Noviembre de 2005
Por: Guadalupe Rivero
El Instituto Santa Cruz, colegio religioso de los hermanos pasionistas, es
protagonista de cuantiosas irregularidades y está desatando la indignación y la
ira de varios padres.
Todas las normativas y leyes de protección a los niños parecen ser violadas sin
siquiera ser motivo de preocupación para los directivos del colegio. Pero sí lo
es para todas las familias que constantemente reclaman y piden soluciones para
tanta falla institucional.
Los problemas sucedidos tienen que ver con los repetidos actos de violencia
física y verbal sufridos por muchos chicos por parte de sus mismos compañeros.
Tales casos fueron acusados y asentados por escrito, aunque sin una respuesta
satisfactoria de los responsables de la escuela.
Durante años se evitó ir al fondo de la cuestión, cubriéndose con la excusa de
que los casos ya fueron evaluados por la Psicopedagoga o, directamente, sin dar
ninguna explicación.
Ante el insistente pedido de los papás de realizar una reunión colectiva para
dar fin a estas situaciones de agresividad, las autoridades respondieron de
manera negativa o, lo que es peor, se los evitó descaradamente. Jorge Demárcico,
el Director del Instituto Santa Cruz, se desliga del asunto y deja todo en manos
de los docentes. No “dar la cara” siempre abre interrogantes que más que eso son
afirmaciones, y van en contra de este señor.
No se trata simplemente de chicos traviesos. Lo que hay aquí son casos puntuales
que merecen tratamientos adecuados por parte de profesionales para el bienestar
y la tranquilidad de alumnos y docentes (que también son víctimas de este “caos
institucional” –como muchos padres lo llaman).
Golpes, insultos, manoseos, revoleo de bancos y sillas son algunas de las
problemáticas acaecidas en una institución donde no se sabe quién está a cargo.
Aunque es religioso, fuentes extraoficiales aseguran que los hermanos
pasionistas tienen relación con la parroquia y no con la escuela.
Pero no todos son indiferentes a la crisis: también hay alguna maestra que
aconseja “pegarle entre muchos a los compañeritos molestos”, algún empleado de
limpieza que opte por la amenaza directa para amansar a las fieras o alguna
“teacher” que, disconforme con los alumnos, los insultó al tiempo que les hizo
el gesto de “fuck you”.
Como se ve, los temas a resolver en el Santa Cruz son relevantes y urgentes. Las
autoridades de la institución, la Dirección General de educación Privada del
Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires y la Vicaria de Educación Episcopal deben
velar por ello. Es función de ellos “que así sea”.
