Ratzinger: La Segunda Derrota Del Progresismo

 

Mayo  2005
Por Edgardo Arrivillaga
 

La designación del agustino Ratzinger como nuevo Pontífice no ha sorprendido en los ambientes vaticanologos. La elección de Ratzinger es una clara bofetada a los ambientes progresistas pero también establece una línea de continuidad con el pontificado de Wotyla, reafirma la presencia europea en un contexto en el cual la nueva constitución - presumiblemente censurada por Francia, esta adornada con alusiones masónicas y laico - progresistas y la Iglesia debe mantener a la vez solidez doctrinaria y un papado corto, breve y transicional para afrontar los desafíos del mileno en curso.


Ratzinger es un agustiniano escéptico y algo sombrío, un pesimista que no puede aceptar ni al relativismo cultural, al cual se refirió extensamente en su programa de gobierno, ni a las tendencias implosivas de la Iglesia Católica que vienen tanto de sectores británicos como secularizadores de América Latina.

La edad de Ratinzinger puede hacer prever un pontificado de algunos años pero son justamente los años decisivos en que debe concluirse la unificación europea, se debe terminar la absorción de Prusia y Ucrania por parte del hinterland conformado por Berlín y Paris y se debe replantear con los B 52 o con un plan Marshall-o tal vez con ambos-la relación compleja con el mundo islamico. En eso Ratzinger no desentona demasiado con los objetivos americanos en el mundo y mucho menos con la administración Bush, claramente impregnada de un fundamentalismo religioso esencial.

Ratzinger es un triunfo de la diplomacia de la administración Bush y constituye una seria derrota para los sectores progresistas que deberán esperar todavía algunos años más.

En el caso argentino la sucesión de Ratzinger implica la victoria de Baseotto y en ese sentido los dardos de Horacio Verbitsky contra el candidato jesuita local –Bergoglio - han encontrado exactamente su límite.

Es la segunda vez que el gobierno argentino se equivoca en asuntos de alta política internacional. La primera fue con Kerry, la segunda con este inevitable continuador de la figura de Wotyla con mayor espesor teológico aun.

Baseotto ha ganado.
 

 

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