarrollo de la agroindustria, ya que los insumos industriales de origen agrícola libre de contaminantes es una preocupación no solo de los productores agropecuarios sino también de los gobiernos. Estos últimos se están endureciendo cada vez más con los requisitos y las regulaciones sobre contaminación y reciclaje. Los productos denominados “verdes” u orgánicos están subiendo en la preferencia de los consumidores con buena demanda.

En el mundo se han perdido en los últimos veinte años 500 mil millones de toneladas de capa superficial de suelo. Esto determina que el costo de pérdidas en producción alcance los 65 mil millones entre Asia y América Latina, mucho dinero que se podría haber destinado a políticas de desarrollo social.

Es para destacar un hecho único: el uso del agua – elemento vital si lo hay – se ha triplicado en este siglo, llevando a una competencia preocupante entre el ámbito rural y los grandes centros urbanos. Ya en año 2.000 la demanda era un 70% mayor que la oferta actual, hecho que demuestra a las claras que las preocupaciones sobre los cuidados en materia ecológica no son nunca demasiadas.

Si bien es cierto que las urgencias de muchos actos de gobierno conllevan a la austeridad del sector público en pos de exigencias netamente fiscales, no se pueden descuidar programas en desarrollo o la planificación de acciones tendientes a morigerar estos problemas que hoy se presentan sin solución.

La conservación del medio ambiente, junto a un manejo más benigno de los recursos naturales y el sostén de la producción agropecuaria a largo plazo, deberían constituir desafíos críticos de la agenda productiva en esta primera década del siglo XXI.

La agroindustria del siglo XXI no debería basarse en el modelo agroexportador que fue cimiento de sostén económico de nuestro país durante el siglo XX.

La piedra basal debería ser la potenciación de ese modelo incipiente que se comenzó a dibujar a fines del siglo XX, con incorporación de genética digital y relacional, con nuevos y mejores servicios, con agregación de valor y de conocimiento.

Recién entonces comenzaremos a transitar - emulando a Alvin Tofler - la cuarta ola, la ola del conocimiento, la cual, estoy convencido, hará que nuestro compatriotas vivan una vida mas digna.

 

 

Háganos llegar su opinión sobre este artículo

Si utiliza nuestro material, por favor cite la fuente 

© Copyright 2000-2005 Harrymagazine (www.harrymagazine.com)

Mantenimiento: C & E asociados (www.ceasociados.com)     

 Portada