Diciembre de 2005
por: Carlos Torrengo
Burdman es director de la carrera de Relaciones Exteriores de la Universidad de
Belgrano. .
–¿Qué cambios evidencia en la política exterior argentina a partir de la
reconstrucción del poder del gobierno tras las elecciones del 23 de octubre?
–Creo que es en ese espacio donde se han producido los cambios más acentuados.
De la Cumbre de Mar del Plata, por caso, a días de las elecciones, Kirchner
marcó con mucha claridad su acercamiento a Venezuela. Argentina tomó distancia
de los sectores brasileños más moderados, aquellos que sostenían que el Alca es
un proyecto viable, una vez que EE. UU revise su política de proteccionismo
agrícola, pero Kirchner ve el Alca como una instancia que sólo merece rechazo, o
sea: socio de Hugo Chávez.
Otra señal en lo que hace a la política exterior es que ahora, la Cancillería
esta conducida por el kirchnerismo puro. El canciller Taiana es, en materia de
cosmovisión de por dónde debe ir la política exterior argentina, un "sudamericanista"
puro. Convencido de que el objetivo y la fuerza de esa política están en
consolidar ejes de coincidencias muy amplias con naciones del continente...
Jugar fuertemente en el plano regional para consolidar poder y proyección. Toda
esta línea se consolida con otras recientes designaciones concretadas por
Kirchner.
–¿"Chacho" Alvarez en el Mercosur?
–Y Erick Calcagno como embajador en Francia, por tomar sólo otro caso.
–¿Consolidación de una política exterior vertebrada en contenidos
nacionalistas?
–Puede ser apreciada en esos términos, pero...
_¿Pero qué?
–Pero yo hablaría más de un conjunto de ideas destinadas a jugar con mucha
decisión en el plano sudamericano... tener fuerte identidad en ese espacio. Por
otra parte, y en relación con Hugo Chávez, me parece que las decisiones de
Kirchner destinadas a consolidar vínculos muy fuertes con Venezuela se fundan en
el convencimiento de que Chávez durará 20 o más años en el poder y...
–Y usted no está seguro de que eso suceda.
–Es probable que tengamos Chávez por mucho tiempo, pero el proceso político en
Venezuela es muy complejo y por más que se lo vea liderando ese proceso con mano
firme, hay episodios como la ausencia de la oposición en las elecciones
parlamentarias, muestra de que hay un proceso político factible de
radicalización...
–¿Usted habla de una ampliación de la brecha que separa al chavismo de la
oposición?
–Es una posibilidad, una posibilidad muy concreta.
–¿Cómo intuye que queda Argentina ante una dinámica de esa naturaleza?
–Vendríamos de apostar muy fuerte por un presidente –Chávez– que tensiona
fuertemente el sistema político que lidera.
–Chávez descarta quedarse 30 años en el poder como lo insinúan no pocos de
sus seguidores
–Sí, él lo descarta, pero según parece, es lo que Kirchner cree que va a
suceder.
–¿Cómo reflexiona usted el acercamiento de Kirchner a Chávez? ¿Cómo lo
encuadra?
–Creo que está apostando a un Chávez de largo plazo y a que aliándose con
Venezuela tendrá una prenda de negociación de largo plazo con los Estados
Unidos... también apostando a la construcción de un triángulo de poder con
Venezuela y Brasil. Creo que son movidas muy riesgosas, se formula mucho desde
análisis de cálculos muy optimistas, pero bueno... esto es lo que hoy está
sucediendo.
Es cierto también que Argentina tenía que recuperar el protagonismo regional que
perdió en la crisis de la administración De la Rúa. Creo que es correcto que
antes de pensarse en términos de los Estados Unidos, Europa o China, reformule
su rol regional, pero la pregunta es otra: ¿Argentina debía buscar a Venezuela
para conformar un eje de poder o Argentina debía ponerse a la vanguardia de
proyectos más amplios e integradores?
–¿Usted qué piensa que se debió hacer?
–Un poco de ambas cosas, pero me inclino por que se debió jugar más fuerte sobre
la segunda opción.
–¿Lesiona la relación Argentina- EE.UU. el vínculo que se va logrando con
Venezuela?
–A ciencia cierta, todavía no lo sabemos... Pueden suceder dos cosas: una, que
Estados Unidos vuelva a preocuparse por Argentina en la medida que Argentina
vuelve a jugar un rol regional. Dos, que Estados Unidos termine enfrentándose
con Argentina... y ahí no sé qué puede pasar. O Argentina maneja este tema con
el delicado equilibrio que México manejó sus vínculos con Cuba, con quien nunca
rompió, a pesar de que todo el continente lo hacía, o terminamos enfrentados.
