Noviembre de 2005
Fuente: El Ojo Digital Política
Roberto Lavagna finalmente abandona el Gobierno. Los motivos se circunscriben a
una larga lista de desacuerdos con las ideas del Presidente Néstor Kirchner y se
relaciona con una vendetta de Julio de Vido y Alberto Fernández. Es que Lavagna
había revelado reiteradas veces ante Kirchner su molestia con las actividades
non sanctas del Jefe de Gabinete y del Ministro de Planificación, que atentaban
contra las inversiones. El primer mandatario prefirió ponerse del lado de los
últimos.
En lo que algunos han descripto como el final de la buena estrella que
acompañaba al Gobierno del Presidente Néstor Carlos Kirchner, se conoció hace
horas la noticia de la renuncia de Roberto Lavagna.
El ex titular de Hacienda jamás estuvo de acuerdo con las medidas
cuestionablemente populistas del Presidente, y así se lo había hecho saber desde
el primer día.
Fue, sin dudas, un injusto final para el trabajo de un hombre que luchó contra
la impericia y la corrupción de la Administración actual. Lavagna hacía
malabarismos con la macroeconomía, mientras sus propios colegas ponían "palos en
la rueda": por un lado, De Vido se dedicaba a "hacer caja" desde el Ministerio
de Planificación que comanda. El modus operandi era pedir retornos a las
empresas con interés en invertir, pero no sólo eso: una exigencia para poder
ingresar en el mercado era asociarse con los amigos poderosos del Gobierno. La
noticia es ampliamente conocida - y fue difundida en su momento - por las
embajadas de aquellos países que más invirtieron en la Argentina. Pero la
corrupción a nivel estatal superó todo límite y, poco a poco, los gobiernos
extranjeros comienzan a tomar medidas. Estados Unidos, por ejemplo, ya ha
instruído a su embajador para que comience a criticar en forma activa al trabajo
de Kirchner y sus polémicos funcionarios. Lavagna en su momento puso el foco
sobre esto y, como era de esperarse, se ganó a De Vido como enemigo. El motivo
era obvio : Lavagna puso en peligro este sistema de prebendas del que también se
beneficia con total impunidad el Secretario de Transportes, Ricardo Jaimes, cuya
renuncia a este punto parece depender del mismísimo Dios, pues es un verdadero
intocable.
Idénticas quejas hizo llegar Lavagna a Kirchner, al respecto del accionar de
Alberto Fernández. Al ex Ministro de Economía jamás le simpatizó la
discrecionalidad con que el impresentable Jefe de Gabinete administra los fondos
del Estado. Fernández dispone de verdaderos superpoderes, ya que puede redirigir
los destinos de más de $10 mil millones del Presupuesto Nacional. ¿Cómo es
posible que el Gobierno promocione permanentemente la idea de que "está todo
bien", a la vez que insiste con la cuestión de los superpoderes en el Congreso?
Los legisladores -sin brújula- sólo levantan la mano y pasan a cobrar el cheque,
como lo han hecho siempre. La consecuencia directa es un sistema prebendario,
corrupto, pero aceitadamente manejado, en el que los funcionarios obsecuentes de
la presente Administración disponen de fondos ilimitados para la compra de
voluntades políticas y medios. Precisamente, el poder que ha acumulado Alberto
Fernández molesta por estas horas al mismísimo Presidente: la agenda de
Fernández incluye a los popes y a los personajes más influyentes de los medios
masivos de la Argentina, y él mismo es el encargado de consensuar contenidos que
agraden al Gobierno en Clarín y en otros medios importantes - prensa, televisión,
radio, y próximamente, Internet.
Paralelamente -y mientras sus empleados más directos diseñan las más truculentas
y maquiavélicas tácticas-, el Presidente Néstor Kirchner continúa con discursos
alejados de la ciudadanía : insulta a la Iglesia y ataca a las Fuerzas Armadas y
de Seguridad, propone y logra indultos para narcotraficantes en su provincia
natal, Santa Cruz, y, más recientemente, arroja todo el peso de su verborragia
contra las únicas empresas que invierten en el país: supermercados y
petroleras. Empresas que son acusadas de monopólicas, oligopólicas, formadoras
de precios y demás, pero que en definitiva no pueden ser culpadas pues el país
no dispone de una ley antimonopolio seria que proteja realmente a sus
ciudadanos.
