KIRCHNER, MARADROGA Y MACRI
 

 

Noviembre de 2005

Por María Zaldívar (*)
 

El visceral rechazo de Néstor Kirchner por un tratado de libre comercio con los Estados Unidos puede ser un hecho imposible de metabolizar ideológicamente para un admirador de las dictaduras de izquierda; los modos bruscos de comunicarse, aún con los amigos, el resabio intacto de quienes hace tres décadas disentían a los tiros, pero el desprecio por los principios más elementales del protocolo es lisa y llanamente, mala educación.

 

En una grosera actitud incurrió el presidente argentino cuando decidió destratar a George Bush mientras era su huésped pero lo reprochable no es la falta de estilo personal de Néstor Kirchner sino la del presidente de la república, que sigue sin distinguir una cosa de la otra.

 

La historia registra reiterados ejemplos del final adverso de quienes pretendieron mimetizar a la persona con el cargo. Desde Luis XIV y su tristemente célebre “El estado soy yo” hasta la fecha, ningún mandatario salió ileso de intentar “ser el Estado”, por lo que revolucionario sería esforzarse en torcer el derrotero de aislamiento que ha tomado la Argentina actual. Claro que para eso, se necesitaría un liderazgo de oposición capaz de mostrar la opción superadora y de decir sin temores, que Kirchner está seriamente confundido porque, si piensa que ha puesto rumbo hacia el progreso, la realidad es que nos está haciendo transitar el camino al precipicio.

 

Ese líder debería tener el coraje de disentir en las formas y en el fondo con la política oficial. Debería atreverse a rechazar la ideología anticapitalista y “bolivariana” que subyace en cada una de esas políticas. Debería animarse a decir que Chávez y Castro no pueden ser modelo de nada para ninguna sociedad digna mientras nieguen a sus pueblos los derechos humanos básicos de la vida y la libertad.

 

Lamentablemente, ese líder no está.

 

Maradroga

Tan lamentable como el protagonismo chabacano, como no podía ser de otra manera, que alcanzó Diego Maradona con sus manifestaciones castristas anti-norteamericanas, fue la descolorida posición adoptada por el presidente de Boca, diputado nacional electo y líder de la oposición, Mauricio Macri, que opacó su figura con una inmerecida defensa de una actitud indefendible.

 

Si no tuvo las agallas de condenar la participación del futbolista en la anti cumbre, quién puede esperar que él y los suyos se “planten” en el Congreso frente a un oficialismo tan devastador como el Katrina. Las empresas sencillas son para todos. Los líderes se expresan en la resolución de situaciones difíciles, en la toma de riesgos, en la evaluación de medios y fines y, por supuesto, en la defensa de una escala de valores, la que sea, pero una. Nadie supone que invadir Irak fue una decisión fácil para Bush y nadie sabe a ciencia cierta, todavía,  si fue acertada, pero está claro que hubo un líder capaz de hacerlo y de un escasísimo número de otros a su altura, que lo apoyaron. En ambos casos, uno y los otros, convencidos y por eso, preparados para asumir las consecuencias.

 

A medida que se escala en la pirámide del poder, las decisiones y las elecciones se complican y las situaciones que se presentan son cada vez más alejadas de las cotidianas. Allí es donde emerge el líder, si existe. El individuo capaz de “jugarse”, de soportar el chubasco, de sostener su posición, de explicarla y de pagar el costo. La intención de mantenerse indefinidamente con un pie en cada lado del río para simpatizar con todos no es propia de un líder, como tampoco la esperanza de mantener contentos a unos y otros. La denominación de esos personajes es otra muy distinta; se llaman “demagogos” y de esos ya tuvimos de sobra.

 

Cuando el titular de un polo supuestamente renovador de la política no consigue independizar al dirigente político del futbolero que lleva adentro y privilegiar el mandato republicano que le impone el primero, no extraña que reincida en la selección equivocada de sus alfiles. “A mi se me fueron menos que a otros” era el argumento de Mauricio Macri respecto de la defección de buena parte de los legisladores de Compromiso para el Cambio. La política argentina y la miseria humana le tenían reservado un curioso record: ser el primer partido que pierde un diputado antes de su asunción.

 

Seguimos necesitando líderes, hombres con arrojo y convicción, cualidades excepcionales en los tiempos que corren, pero indispensables en aquellos que cambian la historia. Por eso, para la actual coyuntura argentina: tibios, abstenerse; temerosos, también.

 

(*) Lic. en Ciencias Políticas (UCA)

 

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