Barbacoa Cromagnon

 

Enero 2005
Por Edgardo Arrivillaga


1. Lo que ocurrió en Cromagnon, un nombre inevitablemente simbólico, es el equivalente a las muertes producidas por tres AMIAS, dos aviones Lapa como el estrellado contra las alambradas del Aeroparque, el incendio y la explosión en vuelo de un 747 y un diez por ciento de las bajas producidas por los comandos de Bin Laden en las Torres Gemelas. No solo parece que la Argentina, no aprende que los márgenes entre atentado, terrorismo, violencia urbana y descentralización tecnológica letal se han desdibujado sino que en verdad tampoco desea hacerlo.

2. En general falló el sistema de coordinación de las áreas de Protección Civil, incluyendo tanto a la Policía Federal, a la coordinación de Bomberos, a los seis mil hombres que posee acantonados el escuadrón de Gendarmería nacional en la ciudad de Buenos Aires, a los 3000 hombres de la jefatura Río de la Plata de la Prefectura y a la inevitable miríada de bomberos voluntarios con alta capacitación que posee la capital federal. No mencionare el apoyo logístico que pueden realizar las fuerzas armadas porque no faltará el minusválido de turno que vera en ese apoyo una inevitable preparación para un golpe de estado. La Guardia Nacional americana, extremadamente útil y eficiente no tiene esos complejos cuando se trata de rescatar a sus conciudadanos en peligro.

3. Esta claro que el factor tiempo no estuvo previsto en el calculo de posibilidades y cuando me refiero a tiempo me refiero al previsible arco inevitable de las crisis. En general los atentados, los desmanes, las invasiones se producen en las fechas festivas y ya los viejos generales británicos lo sabían cuando sentenciaban: "siempre estudiamos las posibles avenidas de aproximación del atacante - tres hipótesis habitualmente - pero en general el adversario tiene siempre la mala costumbre de elegir la cuarta. Exactamente la impensada.”

4. Los primeros reflejos los tuvo el Fouche argentino, Aníbal Fernández, quien advirtió que 32.000 de la fuerza azul le dependen y que cuentan, además, con el mejor hospital de guerra en servicio activo de toda la Argentina, el Churruca. Y un entrenamiento esencial, la custodia de las crisis y desmanes en las canchas de fútbol, rutinarias batallas de Normandía que se repiten particularmente cuando se juegan los clásicos entre Boca y River. Lo que en jerga se llama los policías “cancheros”.

5. Mientras se desarrollaban trabajosamente los socorros, no se previó en crear avenidas de aproximación a los centros hospitalarios ni mucho menos como hicieron los españoles en Atocha, instalar un rápido centró de prontos auxilios in situ recurriendo claramente al Ejercito para atender los casos menos graves y derivar los mayores a los 36 hospitales con que cuenta la ciudad que se jacta de tener el PBI de Bélgica. Tampoco la Secretaria de Seguridad Interior estaba capacitada para la emergencia. Con personal mínimo reducido, la mesa de situación casi desactivada, nadie pensó en efectuar una clara inteligencia in situ, colocar tridimensionalmente los magnetos indicadores de victimas o de hacinamientos y transmitir la información rápidamente a un CCC centro de comando y control inexistente. Tampoco se previó convocar al comité de crisis y la falta de coordinación entre el ibarrismo y un lejano presidente off-shore fue más que evidente. Tampoco los piketeros, a los que Blumberg sensatamente aconsejo colaborar en tareas sociales se hicieron presentes. Miraban los acontecimientos por televisión como en general casi el resto del país mientras calculaban el precio del gramo de pancután y si realmente valdría la pena fabricarlos para las farmacias del Dr NO. Curiosamente menos se pensó en habilitar adecuadamente a la morgue metropolitana ni se adecuó el sistema de protección de las morgues hospitalarias. La barbacoa de Cromagnon no provocó cadáveres exquisitos y también falló el sistema de identificación por edades, raza, sexo, elementos biométricos nada complejos pero que permiten canalizar la inevitable desesperación de los familiares - El SAME fue inevitablemente superado aunque hubo un crecimiento exponencial en la provisión de ataúdes. Alguien intentó ofertar ataúdes gratuitos con el compromiso firmado de eludir futuros juicios contra el Estado pero fue detectado por la policía.

6 Mientras la solidaridad del MERCOSUR fue innegable, tanto Lula como Lagos, Batlle y Tabaré se comunicaron y hasta ofrecieron asistencia medica, el silencio de la provincia de Buenos Aires fue elocuente. Felipillo veía arder en Cromagnon el esqueleto de Ibarra y la cosa no le desagradaba demasiado. Otro aspirante a Tony Blair que elongaba para proponerse como alternativa generacional al neoliberalismo y al kichrnerismo a la vez parecía esfumarse como en un acto de encantamiento vudista.

A continuación hemos visto el clásico juego de enroques e intercambios de piezas de los políticos. Las presurosas reuniones entre el ibarrismo, y el arco parlamentario de una legislatura compuesta casi exclusivamente por monobloques mas o menos camuflados y el lento despertar de Kirchner - Sain Exupery quien repentinamente regresaba de su vuelo infinito y balbuceaba algunas declaraciones a TASS-TELAM .Lo del presidente que hoy se encuentra en visita a Paris no fue una desatención sino una estrategia fríamente calculada y responde indirectamente a esa vieja respuesta formulada por Roque Saenz Peña cuando le preguntaron a que otra cosa podía aspirar un argentino que habia alcanzado la presidencia. “A la reelección” contestó .En eso el hombre es un prolijo determinista histórico de su propio destino.

