Ibarristas :¿El fin de la aventura ?

Panorama politico semanal, 20 de noviembre de 2005
 

Noviembre de 2005

Por Gabriela Pousa  (*)
 

Hora de descuento o cuenta regresiva... Lo cierto es que ya sin las elecciones como leitmotiv de la presidencia, sin George Bush en “la feliz” y, en trance de mantener una mínima apertura mental, podemos decir que las posibilidades son dos: 1) el Presidente Néstor Kirchner regresa de El Calafate a iniciar una gestión que hasta ahora no existió; 2) continúa el show y se inicia la campaña 2007 a pesar de los pesares…. Y no porque haya plena conciencia de que el tiempo pasa aunque no se quiera sino porque no se sabe actuar de otra manera. Podría dejar al lector que escoja la opción que le resulte más correcta pero es conveniente hacerlo atendiendo lo que acontece -y lo que deja de acontecer-, hoy por hoy, en la Argentina.

Cuando de regresos se trata siempre recuerdo las peripecias de Ulises que partiera de su Itaca natal con la idea del regreso aunque tardara 20 años en hacerlo... Pareciera que, en nuestro país, todo distanciamiento se produce también con esa suerte de deseo por regresar lástima que, en este caso, no se trate de epopeyas magnas sino de retornos al estilo “nietzscheriano”. Siempre igual. Los muertos políticos tienen una facilidad -inexplicable desde la lógica- para resucitar. ¿Habrá algún ciudadano dispuesto a poner las manos en el fuego a la hora de negar la posibilidad de que Gustavo Béliz, Eduardo Duhalde, Domingo Cavallo o hasta Carlos Menem pasando por un listado amplio puedan hallar espacio en el escenario político nacional?

No se trata de ocupar cargos sino de estar maniobrando detrás de bambalinas como si la Argentina fuese, lo que quizás es, una simple obra de teatro... Un cuento con principio, desenlace pero con final abierto de manera tal que, los “productores” puedan seguir sacando provecho, como en los film hollywoodenses donde poco importa si segundas, terceras o cuartas partes mantienen la calidad inicial. Basta con que haya público dispuesto. Y es lícito reconocer, que algún dejo de morbosidad caracterizó siempre a nuestra sociedad.

Aníbal Ibarra corre con esa “suerte”. Desde ya, es más fácil sostener que, a esta altura de los acontecimientos y con 194 muertes detrás, está acabado. Por esa razón, el gobierno le soltó la mano. Es una hipótesis más de las tantas que pululan en el espectro ciudadano. Sin embargo, creer que Kirchner tuvo o tiene a alguien tomado de la mano es casi tan utópico como creer que éste es capaz de mantener algún ápice de fidelidad.

Tal vez sea hora de admitir que estamos gobernados por un jefe de Estado que concibe el poder como un mandato unipersonal donde, todos los que lo secundan, lo hacen en un acto de arrojo desesperado, de inconsciencia, de interés asociado o previendo quizás, que negarse a hacerlo puede acarrear complicaciones varias. En este sentido, posiblemente, sea interesante estudiar el caso Borocotó desde una perspectiva diferente y observar – más allá de la falta de ética del electo diputado- qué tipo de presión existió para que diera semejante viraje en sospechoso tiempo y espacio.

Lo grave es que la ceguera que provoca el poder concebido de forma unilateral conduce a la actitud de Narciso: el encantamiento es tal que no se advierte el límite y se cae al vacío inevitablemente. Si acaso, el Presidente advirtiera estas consecuencias atinaría a darse cuenta que, el mentado ocaso de Ibarra se debió a esa especie de omnipotencia cuya otra cara es la soledad. Si el enjuiciado ex jefe de Gobierno hubiese contado con el aval de su gente, podría haberse salvado del naufragio.

Asimismo, si los padres de Cromagnon se hubiesen dispersado y tomado la causa en forma individual no habrían logrado dar este paso. Sucedió con la AMIA: la dispersión en los reclamos, no logró sino resultados esporádicos, poco convincentes y sumando sospechosos más que responsables del atentado. Mientras, los gobiernos pudieron desentenderse achacando culpas al pasado y los jueces se suceden sin que nada varíe demasiado.

