Diciembre de 2005
Por Bill O’Rites
Los fenómenos económicos, aun los simples, están fuera del entendimiento de
nuestros políticos, demasiado preocupados con las cosas importantes de la
política para entender lo cotidiano (y así nos va). Y suelen ser rodeados de
conceptos mágicos. Es normal atribuir un aura sobrenatural a lo que no
entendemos.
Si quitamos a la convertibilidad los conceptos mágicos con que la adornaron, no
era sino el compromiso del gobierno de no reducir el valor de la moneda
emitiendo sin respaldo. Este tipo de compromiso explícito no es necesario en
ninguna economía seria, donde los gobernantes entienden que preservar el valor
de la moneda es una de sus responsabilidades principales, por encima (o como
base) del declamado “bien común” y como forma de reducir las “necesidades y
urgencias” (por eso no hay ley de convertibilidad en Suiza, por ejemplo).
Pero sí era necesario en un país en que los gobernantes suelen confundir la
abundancia de billetes con la riqueza.
Los billetes representan unidades de riqueza, no lo son. Y si hay más
billetes, pero la misma riqueza, cada billete representa una porción menor de
riqueza, por lo tanto baja el valor de los billetes (los economistas dicen “el
valor de la moneda”) y parece subir el de los bienes. Si existen 100 unidades de
riqueza y 100 billetes, cada billete representa una unidad de riqueza. Si
aparecen 100 billetes más esto no significa que la riqueza se duplicó, sino
simplemente que ahora cada billete representa media unidad de riqueza. Nada mágico. Y
por lo tanto algo que vale una unidad de riqueza y que se pagaba con un billete,
ahora, y sin valer más de una unidad de riqueza, se debe pagar con dos billetes.
Esto se llama inflación (y no es culpa de los malos comerciantes, sino de los
malos gobernantes. Sólo que ningún gobernante va a decir “es mi culpa”. Hay que
culpar a otros. ¿O será que son tan ignorantes que ni siquiera lo entienden?¿O
tan insensibles que no les importa?) Y no
se ofendan si estoy escribiendo a un nivel tan simple que parece obvio. Estoy
escribiendo para el nivel mental de los gobernantes (y tal vez el de los que los
votan).
La crisis que se produjo en el país a fin del 2001 se produjo no por causa de la
convertibilidad, sino por su violación. Cuando el gobierno decidió echar mano a
las reservas para pagar la deuda, violó su compromiso con la ciudadanía. De allí
en adelante, el derrumbe era inevitable. Y cuando Ricardo López Murphy como
ministro de economía de de la Rúa explicó las medidas que había que tomar para
evitarlo, los gobernantes decidieron, como tantas otras veces, que el costo
social del ajuste era muy alto, y lo echaron. El costo social de no hacer el
ajuste (ni aún después de la caída de de la Rúa) fueron 20.000 muertos y la
mitad de la sociedad bajo el nivel de pobreza (y esto no cambió en los
siguientes 4 años). En el pensamiento simplista de nuestros gobernantes (e,
infortunadamente, de buena parte de nuestra sociedad) los insensibles son los
que hacen el ajuste, no los que hicieron los desajustes que lo provocaron.
¿Y por qué hubo que echar mano de las reservas? Porque los gobernantes no
entienden (o prefieren no entender) que no se puede gastar más de lo que se gana
(propongo a Lita de Lazzari como presidente. Cualquier ama de casa sabe que
gastar más de lo que se gana lleva a la catástrofe. Nuestros iluminados
gobernantes no). La forma tradicional de gastar más de lo que se gana en nuestro
país es imprimir billetes para que el pueblo pague la diferencia con inflación.
Como la ley de convertibilidad no permitía esta salida, se pidió prestado. Otra
vez, Lita sabe que pedir prestado para gastar lleva a la catástrofe. Otra vez,
nuestros gobernantes no. O tal vez, la meta es parecer generosos y preocupados
por los demás, y mantenerse en el poder, sin importar las consecuencias.
¿Y por qué hacer historia ahora? Porque otra vez se echó mano a las reservas
para pagar la deuda, y se redujo el valor de la moneda. Pero ahora en un
contexto inflacionario, causado por la constante inyección de billetes para
mantener el valor del dólar alto para recaudar (sacarle al pueblo que se declama
defender) más y para
mantener los gastos astronómicos (hay que pagar a los piqueteros y los subsidios
de desempleo en la forma de planes jefes de familia, empleos públicos
innecesarios y otras prebendas, que favorecen a los amigos y ayudan a mantener
el poder).
Esta vez fue para mantener la soberanía (otra de las excusas habituales) y
evitar que el FMI nos obligue a hacer lo que cualquier gobierno al que realmente
le preocupara el país y sus habitantes haría sin necesidad de que lo obliguen.
Innecesario, además, ya que hace cuatro años que no le hacemos caso al FMI.
Tal vez digamos una mala palabra, pero el compromiso del gobierno de mantener el
valor de la moneda a un nivel determinado (tres pesos por dólar), no es sino la
tan denostada convertibilidad, sólo que no explicitada en una ley. Pero ahora no quedaron
reservas para hacerlo.
Otra vez se violó el compromiso. Esperemos que no nos cueste otros 20.000
muertos.
