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OCTUBRE : ¿EL PAIS QUE QUEDO ATRÁS?
Septiembre 2005
por Gabriela Pousa (*)
-“Es tiempo de mostrar los éxitos”- sonó más que como un reto como
una necesidad acuciante.
-“Nunca se ganó una elección poniendo sobre la mesa reformas
estructurales”-, cualquiera que lo haya dicho, no se equivocó. Es
cierto. Sin embargo, la gente pide proyectos, se cansó de las peleas, las
culpas, las agresiones. La histeria presidencial jugó en contra. El llanto del
gobierno no causó pena.
-“Pero, ¿qué gente?”- y entonces, la respuesta requiere que usted
y yo nos sinceremos.
El grueso del pueblo no quiere propuestas. Aquellos que están bajo la línea
de indigencia, tratando de sobrevivir -aun cuando no haya huracán que azote esta
tierra- no espera nada de la dirigencia. Aprendió, mejor que esa otra franja
social denominada “clase media”, que el futuro es como el presente: un
resultante de sus esfuerzos. “Arriba” pueden poner más o menos obstáculos
a los intentos.
No saben siquiera qué se vota el 23 de Octubre y el desconocimiento dista de ser
ignorancia. Es indiferencia. El país en que viven es lo que hacen o dejan de
hacer día a día, con sus fuerzas. El resto es utopía.
Mientras, esa otra franja de la sociedad, pretenciosa y engrupida,
capaz de solucionar 50 años de desgracias en mesas con abundante puchero,
continua su llanto perpetuo. Ya sabe a quién no votar aunque le presenten
plataformas electorales repletas de ideas. Esta constituye una buena
recreación cosmética de víctima, mucho más presentable que la víctima en
sí, mendigando en estaciones de tren, en semáforos parados o a la salida de los
supermercados. Habla, despotrica pero nada más. Es la que nunca votó a Menem. Es
la que no votaría a Luis Zamora aunque, en la elección a Jefe de Gobierno, “Autodeterminación
y Libertad” se hiciera de varias mesas en las zonas más “paquetas” de la
ciudad… Es la famosa “clase media” in-popular.
Sin embargo, las abismales distancias entre unos y otros, se unifican en un
rasgo común: el kirchnerismo les asquea. El “por qué” vuelve a
establecer las diferencias. Ahondar las características por las cuáles el estilo
maniqueo de K. produce desencanto requiere un estudio social exhaustivo que
excede a este espacio. En cambio, las consecuencias atañen al escenario político
en el cuál, hoy por hoy, nos hallamos todos los argentinos.
Los dos grupos, aparentemente disímiles de la ciudadanía, no suman votos a la
gestión oficial. Y esta sola realidad conmociona los ánimos de Balcarce 50. Si
unos viven en condiciones infrahumanas y los otros pueden resultar interesantes
instrumentos financieros no aporta un ápice a los objetivos del Gobierno. Sólo
cuenta aquello que arrojan los sondeos.
Argentina comienza y termina el 23 de Octubre cuando se cierran las urnas.
Así lo determinan los almanaques de la Casa Rosada. La próxima partida atiende
el 2007 pero por ahora ni siquiera esa meta distrae la atención de un
conglomerado de individualidades que, a esta altura de las circunstancias, no
tienen ni idea sobre cuál es su función. Más de uno, incluso, lamenta haberse
embarcado en esta epopeya sin héroe redentor y en un laberinto sin Ariadna ni
Teseo. No tienen la menor idea de cómo salir de esto.
No saben que suerte corren pero saben que no depende de sus cualidades sino del
grado de sumisión. Entre tanto, el jefe de Estado, atenúa denuncias y duplica
anuncios de obras públicas. Gime, implora. “El que no llora no mama y el que no
afana es un gil”, plataforma política poco novedosa pero muy de moda. Y ante
eminente conflicto social, se sienta frente al plasma a ver qué pasa. Más
“gastado” que Aníbal Fernández posiblemente no haya, de allí que quede a cargo
del mantenimiento de la “normalidad” un día de protesta callejera.
