Noviembre de 2005
por Tony Tavella
Desde Lisboa hasta Auckland, casi todos los gobiernos nacionales están tratando
de tranquilizar a sus habitantes con robustos planes de prevención y acción
contra el nuevo fantasma que recorre el mundo: la posible pandemia de gripe
aviar. Con grandes posibilidades de desatarse en los cercanos tiempos por venir,
según pronostica un amplio segmento del mundo científico. Y la totalidad del
periodismo, incluido los plumíferos búpedos especializados en chismes de
farándula y dopping en deportes raros.
Por supuesto, uno de los primeros logros de la enfermedad ha sido obtener su
propia página en la web (www.avianflu.futurehs.com ), donde usted podrá
encontrar todo lo que siempre quiso saber sobre esta amenaza y mucho, muchísimo
más, actualizado cada 24 horas.
Para proteger a la humanidad, las áreas de trabajo son fundamentalmente tres:
1) Soñar con el fulminante descubrimiento de una vacuna liebre que convierta a
la pandemia en la tortuga de la carrera.
Una tarea condenada por anticipado a un sonoro fracaso, ya que la familia de
virus a la que pertenece avian flu (gripe aviar o, digitalmente descripta, la
variante H5N1), los retrovirus, se caracterizan desde que se los conoce, mucho
antes de estos febriles tiempos de globalización, precisamente por su atrozmente
célebre velocidad de mutación, la más acelerada del orbe biológico.
Por lo tanto, no podrá desarrollarse antes que se conozca la variante fatal del
H5N1, esa que se trasladará rápida y mortalmente de las aves a los seres humanos
y, finalmente, entre los mismos humanos.
Aún así, su eficacia será incierta, ya que el retrovirus podrá continuar
mutando, quizás al mismo ritmo del avance de la pandemia.
2) Construir montañas de stock de dosis del antiviral oseltamivir, más conocido
por su nombre comercial de Tamiflu (que debe comenzar a tomarse a los dos días
de producido el contagio). Roche, el laboratorio que lo elaboró, está sometido a
enormes presiones para que permita el uso de su patente por terceros, de forma
que pueda ampliarse la capacidad de producción. Por ahora, Roche se ha limitado
a afirmar que sólo establecerá tales acuerdos con quienes puedan producir
Tamiflu con los necesarios estándares de calidad y en grandes volúmenes. De
reducir el monto de los royalties, por ahora de eso no se habla.
3) Crear barreras de contención, que separen a las aves infectadas con H5N1 - o
cual sea la denominación de su variante más asesina - de los homo sapiens.
El único bloqueo definitivo – tal como ve la situación la Organización Mundial
de la Salud de las Naciones Unidas - es, por supuesto, la exterminación masiva
de pollos, gallinas, pavos, patos, etc..
Deberán ejecutarse todas las aves cercanas en pocos kilómetros de un ejemplar
infectado. Pero si hay múltiples focos infecciosos, el exterminio deberá
desarrollarse sobre extensos territorios.
Ya el año pasado Canadá asesinó a 16 millones de pollos, pavos y patos y, en las
últimas semanas, la modesta Rumania se cargó a 50.000 aves domésticas.
Esta tarea tiene dos etapas. La primera es matarlos. Y la segunda es disponer su
“destino final”. En 2001, el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte lo
hizo con seis millones de vacas, ovejas y cerdos ante un peligro de brote de
aftosa, y el oficial militar a cargo de la operación la definió como más
complicada que la Guerra del Golfo.
Las armas de destrucción masiva en esta guerra son, principalmente gases. En
2004 Canadá empleó dióxido de carbono, que mata a las aves aumentando la acidez
de su fluido cerebro espinal. Por supuesto, aves de cuello largo, como patos y
gansos, necesitarán una dosis de gas mayor que las de cuello más corto, como los
pollos.
Puede usarse también nitrógeno o cianuro de hidrógeno, pero el dióxido de
carbono es más barato y fácil de obtener.
También se ha pensado en electrocuciones, sumergiéndolas – colgadas de las patas
– en baños de agua electrificados. Y en la decapitación, mediante guillotinas de
gran velocidad.
Posteriormente, serán necesarias técnicas masivas para cremar o enterrar las
carcazas de los animales eliminados.
Pero hay algo que sí es seguro: éstos no son tiempos para regalar a los niños
pollitos, patitos o canarios.