Ante este escenario -que incluye un permanente vilipendio del FMI y sus
autoridades- Lavagna sintió que ya no tenía sentido continuar la lucha. "Todos
deberíamos remar para el mismo lado", reiteró innumerables veces ante un
enfurecido Kirchner. "No podemos pedir inversiones y a la vez criticar a las
empresas, que ven aumentar permanentemente sus costos laborales y costos de
energía".
¿Cómo se entienden los ataques contra el FMI y ahora también el Banco Mundial?
La Argentina se acercará nuevamente al default si se ve alejada del crédito
internacional. Estados Unidos -que tradicionalmente apoyó la posición argentina
ante el FMI- ha perdido la paciencia y ya no jugará a favor del país. Lo poco
que quedaba de esperanzas se desvaneció desde el momento en que el Presidente
Néstor Kirchner se hace fotografiar en Venezuela.
A Lavagna le molestó particularmente este mal manejado escenario internacional.
"Recurrir a Chávez no es una buena idea, y tampoco contribuye a mejorar la
imagen de la Argentina en los mercados internacionales", sentenció el ahora ex
ministro.
Pero Kirchner es un hombre que no acepta críticas. Harto acostumbrado a leer el
mundo de fantasías que Clarín y otros medios pintan -y diseñado por Alberto
Fernández-, ya es incapaz de ver el iceberg que está a un año de distancia de
este enorme Titanic argentino.
No puede tolerar las críticas de Lavagna -especialmente las relacionadas con el
trato excesivamente benéfico que la Administración tiene para con los
gremialistas violentos que están terminando de destruir al país-. Pues Kirchner
pretende saber más de temas económicos que su hombre de Hacienda.
Así las cosas, se explica por sí sola la salida del ministro, quien claramente
no quiere atarse políticamente al desastre que se avizora. De aquí a un tiempo,
la gente dirá "a Kirchner le fue mal desde el día en que renunció Lavagna".
El ex ministro puede ahora pensar en una candidatura para 2007, que desde luego
no será del lado kirchnerista ni del moribundo Frente para la Victoria. Lo más
probable es que vuelva a su antiguo jefe, Eduardo Duhalde -la "bestia" que
pacientemente espera el momento para dar el zarpazo-.
Mauricio Macri también estará leyendo esta noticia con alegría : a partir de
esta noticia, se le dificultará mucho a Kirchner poner un obstáculo al
presidente de Boca, que va camino de ser intendente de la Capital Federal. Sin
Lavagna ni Daniel Scioli -cada vez más alejado de las ideas de la presente
Administración-, Néstor Kirchner se ha quedado sin delfines de carácter para
"molestar" a Macri en su carrera a la Rosada. Una carrera para la cual el propio
Kirchner no podrá candidatearse, ya que su enfermedad estomacal -¿cáncer
duodenal?- ya ha determinado que este es su único -y último- período
presidencial. Precisamente por eso, Aníbal Fernández -la vieja política en
acción- fue "retado" a viva voz cuando anticipó la candidatura de Cristina
Kirchner.
Roberto Lavagna será reemplazado por la hábil Felisa Miceli, hasta ahora titular
del Banco Nación. La gran duda ahora es cómo tomarán los mercados la noticia
-aunque se presume que todo estará bien-. Por lo pronto, el Grupo Clarín ya
comenzó a operar en contra de la imagen de Roberto Lavagna -a quien designan
como el culpable de la inflación-. Lo contrario se comienza a hacer con Miceli,
cuya imagen los medios adictos magnificarán con palabras del estilo "la primera
mujer ministro de Economía de la Argentina".
Pero la ciudadanía bien sabe que la inflación ya es un caballo desbocado y es
sólo cuestión de tiempo para que manos temblorosas comiencen a acercarse a las
casas de cambios, en demanda de dólares. Cambiarán esos mismos pesos que el
Gobierno de Kirchner repartió a diestra y siniestra, por moneda norteamericana.
Tal es el escenario cuando la inflación empieza a carcomerse los sueños de un
peso argentino sobrevaluado.
Existe otro conocimiento en poder de la ciudadanía: el culpable de la inflación
es el propio Presidente Néstor Kirchner. Tal vez un hombre bienintencionado,
pero un completo inepto en lo que se refiere a las cuestiones más básicas de la
economía: excesivas prebendas para los gremialistas corruptos no salvarán su
pellejo; terminarán por hundirlo y con él se seguirán hundiendo los argentinos
que depositaron en él sus esperanzas.
