Noviembre de 2005
• EL LEON SE SIGUE PELEANDO Fue muy fuerte la pelea entre Aníbal Fernández y
León Arslanian. Los dos ministros encargados de la seguridad (nacional y
bonaerense) tuvieron roces para controlar los destrozos en Mar del Plata y en
Haedo. Dicen que la pelea obedece a que Fernández tiene recelos de que Arslanián
se entrevere en la lucha por la gobernación bonaerense con algún apoyo de Nestor
Kirchner. El ministro del Interior boicotea cualquier ingreso de Arslanián al
gabinete nacional. Y a propósito de ello, se dice que el Comisario mayor
infartado-Rago- luego de pelear con el León habría sido además desvinculado del
servicio activo.-
• LA OTRA CUMBRE. Nadie reparó que en el acto de Hugo Chávez, en el Estadio
Mundialista de Mar del Plata, estaba el Viceministro del Interior de la Nación,
Rafael Follonier. Follonier, un setentista hecho y derecho, articula el trabajo
del Gobierno con los piqueteros y le ofrece a algunos empresarios garantías de
no ser molestado por esas organizaciones sociales con cortes de rutas o
escraches. Dicen que una consultora tercerizada cobra por ese servicio. Mientras
el viceministro del Interior aplaudía al líder venezolano el ministro del
Interior procuraba prevenir los desordenes de los manifestantes que venían de
ese mismo acto.
• ZAFFARONI ESTA TENTADO DE PASAR A LA POLÍTICA. Una versión indica que Eugenio
Zaffaroni podría renunciar a la Corte Suprema y volcarse hacia 2007 hacia la
pelea por la jefatura de gobierno porteño. Algunos kirchneristas e ibarristas
imaginan esta candidatura como manera de obligar a Elisa Carrió a que opte por
un progresista en la segunda vuelta, imaginando que Mauricio Macri, en caso de
competir, podría ganar la primera vuelta. El ARI, dicen, no tendría más remedio
que apoyar a Zaffaroni, por rechazo a Macri.
• ECONOMÍA. Si alguna duda quedaba en cuanto a que el país no tiene política
exterior, el interrogante terminó de despejarse con la Cumbre de las Américas
donde la Argentina quedó – gracias a las maniobras de Mr. K – más aislada del
mundo de lo mucho que ya estaba antes del encuentro de los presidentes del
continente. Y en este juego también perdió posiciones el ministro Roberto
Lavagna, cuya presencia en el encuentro terminó siendo decorativa. Días antes,
el secretario de Comercio de los Estados Unidos y el ministro Lavagna había
consensuado una solución para evitar la falta de consenso. El documento final
que imaginaron contenía una mención muy ligera del objetivo de avanzar hacia el
tratado de libre comercio de la región, el ALCA -el interés de los Estados
Unidos– pero condicionada a los avances que se alcancen para ir eliminando los
subsidios a la producción agropecuaria –en la reunión de la Organización Mundial
de Comercio que se llevará a cabo en Hong Kong el mes próximo. En Economía
sostenían que de esta manera se satisfacía la aspiración de Estados Unidos de
poner en el documento final un “cierto compromiso” de comenzar a discutir la
inclusión en el ALCA pero sujeto a casi “un imposible” como el pensar que en
diciembre se puede lograr la eliminación de los subsidios de los países
desarrollados. Además, esta propuesta iba a lograr el apoyo unánime de todos los
países, incluso de México. También de los Estados Unidos, quién presentó un
cronograma de eliminación de los subsidios, que si bien no es satisfactorio, es
un avance respecto de la UE. Pero Kirchner desconoció este entendimiento,
logrando de esta forma dos resultados. Por un lado, transmitió la imagen a los
Estados Unidos de que Lavagna no tiene mayor poder de decisión dentro del
gobierno argentino. Por otro, impidió un documento que hubiera al menos
permitido una salida de compromiso para el encuentro. En el equipo íntimo de
Lavagna se tuvo la sensación de una trampa, ya que, dicen, el ministro se había
ilusionado con tener un papel importante en el encuentro de Mar del Plata. El
resultado fue exactamente el contrario: terminó devaluado en su consideración
internacional, uno de los activos más importantes de Lavagna en función de su
proyección política. El creciente desprestigio internacional de la Argentina le
preocupa a Roberto Lavagna no sólo por cuestiones políticas, sino
fundamentalmente por razones económicas. En este sentido, la economía local ha
sufrido un agudo proceso de extranjerización durante los años 90 y, por lo
tanto, su suerte hoy está estrechamente vinculada con las decisiones de las
corporaciones multinacionales. Frente al avance de la inflación, el ministro
Lavagna ha señalado que la solución genuina pasa por aumentar la oferta y para
ello se requieren inversiones. Ahora bien, ¿qué multinacional va a invertir en
un país que repudió su deuda externa, que no tiene un entendimiento con el Fondo
Monetario Internacional y cuyo presidente se pelea con George W. Bush y se
muestra amigo del parlanchín Hugo Chávez?, comentaban en voz baja en el Palacio
Hacienda. La pérdida de posiciones de Lavagna también es la contracara del
avance en lo interno de otro de sus enemigos, el ministro de Planificación e
Infraestructura, Julio de Vido. Específicamente, en los círculos del más puro
kirchnerismo se está armando el traslado del área de Producción para la Defensa,
actualmente bajo la órbita de José Pampuro, a la de De Vido. El tema importa
tanto por la posibilidad de recrear algunas de las empresas que en su momento
conformaron el complejo de Fabricaciones Militares –proyecto al que sumarían
capitales vinculados al kirchnerismo- como por la importante disposición de
bienes inmuebles con que todavía cuentan las Fuerzas Armadas (por citar sólo un
ejemplo, el Ejército cuenta con enormes extensiones de tierras en zonas
fronterizas muchas de las cuales coinciden con preciados destinos turísticos
como en Bariloche; otro tanto sucede con las zonas costeras reservadas para la
Marina). Lavagna se encuentra así debilitado políticamente y jaqueado por el
avance del costo de vida ya que sabe que si no la combate, la inflación puede
ser el “jaque mate” de su gestión.