–¿Si usted fuera asesor del canciller argentino, en relación con la alianza
con Chávez, ¿usted sugeriría levantar un poco el pie del acelerador?
–Creo que si él me respondiera que están seguros de lo que hacen, bueno,
adelante... Y si no, sugeriría bajar un cambio...
–Si uno pasa revista a nuestra transición desde la perspectiva de los logros
en el campo de la política exterior, puede arribar a la conclusión de que uno de
los datos más positivos es la distensión –no si es el término apropiado– lograda
con Chile. ¿Está de acuerdo?
–Sí, sí... pero tengo un pero.
–La cuestión energética...
–Nada menos que ese tema, porque todavía está pendiente terminar el conflicto
que se abre por el Protocolo Energético. En un tiempo más, Argentina tendrá una
agenda de textura delicada con Chile debido a temas energéticos, cuestión
delicada dada la dependencia que la industria chilena tiene del gas que le
exportamos.
–¿Usted relaciona esa agenda con el triunfo de Evo Morales en las
presidenciales de Bolivia?
–Sí... con este triunfo puede abrirse una nueva agenda de problemas entre
Argentina y Chile.
Mire, una Argentina aliada con Hugo Chávez que tanto influye sobre Evo Morales,
la coloca en un rol muy particular en relación con la administración Morales.
Evo Morales busca un sostén en Argentina, a la que Bolivia vende gas y creo que
Kirchner se lo dará. Ahí entrará a jugar nuestra relación con Chile, sobre el
reclamo de Bolivia para que le devuelva la salida al Pacífico que perdió en
guerra con los chilenos.
Creo que está en los designios más profundos de Bolivia el reclamo de una salida
al Pacífico y creo que hará jugar su condición de proveedor de gas a Argentina,
para que Kirchner juegue con una decisión en favor de ese reclamo. Morales
insistirá además en que Argentina no entregue a Chile nada del gas que Bolivia
nos vende. Como se ve, una madeja espinosa para nuestros vínculos con Chile.
–¿El indigenismo comienza a ser un problema en las relaciones en
Latinoamérica? Usted fue miembro informante de las conclusiones de un seminario
interesante que, sobre escenarios de largo plazo para Latinoamérica, se hizo
tiempo atrás en Chile, pensando en el 2020.
–Ahí hablamos de "movimientos indigenistas radicalizados políticamente
revolucionarios".
–Pero como posibilidad, le dieron un marco concreto... al menos eso se
detecta en las conclusiones.
–Sí.... estamos hablando del 2004, pero son reflexiones sobre escenarios
posibles, siempre teniendo en cuenta –y esto lo dejamos muy en claro a la hora
de la declaración– que no siempre ocurre lo probable y en consecuencia, en
política lo improbable suele darse con frecuencia superior a lo que uno puede
imaginar. Nosotros hablamos de escenarios de "baja probabilidad-alto impacto", o
sea : No podemos afirmar que se den, pero si eso sucede, implicarán un impacto
alto, de proyección en la política latinoamericana.
–¿Pero no son fenómenos que se puedan incluir en la categoría de "Wild cards"?
Categoría que también se usa cuando se reflexiona sobre potenciales escenarios
en el campo internacional.
–Efectivamente, cuando se habla de escenarios de "baja probabilidad-alto
impacto", hablamos de algo que puede suceder, algo no imprevisto, pero cuando
hablamos de "Wild cards", nos referimos a imprevistos, imponderables, escenarios
que tienen esa impronta. Ejemplo: intervención militar de los Estados Unidos en
Cuba, fenómeno de muy fuerte impacto.
–Volvamos al indigenismo radical, ¿podría transformarse en un tema crítico
desde su propia individualidad y poder, o podría avanzar consolidando alianzas?
–Siempre admitiendo que estamos hablando de una posibilidad, es posible que este
tipo de indigenismo convenga, ya en la acción, con movimientos sociales no
indigenistas, pero si es que se asumen desde posturas radicalizadas.
–¿Quiénes, por caso?
–Bueno, ya al momento de la declaración del seminario de Santiago de Chile,
hablamos de los Sin Tierra de Brasil e incluso de sectores del piqueterismo
argentino. Hoy, lo concreto es que a lo largo y ancho del continente, hay
expresiones de indigenismo radicalizado. Generan seducción en el mundo indígena
del continente. En la declaración de Santiago de Chile expresamos que la
extensión de ese proceso abre la posibilidad de que a la larga –el 2020 , por
caso– el movimiento indigenista venga de un proceso de crecimiento exponencial
que lo lleve a concitar la atención y el respaldo del conjunto del mundo
indígena y de ahí en más, no sé.
–¿Qué implicaría un indigenismo así expresado en la acción?
–Fractura social, balcanización política y territorial... pero esperemos que
hable la historia. No nos apresuremos
