Diciembre de 2005
por Jorge Castro , de AGENDA ESTRATÉGICA
El sistema revolucionario chavista se basa fundamentalmente en las fuerzas
armadas venezolanas. Son 8000 los cuadros de oficiales que integran el poder
militar de Venezuela. Los jóvenes oficiales del ejército, sobre todo de las
unidades de paracaidistas con sede en Maracaibo, constituyen uno de los sectores
más radicales y activos del sistema.
Chávez lo ha señalado con especial énfasis: “las FAN (Fuerzas Armadas de
Venezuela) están en el corazón de la revolución y seguirán…junto al pueblo a la
vanguardia de este proceso.”
En el golpe de abril del 2002, en que Chávez fue derrocado y detenido durante
tres días, lo decisivo para su recuperación del poder fueron las unidades de
paracaidistas de Maracaibo, situadas incluso a la izquierda del líder
bolivariano, en lo que se refiere a la radicalidad de sus posiciones y su
antinorteamericanismo.
En abril del 2002, sólo unos 200 oficiales participaron en el putsch contra
Chávez, encabezados por nada mas que dos altos oficiales en actividad, el
general Ramírez Pérez, jefe del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas y el general
Vazquez Velazco, Comandante General del Ejército. Varios generales y almirantes
en retiro participaron del golpe, pero desde afuera de los cuadros activos de
las instituciones armadas.
Tras el retorno de Chávez al control de la situación, las fuerzas armadas fueron
cuidadosa y sistemáticamente purgadas; y lo que ofrecen ahora son distintos
énfasis de mayor o menor radicalidad dentro de la revolución bolivariana.
Los cuadros militares son los principales instrumentos de acción de Chávez en
materia social y económica. El más importante de estos despliegues de poder es
el Plan Bolívar 2000, un amplio programa destinado a elevar las condiciones de
vida de los más pobres a través de la construcción de una infraestructura social
en las áreas rurales y urbanas. Cuando Chávez triunfa en las elecciones
generales de 1998 y asume la presidencia el año siguiente, la mayor parte de los
gobernadores estaduales y de los alcaldes del país pertenecían a la oposición,
porque habían sido elegidos un año antes. Lo mismo ocurría con la Asamblea
Nacional y la Corte Suprema de Justicia.
El corazón del Estado venezolano, que es PDVSA (Petróleos de Venezuela Sociedad
Anónima), de la que proviene el 80% de los recursos fiscales, también estaba en
manos de la oposición, como se manifestó con claridad en la huelga petrolera de
diciembre del 2002 a febrero del 2003, y que concluyó con la expulsión en masa
de más de la mitad de los funcionarios de la petrolera estatal (alrededor de
23.000).
El otro instrumento de acción de Chávez son los cuadros cubanos. Sus “misiones
sociales”, (salud, educación, alimentación), que se extienden por todos los
“barrios” venezolanos, en primer lugar los del Gran Caracas, son llevadas a cabo
por más de 25.000 médicos, asistentes sociales y cuadros políticos de Cuba. Es
la más grande “misión internacionalista” cubana desde la intervención en África
(Angola, Mozambique, Eritrea, entre otras) en la década del 70.
El 27 de febrero de 1989, los barrios del Gran Caracas descendieron sobre el
centro de la ciudad. Durante cinco días la capital venezolana estuvo en manos de
la marginalidad más combativa de América Latina. Fue el “caracazo”, el tercero
de la historia del país. El presidente constitucional, Carlos Andrés Pérez, para
disminuir el déficit fiscal, aumentó el precio del petróleo; la consecuencia fue
que el servicio de transporte público aumentó su tarifa. Casi de inmediato, los
barrios caraqueños comenzaron a descender hacia el centro del valle con saqueos,
incendios y asaltos generalizados; y como es la regla en la historia venezolana,
gran parte de la policía se sumó a ellos. Tras casi una semana de caos
generalizado y control efectivo de las calles por los más pobres y excluidos, el
ejército intervino, encabezado por las unidades de paracaidistas de Maracaibo.
Allí hubo, como consecuencia de la represión militar, 372 muertos, según el
informe oficial; extraoficialmente, se estimó que los muertos fueron más de
5000.
En diciembre de 1982, nació clandestinamente entre los jóvenes oficiales del
ejército, ante todo en los paracaidistas, una logia, el “Movimiento Bolivariano
Revolucionario 200”. Tres años después del caracazo, el 4 de febrero de 1992, el
MBR 200 lanzó una rebelión militar en gran escala contra el régimen del
presidente Carlos Andrés Pérez. Su líder era el joven teniente coronel
paracaidista Hugo Chávez.
Los ejércitos de América Latina asumieron un protagonismo político independiente
en la segunda década del siglo 20. Lo hicieron desde la izquierda y no desde la
derecha. Fue el caso del “tenentismo” en Brasil, con el liderazgo del capitán
Luiz Carlos Prestes; de la “juventud juniana” en Ecuador; del “Ruido de Sables”
en Chile que terminó con la república parlamentaria surgida de la guerra civil
de 1891.
La identificación del pretorianismo militar con posiciones de derecha es una
extrapolación del periodo histórico de la Guerra Fría. Esa etapa terminó;
incluso concluyó las post Guerra Fría el 11/9 del 2001. En la situación mundial
post 11/9, EEUU se ha replegado de América del Sur, en la persecución de sus
nuevas prioridades estratégicas en Medio Oriente y sobre todo en Irak. En este
vacío político, en el que la única superpotencia no cumple en la región su
función hegemónica, crece y se consolida el pretorianismo militar de izquierda
radical, también conocido como Revolución Bolivariana.
