LAS ELECCIONES  CATAPULTAN A MACRI COMO LÍDER DEL CENTRO DERECHA Y  SANCIONAN LA DESAPARICIÓN DE LA IZQUIERDA EN LA CAPITAL ARGENTINA

 

Octubre 2005

Por Edgardo Arrivillaga
 

Las elecciones que consagran el triunfo de Mauricio Macri en la Capital Federal abren un espacio de negociación que tiende a reformular una fuerza de centro-derecha que incluya a sectores del peronismo, conteniendo a los duhaldistas en un propósito postperonista apoyado claramente en una nueva y difusa burguesía nacional –

Macri en este caso - ejemplifica a alguien que tiene mas puntos de coincidencia con el sistema económico lavagnista que con un eventual triunfo de la ortodoxia lopez murphysta.

La derrota de este ultimo y el redimensionamiento de Elisa Carrio se debe fundamentalmente a que la sociedad vota por las prioridades económicas y no por las constitucionales o republicanas, probablemente porque todavía no advierte el final del pasadizo negro de la economía y carece instintivamente de confianza en las propuestas de las fuerzas que provenientes del radicalismo impulsen una política de recambio.

En ese aspecto tanto la Carrio como Murphy expresan al radicalismo antiperonista pero no logran ofrecer un plan, un modelo, un esquema de trabajo que posibilite el reconocimiento de la gente y su aceptación.

Macri, con su imagen de gestión de empresas y de negociador de una entidad económica y emocionalmente tan compleja como Boca Juniors expresa una política de tecnocracia eficiente y a la vez rodeada de una imagen de popularidad que lo acerca al peronismo populista sin Perón.

En ese aspecto Macri es más postperonista en el nivel de la gestión pero mucho más pragmático que el juego kirchnerista apuntado hacia la resurrección ritual del camporismo o al peronismo de izquierda lisa y llanamente.

Circunstancialmente la victoria de Macri implica también el desguace de las dos izquierdas, la paleo peronista y la socialdemócrata en un esquema que solo el ibarrismo sometido parecía poder unificar y este fenómeno se traslada prácticamente sobre toda la izquierda de la Capital Federal que es la gran derrotada en estas elecciones.

El otro fenómeno es de naturaleza intrínsecamente psicológica

Todas las fuerzas políticas argentinas advierten con pituitaria memoriosa y sutil, el carácter inevitablemente autoritario de la hegemonía de la pareja gobernante pero no se perciben peligros igualmente hegemónicos en una coalición de fuerzas de derecha integradas por gente como Macri o Sobisch. Le costará mucho a la pareja real diluir esa imagen de patoterismo y prepotencia y por el contrario los errores en que pueden incurrir, embriagados por el ciego perfume de la victoria en la provincia de Buenos Aires puede -particularmente si la economía no se presente tan favorablemente- acentuar tendencias totalitarias que potenciaran la rápida y eficaz cristalización de una fuerza de derecha de centro, moderada y con una multiplicidad de caudillos, Macri, Sobisch, López Murphy, Binner y el propio Rodríguez Saa que invalidan por su propia heterogénea constitución cualquier intento de preponderancia.

La fragmentación política observada en este acto electoral desvirtúa el discurso neomontonero y exige un perfil de negociación sobre políticas de estado que necesariamente deberán consensuarse con la propia oposición, en este caso encarnada en el joven Mauricio Macri y las fuerzas que gradualmente se le sumen y que lo impulsarán a ejercer un rol nacional y no meramente capitalino..

Las elecciones demuestran que la crisis de los partidos de carácter nacional tanto en su despliegue territorial como en su naturaleza confrontativa desde lo ideológico o doctrinario, la Causa Radical o el antiimperialismo basilar del primer peronismo han quedado aherrojados al pasado histórico. y que el electorado vota por gestiones locales, inmediatas, directas y que resuelvan los problemas de la gente.

Esto provocara una descentralización del poder hacia abajo-se producirá un fenómeno comunero a la española. y simultáneamente obligara a revisar el esquema del unitarismo fiscalista, so pena de que las tensiones sociales que inevitablemente se desencadenaran por vía de actores absolutamente de izquierda privados de representación parlamentaria -aumenten la conflictividad social y jaqueen los tiempos políticos del propio kichnerismo.y su construcción política durante el año 2006.

Finalmente el otro gran triunfador de la jornada electoral es el programa del modelo lavagnista que no parece haber sido debidamente cuestionado por la clase media que ha sido la mas afectada por su aplicación.

Con una izquierda diluida, un centro-derecha con capacidad de absorción por alas derechas y sociales simultáneamente, los montoneros y las fuerzas políticas de izquierda han quedado como los genuinos gatopardos castrados del acto electoral malabarista y si Kirchner pretende una reelección deberá jugar, con muy escasos matices, en el propio espacio competitivo transformista y sosegado que planteara gente como Sobisch o el joven Macri.

En los próximos días cuando se debata el prepuesto y se articulen los parlamentos lo sabremos.

 

 

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