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El
milagro militar español
Octubre
2005
en Libertad Digital
Esta excelente nota sobre el rearme
español peca -sin embargo-de cierta ingenuidad economicista.Los sistemas de
armas siempre se compran -como las pólizas de los seguros caros -exactamente
para no ser usados.Cuando hay que usarlos toda la economía del país se vuelca al
esfuerzo nacional de guerra. Las reglas del juego han cambiado.
España rearma sus tropas con créditos librados por Economía. Es
lógico.Exactamente el mismo ejemplo muestra desde hace décadas Chile que por
Constitución destina porcentajes estipulados de sus partidas de cobre al
reequipamiento de sus tres fuerzas mas carabineros.
La Argentina ,sin hipótesis de tensión, ha optado por una póliza de seguros
barata. A la larga ,eso también alguien tendrá que pagarlo en la peor de las
hipótesis Y con mucho mayor costo.
La Redacción.
Cualquier analista de defensa extranjero que hubiera presenciado el desfile de
las Fuerzas Armadas españolas por el Paseo de la Castellana madrileño hubiera
quedado francamente impresionado por el equipamiento que han exhibido nuestros
ejércitos. Es más, su asombro hubiera sido aún mayor si se le hubiera mostrado
la lista de nuevos programas para el futuro que no hace sino crecer cada año y
empieza a hacerse casi interminable.
Si ese mismo analista hubiera conocido que este Ejército pretende afrontar todos
estos proyectos con el porcentaje más bajo dedicado a defensa por un país de la
OTAN, su sorpresa hubiera sido ya mayúscula. ¿Cómo es posible que nuestras
Fuerzas Armadas puedan simultáneamente renovar toda su fuerza aérea tanto de
combate como de transporte, potenciar su flota de combate y su fuerza anfibia y
modernizar toda su arma acorazada, sus helicópteros de combate y transporte?
La respuesta a este milagro, programas descomunales con presupuestos escasos,
fue la fórmula inventada por Eduardo Serra durante su etapa de ministro del
ramo. Este empresario, ante las restricciones presupuestarias que imponía
cumplir con los famosos criterios de convergencia de Maastricht, decidió
financiar todo su proyecto de modernización de los ejércitos con cargo a
créditos que el ministerio de Industria concedía directamente a las empresas del
sector.
Esta fórmula, que nació como una necesidad económica en una coyuntura muy
precisa, se ha convertido en una panacea política para los sucesivos ministros
de defensa. En especial del actual, que no pasa prácticamente un mes sin añadir
una nueva compra a la ya muy larga lista, y que además ha decidido estirar el
plazo de devolución de esos créditos prácticamente hasta mediados de siglo.
La formula parece una auténtica gallina de los huevos de oro. Los militares
están encantados porque ven renovar un material que sería imposible adquirir con
sus presupuestos ordinarios. Defensa es feliz porque puede poner en marcha
cuantos programas industriales le placen sin tener que asumir coste alguno.
Hacienda consiente porque a corto y medio plazo estas alegrías no le estropean
las cuentas públicas. El problema es que alguien, algún día, tendrá que pagar
por tanta fiesta adquisitiva.
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