BOLIVIA: IZQUIERDA ENERGETICA

 

Diciembre de 2005

Por Sergio Molina Monasterios


Hace unos meses, un altísimo funcionario del gobierno de Chile preguntó a un grupo de sus colaboradores cuál era la forma más eficaz de acercarse a Evo Morales: Marco Aurelio García, concluyeron los asistentes a esa reunión.

Precisamente fue García, asesor internacional de Lula da Silva, quien el jueves salió a desmentir a Lula que había apoyado públicamente a Evo en una reunión con Néstor Kirchner.

La historia es larga. Lula fue determinante para el giro que convirtió a Morales de dirigente sindical poderoso, pero sin chances reales de acceder al gobierno, en un político con proyección internacional. En una reunión el 2002 -que Morales consiguió por intermedio de García- Lula le aconsejó que siguiera su ejemplo, "des-sindicalizarse" y abrir el abanico político.

El apoyo de Brasil a Evo proviene de un gigante que no puede descuidar a Bolivia porque tiene inversiones por 1.800 millones de dólares y es responsable de casi el 40% de su PIB, pero -sobre todo- porque compra energía a esa nación.

Un caso parecido al de Argentina, que obtiene gas boliviano a precio preferencial y donde viven más de un millón de bolivianos.

Ambos países tienen olfato para saber por dónde soplan los vientos, por lo que los dichos de Lula suenan a profecía. Si Morales es Presidente, lo hará con una legitimidad que difícilmente obtendrá Jorge Quiroga, su inmediato contendor.

Éste, desesperado por el giro internacional que ha tomado la campaña, jura que no le importa quién gobierne en otros países.

Pero el aprieto es difícil para Quiroga: en Bolivia la elección no es directa (al Presidente lo elige el Parlamento entre las dos principales minorías), y las posibilidades de que el tercero en discordia, el empresario Samuel Doria Medina, apoye a Quiroga si sale segundo, son más bien lejanas. Uno de los colaboradores más cercanos a Doria Medina me dijo que si Evo ganaba tendrían que votar por él: "Cuestión de sobrevivencia política", afirmó.


EE.UU. desorientado

Si bien todos siguen muy de cerca el proceso, EE.UU. es el que se muestra más desorientado y protagonizó hace unos días una de las maniobras más bizarras de las que se tenga memoria: ordenó a las FF.AA. bolivianas que se deshicieran de 25 misiles, los únicos que tenía, para que no apunten en dirección equivocada. En realidad la dirección equivocada no es el lote de bolivianos enfrentados, gente valiente pero físicamente achaparrados y mal construidos con sus cuellos inexistentes como versiones de Orozco de los primeros hititas. El blanco real de los misiles son las refinerías petroleras y eso sí podría provocar un caos energético en el país. También golpearía al famoso anillo energético que ya se visualiza entre Brasil, Venezuela, Bolivia y el ministro de infraestructura DeVido, mucho mas cerca de los liberales argentinos de lo que se piensa.

El final está abierto y las apuestas son altas: empresas petroleras que no quieren nacionalización, regiones asustadas donde el portugués es la segunda lengua, elites incapaces de incluir a las grandes mayorías indígenas, e izquierdistas que sueñan con un Che resucitado ("The New York Times" tituló más o menos así para que sus lectores tuvieran referencias sobre ese país mediterráneo, tan cerca de Brasil, Venezuela y EE.UU., pero tan lejos de Dios).
 

En este contexto la maniobra de Evo Morales corre el serio riesgo de ser algo así como la historia de Gerónimo, el último apache de la historia de la forja nacional americana.
 

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