Aníbal Ibarra se creyó la existencia del “Ibarrismo” como fuente de poder personal. Sin embargo, el “ismo” no era sino una escapatoria de algunos dirigentes trasnochados caídos en desgracia tras la crisis del 2001 o el epicentro donde fueron a dar quienes estaban dando manotazos de ahogados cuando hizo agua el Frepaso y posteriormente, la Alianza. Espejitos de colores que no alcanzan a formar nada. Sin estructuras, sin creencias, sin principios y sin ideas concretas que operen de nexo conducente, toda “plataforma” es “pan para hoy y hambre para mañana”.

¿Cuál es la diferencia entre aquello y el encumbrado kirchnerismo? ¿Cuál es la causa por la cuál se ufanan en la conformación de “ismos” y no en la construcción de verdaderos partidos políticos que son inherentes a la democracia que tanto se proclama? "No estoy en contra de que alguien pueda cambiar de posición, eso es la democracia. Basta de verticalismo cerrado" – sentenció el Presidente.

Y así queda todo explicado. Para el jefe de Estado, hay una “democracia” diferente a la griega, y a la que aludiera Alexis de Tocqueville. Una “democracia al uso nostro” (o mejor dicho, “a conveniencia”) En la democracia real no se trata de posiciones sino de convicciones. No se trata de verticalismos abiertos o cerrados sino de comunión con las creencias y compromisos con los valores.

Lo óptimo es que el juicio político a Aníbal Ibarra sirva para avanzar en la administración de Justicia respecto el Caso Cromagnon pero sería también oportuno que tales circunstancias sirviesen de advertencia a un Poder Ejecutivo sostenido en un conglomerado de deslealtades y fracasos (o desleales fracasados)

Por el momento, de esta nueva etapa de gobierno sólo queda en claro que existe cierto desvelo por la inflación. Una actitud razonable mientras nada lógico se esté haciendo en pro de detenerla. Opera, en este caso también, ese rasgo de omnipotencia ciega porque ante el desconocimiento manifiesto, no se consulta siquiera a quiénes saben del tema.

Sumidos en esa extraña concepción de gobierno, sin embargo, parece que lo único trascendente es democratizar el servicio meteorológico. Es decir, reemplazar un militar por un civil (que sea “del palo” es lo aconsejado) como si con ello, usted y yo, pudiéramos escoger la temperatura ambiente y determinar que haya sol si programamos un asado o que llueva si hay fútbol en la televisión…
Simultáneamente, Felipe Solá sale a defender el patrimonio de la gente decretando la prohibición de bajar ringtones para celulares a sus funcionarios. ¿Habrá que salir a dar las gracias al Gobernador?

Los problemas del país – al margen de los días lluviosos y/o soleados y los timbres telefónicos – van por otro carril y sólo pueden ser resueltos en el marco de una democracia real. En ella no se escucharía a un funcionario decir, por ejemplo, que la delincuencia y el ataque a los ancianos son una “moda” o se dan por contagio...

Para rematar la semana, Néstor Kirchner viaja a Caracas para proyectar una obra sin igual: un gasoducto desde Venezuela hacia acá… Poco serio. En rigor, a uno le entra la sensación de que en lugar de dos mandatarios, quienes se reúnen son dos boqueteros dispuestos a saquear sus pueblos. Y el “dime con quién andas y te diré quién eres” comienza a hacer eco.

Ante este escenario, las opciones siguen siendo las mismas dos enunciadas al comienzo. Pero si sumamos los últimos actos del Gobierno: más obras públicas y embates contra el resto, una de ellas comienza a tornarse difusa e imprecisa.

A su vez, con la afrenta a la Iglesia – que no puede propagarse demasiado teniendo en consideración que son 2000 años de permanencia, justamente no por posiciones sino por creencias – queda al descubierto que, el Gobierno, pudo haber ganado una elección pero con los votos no se ganó criterio y, aún, no se aprendió la lección.

 

(*) Analista Política. Lic. en Comunicación Social (Universidad del Salvador) Master en Economía y Ciencias Políticas (ESEADE) Queda prohibida su reproducción total o parcial sin mención de la fuente.
 

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