Noviembre de 2005
Por Jorge Campagnoli
Los trascendidos emanados de funcionarios, prolijamente retransmitidos por el
atemorizado periodismo argentino y los también aterrorizados empresarios
mintieron descaradamente al afirmar que los mercados no habían registrado que el
ex ministro Roberto Lavagna pasó a aumentar el número de desempleados, por
pingüina decisión.
Hasta un hombre que no tiene pelos en la lengua, el veterano cambista y ahora
banquero Alfredo Piano, negó en declaraciones radiales que hubiera mayor presión
sobre el precio del dólar estadpunidense con motivo de la defenestración del ex
titular del Palacio de Hacienda, añosa denominación que los argentinos, siempre
pegoteados al pasado, continuamos repitiendo.
Según afirmó después del mediodía del 28 de noviembre el Financial Times, que en
Londres no tiene nada que temer del Kpoder, en las transacciones del mercado
mayorista el dólar saltó de $ 2,985 a 3,002, movimiento que fue contrarrestado
de inmediato por Martín Redrado, quien ordenó que el BCRA saliera a vender
contratos de futuros de dólar que actuaron como rápido amortiguador de la
tendencia real del mercado. Después de todos, hasta para los especuladores y los
aterrorizados por el aterrizaje de Felisa Miceli en el despacho de Economía
“business are business”.
Sin embargo, en muchas pizarras del “barrio”, como llaman los cambistas a su
locación central de la calle San Martín, el billete estadounidense cerró a $
3,04 la punta vendedora.
El índice accionario Merval, concidentemente cayó un 4,5 % en el momento de la
noticia. Fue la mayor caída en un día de todo el 2004. También marcó su
preocupación el mercado de bonos: el rendimiento del bono del canje con
vencimiento en 2033 saltó a 9,641 %, del anterior que demandaba un rendimiento
del 8,169 %. Lo que significa que aumentó el country-risk.
Estos son hechos, no opiniones de todólogos, escribas, funcionarios o
empresarios que no quieren ver su apellido en los labios del ex gobernador de
una provincia de 197.000 habitantes (Censo Nacional de Población 2001).
Lo menos que puede decirse, aunque no se coincida con las políticas que
desarrolló Roberto Lavagna - que pagarán las tres próximas generaciones de
argentinos -, es que, comparativamente, Felisa Miceli inspira infinitamente
menos respeto técnico, profesional o académico que el nunca muy elevado del ex
Director Nacional de Precios del ex ministrro José Ver Gelbard en 1973.
Su principal habilidad, hasta ahora, ha sido conseguirle “puestos” a su marido, Ricardo, (a) “Pacha”, Velasco, designado por el decreto 1393/05, ya publicado en el Boletín Oficial, vocal del Ente Regulador del Gas – ENARGAS – hasta la semana pasada asesor del Directorio del BNA, ya que fracasó en convertirlo directamente en director en esa entidad.
Este hecho ignoró, como tantas decisiones Kautotoritarias, la explicita
prescripcion para los dos únicos entes reguladores regidos creados con la
aprobación del Poder Legislativo (Enargas y el ENRE) que los miembros del
directorio deben ser designados por concurso público y acreditar experiencia en
el sector.
Pero esto no es nada nuevo en la Ksuma del poder público: todos los actuales
directores de Enargás fueron nombrados por decreto y comparten la falta de
conocimiento en el sector. Lo preside el contador Fulvio Madaro, cuyo cargo
previo hasta junio de 2004 había sido interventor en la Comisión Nacional de
Comunicaciones – CNC -, que no tiene mucho que ver con los hidrocarburos
gaseosos.
Dos meses más tarde, otro decretazo colocaba como primer vocal al técnico en
construcciones Mario Roberto Vidal, conspicuo cófrade de la pingüinera, que
vivió de diversos y continuados cargos públicos en Santa Cruz desde 1987 a 2003.
Desde mayo de este año, eximido también del concurso público y del conocimiento
del sector, es segundo vocal Carlos Ábalo, un conocido periodista en temas
económicos, pero que tampoco ostenta vinculación con el metano, el etano y el
propano .
Los mercados nacionales y globales estarán muy atentos a cada palabra que
comience a pronunciar Felisa Miceli. Y, si se juzga por declaraciones anteriores
suyas, puede volver a resonar la vieja alarma ante peligro inminente que utiliza
la City porteña: “Muchachos, ¡a los botes!”.
- “Un país sin industria carece de futuro[1] , proclamó, ignorando que en los
países de mayor crecimiento en el planeta (desde Chile a China) el que crece más
velozmente es el sector de servicios y que, en la mayoría de esos casos, la
industria retrocede.
- “La palabra ajuste está prohibida en mi vocabulario”[2] , dijo acerca del
elefantiásico Banco de la Nación Argentina.
- “Es preferible la inflación que la paz de los cementerios”[3].
Si esta es la tendencia que predominará en las palabras de la nueva ocupante del
quinto piso del Ministerio de Economía, no hay dudas de que este gobierno ha
dado un paso más – y de los muy importantes – aproximando a la Argentina a La
Tormenta Perfecta.
[1] Jornada del IV Foro Internacional de CAME, 4/11/2004, www.redcame.org.ar
[2] www.clarin.com, 31/05/2005
[3] Nota del diario La Nación, citado en
www.inormevip.com.ar
