Noviembre de 2005
Por: Lic. María Zaldívar
Un profesor universitario diría que se profundiza el modelo mixto, que reconoce
a los estados un papel empresario. El periodismo lo calificaría como el rechazo
a la política económica de los ´90. Los jóvenes, con esa capacidad de síntesis
de la que hacen gala, resumirían “Estamos en el horno”.
“Por supuesto que aliento la sustitución de importaciones y, por extensión la
política económica de este gobierno” me dijo Juan Carlos Blumberg frente a una
estación de servicio de la calle Colón, en la que se detuvo no bien llegado de
Buenos Aires, para preguntar el camino al Hotel Costa Galana. Vino a participar
de una reunión prevista entre cancilleres y miembros de la sociedad civil.
“Durante los 90´ destrozaron todo, ahora hay enormes posibilidades de hacer acá
muchos de los productos que importábamos” agregó.
El explícito encono que guarda Juan Carlos Blumberg hacia las políticas
implementadas durante la década pasada implica una demonización de su mentor,
Carlos Menem. La reacción es absolutamente atendible venida del industrial
Blumberg. Lo que hace difícil de entender es que, como padre, no castigue aún
con mayor empeño, las políticas del Presidente Kirchner, administración durante
la que fue asesinado su hijo.
Porque, si el desmantelamiento de la industria nacional tiene un responsable
máximo, y es quien tuvo a su cargo la conducción política del período, la
violencia inusitada en el que entró nuestro país en los últimos años también
tiene nombre y apellido. La permisividad extrema al delito; la confusión
alentada entre tolerancia y anarquía, entre represión y autoridad, entre ley y
caos son una política de estado en plena vigencia. Y son las que hicieron
posible el estreno de nuevas modalidades delictivas como el secuestro “express”
que terminó con la vida de miles de argentinos hasta el presente, Axel incluido.
Misterios aparte, la ciudad mantiene intacto su perfil felliniano: hombres –se
supone, pues se hace difícil identificar lo que hay bajo tanto equipo
antidisturbios- recorriendo las calles en una interesante variedad de medios de
locomoción: vistosos cuatriciclos, ágiles y mucho más fáciles de incendiar que
los patrulleros que se cargaron D´Elía y los piqueteros oficialistas en
distintas manifestaciones; por supuesto, caballos (para la policía montada, se
calcula); carros de asalto, hidrantes, camionetas, motos, helicópteros,
triciclos y hasta camiones y colectivos. La Unidad Canes de la Policía trae
melancólicos recuerdos de un clásico de la filmografía contemporánea del que
sólo falta Quentin Tarantino, pues “los perros de la calle” están.
Carlos de la Vega, por la Cámara de Comercio y Ernesto Gutierrez, titular de
Aeropuertos Argentina 2000 fueron los encargados de anunciar la creación del
“Sector Privado de las Américas”, un foro permanente que, con sede en Washington
y aval de la OEA, formulará “recomendaciones” a los 34 países miembros de la
Cumbre.
Entusiasmados y encolumnados tras el objetivo de “articular el diálogo entre
sector público y privado” y algo más verborrágicos que de costumbre, ambos
celebraron su contribución con la burocracia continental. “Esta será una
organización empresaria hemisférica, un hecho inédito” recalcó de la Vega,
mientras Gutierrez minimizaba la preocupación del sector por la amenaza que
implican los gobiernos populistas sobre la propiedad privada y el giro a la
izquierda de casi todos los países latinoamericanos. Sólo tras una reiterada
demanda periodística se obtuvo de ellos, a regañadientes y profusión de
vericuetos lingüísticos, el reconocimiento liso y llano de su escasísima
simpatía al ALCA.
El empresariado argentino o, por lo menos, el asistente a la Cumbre de Mar del
Plata, se mostraron kirchneristas y conservadores, lo que no se trata de una
incoherencia en la Argentina; encantados con la promiscuidad con el estado es un
clásico de la literatura argentina en materia de negocios. Película que,
lamentablemente, ya vimos.
Sobre el cierre de las reuniones de hoy, la Argentina introdujo la piedra del
escándalo intentando incorporar por la ventana una durísima declaración contra
el ALCA. El rumor que circula en el “canil” de prensa es que Néstor Kirchner no
está dispuesto a resignar izquierdismo frente a su hermano bolivariano Hugo
Chávez. Conclusión: foja cero con las conclusiones. No se logra el acuerdo.
Por estas horas, George y Bárbara Bush ya sobrevuelan espacio aéreo argentino.
Maradona, Bonasso y D´Elía están trepados al tren que los trae a Mar del Plata.
El presidente Kirchner ya llegó. La sociedad civil local tiembla ante la
posibilidad de los desmanes que se especula suscitarán el sindicalismo duro y
los grupos extremos que anunciaron su presencia. Los que pueden, huyen de la
ciudad. El resto se guarda en casa. Los negocios cierran sus puertas, bajan
persianas, instalan vallas de contención sobre los vidrios. Mientras tanto, las
fuerzas de seguridad patrullan por montones, desarmadas.
Mar del Plata, 3 de noviembre de 2005.-