Ahora bien, como expusiera días atrás, las soluciones de la Presidencia
quedarían en evidencia en una semana. La consigna estaba clara: Éxitos. Y, en la
medida de lo posible, mantener un decibel más abajo la oratoria del Primer
Mandatario. A simple vista, ambas metas fueron alcanzadas:
-Los últimos discursos de Néstor Kirchner y de la Primera Dama cobraron otro
tinte.
-Las huestes piqueteras se replegaron frente a la “política de saturación”
policial que invadió la ciudad. Y se “aceitaron” algunos medios.
Claro que, en medio de todo esto, la caja se abrió. Aunque no se lo mencione,
no es un detalle menor.
Aquellos reclamos que contaban con más aval de la gente no hallaron
“quiero retruco” ni “quiero vale cuatro”. Y aunque la
memoria sea un arma estratégica para la campaña ad eternum del
Presidente, éste supo hacer uso de ella para recordar que un grupo de
“estudiantes” le jaqueó un ministerio a otro gobierno.
-“Libros no, pero alpargatas es poco, Néstor” – le aconsejaron a
tiempo. Perón murió…
Una mujer salió en televisión denunciando golpes y extorsión por parte de un
líder piquetero: “Si no vamos a las marchas nos quietan los planes”.
Ni ruido ni nueces. Nadie pestañeó siquiera. Y es que la estrategia era
demasiado obvia y muy vieja. ¿Y si es cierto? Tampoco sería novedoso.
-“¡Aníbal!, pensá otra cosa” – fue el último grito que retumbó en
Balcarce 50. De allí, a ver qué pasa en el sur. ¿Los fondos? ¿Qué fondos? Ya se
anunció que volverían. Sí, como las oscuras golondrinas. Sino reclamen a
Bécquer, Gustavo Adolfo.
Y la “bendita” policía salió a representar el rol de cordón umbilical
para un gobierno en franco estado de orfandad. Hasta ahí, puede que haya cierta
lógica, que cierre la cosa… Ahora bien, ¿por qué la movilización piquetera se
frenó sin resistencia? La respuesta entraña algo más que la “política de
saturación” oficial. Además, saturaron hace mucho ya… El ministro del
Interior y el Jefe de Gabinete fueron contundentes: “No se conversa bajo
presión”. Pero el primero fue aún más específico tiempo antes:
“Con chamuyo no se convence a la gente”
Y nadie dialogó. Pero nadie niega tampoco que en la semana, hayan pasado
ciertos punteros del conurbano por Balcarce 50. No. A conversar, no. Por eso, el
Gobierno cumplió… Es la lectura oficial de lo que pasó.
Pensar que los movimientos piqueteros, con grupos de izquierda incluidos y a la
vista definidos (“Quebracho”, entre ellos) recula frente a la
policía es pertenecer al bando conspirador que acusa el gobierno. También lo es
creer que los huesos franceses son una tramoya o que a los
sindicalistas del Hospital Garraham se les niega el aumento porque no tienen
razón. Es adentrarse en el complot considerar que, a ese grupo, se lo
“sanciona” (en cuotas) porque en los sondeos de opinión, la gente se
manifiesta en contra de su reclamo indiscriminado. Es conspirar contra el
“orden” sospechar siquiera que tanto éxito repentino huele a efímero y
obedece a la caja que se abrió.
Lo políticamente correcto es entender que la campaña menguó y, de ahora en
más, todo será eficiencia gubernamental, orden y santo fragor…
Entre tanto, los que se hallan bajo el índice de pobreza siguen ignorando a la
dirigencia y construyendo una Argentina sino posible al menos probable algún
día…
Y Pilar, Barrio Norte, San Isidro y Recoleta (excepciones claro que las hay, y
omisiones también…) siguen “arreglando” la decadencia
institucional con cuchillo, tenedor y copas llenas.
Lo que deriva de esta situación coyuntural es predecible: una reubicación de
figuritas en la escena nacional y maniobras de estirpe oportunista capaz de
mantener el clima de “tensión” hasta el día de elección. ¿Después? El
“después” todavía no llegó. Y preguntar por él es parte de la conspiración…
(*) Analista Política. Lic. en Comunicación Social (Universidad del Salvador)
Master en Economía y Ciencias Políticas (ESEADE) Queda prohibida su reproducción
total o parcial sin mención de la fuente.
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