El problema es que en este balletto partidocrático y gatopardescamente desmedido nadie recordó que la catástrofe ya se había previsto, y por lo menos un organismo de la Ciudad había alertado sobre el tema y - como es habitual en esta administración ciudadana de pensadores macroestructurales - el asunto había sido negligentemente archivado, como una molesta mosca verde filtrada en un memo impecablemente tipeado.

7.Cuando se produjo la masacre del shopping de Asunción del Paraguay, con unos quinientos muertos provocados también por la sabia precaución de blindar las puertas con cadenas para evitar que la gente semicarbonizada huyera sin pagar los boletos - esta vez los guaraníes han hecho escuela dentro del propio porteñismo del centro izquierda peronista - los auditores de campo de la Auditoria del Gobierno de la Ciudad sugirieron hacer un monitoreo del asunto, controlar las habilitaciones y fundamentalmente verificar las salidas de evacuación ante la eventualidad de que alguna pirotecnia descontrolada provocará a la criolla el tercer atentado.


Este escenario provocó un debate en la Auditoria, un organismo con más de 300 empleados, una infinita cantidad de apadrinados, un presupuesto de 14 millones de pesos al año - el equivalente de Ciencia y Técnica - y una absoluta carencia de arquitectos, ingenieros y especialistas en la conformación de los equipos, aunque debe reconocerse que cuentan con un aislado bombero, algún médico sanitarista y hasta algún antropólogo social.

El titular de la Auditoria no es contador, ni economista ni abogado. Es el licenciado Matías Barruetaveña, un ex belicista pasado a las huestes del fernandizmo militante. Flanqueado por gente tan disímil como Vicente Brusca, un abogado que revistó como director general del ministerio del interior en la época de Vladimiro Corach encuentra su contrapeso en el director de Obras Publicas, el frepasista Gustavo Nievas quién es el encargado de monitorear los informes negativos producidos por los auditores de campo que hablan de falta de mantenimiento, crisis en los sistemas de seguridad en la ciudad, la existencia de una patrulla de cuatro hiper y supereficientes empleados para verificar el estado de 260.000 ascensores y en general la falta de cumplimiento de las normativas de seguridad mas elementales en la materia. El turismo aventura por la Capital incluye también el breve suspenso de los ascensores. Llegará… ¿ Se detendrá, terminará en un helipuerto improvisado …?

La situación llegó a un punto tan crítico que las tareas de Obras Públicas fueron virtualmente supervisadas por la Dirección de Partidos Políticos, área que funciona como caja de amortiguación y compensación con la Legislatura y que se encuentra bajo la conducción de Jorge Delors. Esa dependencia constituye una especie de nomenklatura política que lava los informes, negocia con los legisladores y en general hace lobby para mantener intacta la supervivencia de sus empleados de escritorio. Son una impecable cancillería de si mismos y se manejan con la tolerancia de una administración británica cuando se esta lejos de los tiempos de crisis.

No solo de catástrofes mejor no hablar sino que el organismo se ha ocupado de dictaminar temas tan vitales como el traspaso de la ESMA, las infructuosas excavaciones en torno a la ESMA y sobre todo los redituables negocios que produce la Corporación de Puerto Madero y su extraordinaria cantidad de negocios inmobiliarios conexos. De seguridad, ni una palabra. Simplemente es un debate que se rehuye.

En este esquema que hemos desarrollado sintéticamente el duhaldismo ha logrado colocar al inoxidable Juan Jose Álvarez en la seguridad porteña Un hombre de la Santa Alianza que curiosamente podría terminar favoreciendo los intereses de los propios intervenidos. Si bien esta perspectiva a priori parece alejar cada vez mas las tendencias autonomistas de la capital argentina no sería extraño que el rol de la Policía Federal ,de las 52 comisarías y de la Superintendencia de Seguridad Metropolitana terminen por no mantener incólume el debatido rol del Ministerio del Interior. Ocurrre que el ministerio argentino es tributario de la administración francesa pero en los noventa la realidad lo llevo a aproximarse a pautas netamente anglosajonas. En este caso predomina el de Justicia. Este bicefalismo doctrinario entre la seguridad, los municipios y la administración política con las provincias podría crear un sobrepoder en la Capital y finalmente determinar las verdaderas misiones del organismo. Lo que realmente interesa es recalcar las inmensas dificultades que poseen los organismos de prevención, protección y mitigación de la Defensa Civil para ensamblar las piezas de un rompecabezas disperso entre fuerzas y organismos diferentes ante una situación de catástrofe inesperada pero previsible.

Realmente podemos compadecer a los funcionarios del nivel mas bajo que - ahogados en un mar de información - deben lidiar con los improvisados jefes políticos aportando sugerencias sobre lo que se tiene que hacer cuando nadie, absolutamente nadie ha previsto un simple plan de contingencia.

Por momentos, parece que Al Quaeda podría tener una extraña inmunidad en los parlamentos nacionales

.Es bueno recordarlo en este año en que algunos iremos a desvotarlos.
 


 

 

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