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LA
DAÑINA OSCURIDAD DE
ILUMINADOS POR EL FUEGO
Septiembre 2005
por Claudio Chaves
La Guerra de Malvinas no ha sido un buen ejemplo de estrategia militar, hubo
peores. Ni siquiera podría ser considerada una opción internacional
recomendable, quedaban otros caminos por explorar. Sin embargo a la hora de un
repaso histórico lo peor que se puede hacer con aquella gesta es promover su
denigración y descalificación.
El odio y el desprecio a las Fuerzas Armadas, sentimiento arraigado en
minúsculos sectores intelectuales argentinos, no pueden cegar de forma tal, que
impida comprender los intereses generales del país más allá de quienes lo
gobiernan.
La película Iluminados por el Fuego que pretende abordar aspectos de esta guerra
cae en errores imperdonables e inmerecidos. Incorpora a su guión condimentos
superficiales y hueros, propios, del pensamiento progresista: algunos gramos de
alma justiciera comprometida con los valores universales de la humanidad
doliente, y sensiblería barata, como resaltar la juventud inexperta de
soldaditos, arrancados brutalmente de las faldas de sus madres por la
prepotencia cuartelera.
Sorprende este último discurso, atento a que Director y guionista son firmes
defensores de los combatientes del 70’, tan jóvenes como los de Malvinas.
Sin embargo pareciera que la corta edad en los 70 fuera garantía de pureza,
entrega desinteresada y justicia ¡al fin y al cabo eran jóvenes idealistas
valientes y aguerridos!, empero, en Malvinas los párvulos devienen en niños
inexpertos, temerosos y bautismales.
¡Francamente hay que tener el alma torcida para sesgar la mirada de esta manera!
Los jóvenes, a criterio de estos intelectuales, pueden asimilar, adultamente, la
teoría del foco y la lucha armada en aras de vagas sociedades igualitarias.
Ahora, cuando se trata de la defensa de la patria, de valores vinculados a la
soberanía y a nuestra historia se transforman en niños de pecho a los que hay
que proteger como si fueran de cristal.
Tristán Bauer, Director y co guionista, junto a Bonassso, nos brindan una
versión de la guerra tan injusta como incorrecta, tan infantil como
atrabiliaria, tan anti argentina como inhumana.
Es, tan solo, un perfil más de la ola desmalvinizadora. No proponen nada nuevo.
Apenas una retahíla de monsergas como:
Los intentos de perpetuación en el poder por parte de la Dictadura Militar, que
al lograr una resolución decorosa del problema de las islas zafarían de la
responsabilidad política del golpe del 76’.
La insistencia sobre mal trato a los jóvenes soldados por parte de una
oficialidad perversa que desarrolla el orden cerrado en medio del campo de
batalla, negándose a ver en ellos, a noveles guerreros sino a “tagarnas” muertos
de miedo y frío.
Finalmente la idea de que nada patriótico, digno y altruista puede partir de
esas Fuerzas que aniquilaron lo “mejor” de nuestra juventud.
Así las cosas, la película transita en una medianía que, con notables esfuerzos
técnicos, no alcanza a sobrecoger al espectador. Al menos conmigo no lo han
logrado.
Iluminados por el Fuego es una excusa, vil e insincera, para denigrar lo mejor
del alma argentina: la entrega sin cortapisas al destino común expresado, en
este caso, en la defensa irrestricta de la soberanía territorial y también
cultural, por parte de unas Fuerzas Armadas plagadas de contradicciones, de
jóvenes soldados cuyas vidas trascendían a la heroicidad, de intelectuales que
interpretaron las circunstancias y de un pueblo que acompaño la situación.
Frente a esta patraña se hace preciso recordar que en historia no se juzgan las
razones ocultas y personales de tal o cual hombre o gobierno, sino la
importancia y el valor de la acción misma. Se _evalúa, sólo, la justicia o
injusticia de los hechos.
¿Qué importancia tiene para la historia la factura moral de sus personajes?
¿acaso nobles y loables labores no han sido llevadas adelante por hombres y
mujeres de vida personal dudosa? ¿Y tremendas crueldades por personajes
impolutos y admirables por su conducta cotidiana?
¿Con que ética juzgamos a los militares, a los políticos, con la misma con la
cual juzgamos, a los sacerdotes, los médicos o las maestras jardineras?
Por otro lado ¿merecen condenarse todos los actos de las Fuerzas Armadas por su
incalificable error con el golpe de Estado del 76’. ¿Es posible tanta ligereza
de análisis? ¿Todo se hace mal o todo se hace bien?
Veamos lo que quiero significar, nuestra historia está cargada de ejemplos,
compartamos uno.
El General Lavalle tuvo un desempeño excepcional en la Batalla de Riobamba,
inflingiéndole una formidable derrota al Ejercito español. Algunos años después,
en plena guerra civil porteña, ordenará el fusilamiento de Dorrego y la matanza
de gauchos e indios en el interior de la provincia. ¿Alguna de estas acciones
anula a la otra?
Para ser más preciso ¿su conducta criminal contra hermanos de provincia y
enemigos políticos opaca u oculta su patriotismo?
Como decía un entrañable humorista “una cosa es una cosa y otra cosa es otra
cosa”.
Por una se lo condecorará y por la otra pagará. ¡Así de sencillo!
Por otro lado y a mí entender lo más grave y desolador del film es negar o
restar mérito a la heroicidad de las jornadas. Lo aseguro, convencido de mis
palabras, por haber sido Director de la única escuela secundaria para
excombatientes, por dónde pasaron a lo largo de cinco años doscientos de ellos y
conozco de lo que escribo.
Entiéndase bien lo que quiero señalar. No me refiero a la valentía y al coraje
personal que unos exageraron y otros carecieron, apunto a la heroicidad de la
gesta.
Es que Director y guionista encerrados en su hermético mundo ideológico remiten
todo a lo individual y se les escapa lo trascendente.
Bauer y Bonasso con esta película devastan la estructura emocional del guerrero.
Al desvalorizar o minimizar la gesta pulverizan su moral y el sentido de sus
actos. Con los argumentos ofrecidos por la película ¿de que sirvió haber estado
allí? ¿A qué tanta muerte y tristeza?
En su pretendida reivindicación de los excombatientes lo único y perverso que
logran es abandonarlos inermes, desnudos y desolados.
Huérfanos de razones y vacíos de heroicidad ¿qué queda de ellos? Bauer y Bonasso
corrompen de esta manera el acto más generoso, más extraordinario, más
voluminoso en la vida de los individuos y de los pueblos, como es el sacrificio
y la entrega por una causa común, como es la Patria.
De aquí al suicidio hay un paso muy corto.
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